"Palabra de Vida"

Biblioteca Bíblica en Línea

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"Cristo es el Camino, la Verdad
 y la Vida".

Estudios, Mensajes, Pensamientos y Reflexiones sobre la Palabra de Dios. 

"Hacia la Salvación de Toda la Humanidad". 

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Néstor Martínez

 Septiembre de 2007

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[01]

«¿Quién como el sabio? ¿Quién conoce las respuestas? La sabiduría del hombre hace que resplandezca su rostro y se ablanden sus facciones.» (Eclesiastés 8:1)

Salomón se refiere a la sabiduría de un hombre que ha accedido a la sabiduría de Dios. Eso es, al menos, lo que él mismo consiguió porque eso fue, exactamente lo que pidió. Pudo haber pedido más poder, más riquezas, más prestigio, pero eligió pedir más sabiduría. Dios se la otorgó y, además, también le otorgó todo lo que no le había pedido. ¿Y por qué esa sabiduría consigue resplandecer un rostro y ablandar sus facciones? Simple. Porque le saca toda tensión, toda duda, toda contractura muscular y ósea, esa tan habitual en estos tiempos, que es producto de un alto grado de estrés motivado por diferentes crisis que, sin la presencia de Dios en tu vida, jamás tendrán solución. ¿Lo sabías? Estoy seguro que sí, que lo sabías. Es tiempo que lo pongas por obra. ¿Por qué no comienzas ya mismo?

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[02]

«Juan declaró: vi al Espíritu descender del cielo como una paloma y permanecer sobre él.» (Juan 1:32)

Oye: Juan dice que lo VIO al Espíritu Santo. No dice que tuvo el discernimiento que fuera, dice que lo vio. ¿Por qué ocurrió esto? Porque en este caso, el Espíritu Santo de Dios deseaba ser visto para que se entendiera que Él iba a estar sobre todos aquellos que debían ser ungidos con poder desde lo alto. Con esa finalidad, entonces, tomó la forma física de una paloma. Esto no puede significar que nosotros enseñemos que el Espíritu Santo ES una paloma. Es un espíritu, y los espíritus son invisibles al ojo humano, salvo que a Dios le interese que no sea así. Es el mismo caso de cuando el ángel tomó forma humana de un hombre alto, rubio y vestido de blanco junto al sepulcro de Jesús vacío. Los ángeles también son espíritus y también son invisibles.

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[03]

«Canten salmos al Señor, el rey de Sión; proclamen sus proezas entre las naciones.» (Salmo 9:11)

Creo que si prestas debida atención a lo que dice este pequeño verso, habrás encontrado la raíz de un punto neurálgico en nuestras iglesias actuales: la alabanza. Porque conforme a lo que estás leyendo, no puedes tener duda alguna que lo que se cantará en esos salmos en honra al rey de Sión, son alabanzas, proclamas que ensalzan todo lo que ese rey ha hecho en las naciones. Tal como lo dice aquí, sus proezas. Te estarás preguntando adonde está el meollo de la cosa si esto es tal como se nos dice que debe ser. Claro, pero destruye toda posibilidad de gloria o vanidad personal en el marco de la alabanza. Nadie puede salir a alabar al Señor con sus salmos, canciones o himnos, cuando en realidad está buscando alabanza para sí mismo, para su capacidad personal, actoral o de cantante o músico. Esa es la base de la alabanza. Tú sabrás decirme si se está cumpliendo mayoritariamente o no.

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[04]

«De modo que, si me tienes por compañero, recíbelo como a mí mismo. Si te ha perjudicado o te debe algo, cárgalo a mi cuenta.» (Filemón 17-18)

No interesa demasiado en este breve examen cotidiano elaborar un estudio histórico sobre quiénes eran Onésimo (la persona de la cual está hablando Pablo) y Filemón, (la persona a la que Pablo le envía esta breve misiva). Lo que sí importa y mucho, es comprobar cómo Pablo hace lo que en Argentina llamamos “poner la cara” por su hijo espiritual delante de otro hermano. Le demanda a Filemón que, aunque no lo conozca a ese muchacho nuevo, lo reciba como si fuera a él mismo. Pero no se detiene allí. Le señala que si Onésimo le hubiera perjudicado en algo o le hubiera quedado debiendo alguna cosa, él mismo se haría cargo de esa deuda o de ese error. Eso es lo que yo llamo actuar con integridad. ¿Eres mi hermano genuino y sincero? ¡Yo me debo jugar por ti hasta mi propia vida! ¿Tengo dudas sobre si eres mi hermano o no? Debo orar para que Dios me muestre.

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[05]

«Yo digo: obedece al rey, porque lo has jurado ante Dios.» (Eclesiastés 8:2)

¿Es que puede servirnos de algo esta palabra, hoy? Sí, puede servirnos y mucho más de lo que te imaginas. ¡Pero es que casi ya no quedan monarquías! Y las que hay, son bien distintas a las antiguas y casi nadie debe jurar fidelidad a un rey o a una reina invocando a Dios. Es verdad, pero existen otros juramentos que los hombres sí siguen haciendo en el nombre de Dios. No sé en tu país, pero en el mío, Argentina, los presidentes que son electos, a la hora de asumir su función, juran con una mano sobre una Biblia “por Dios y estos Santos Evangelios”, desempeñar su cargo “con lealtad y patriotismo”, cosa que luego se verá muy discutible. Para ellos es esta palabra. ¿No juras? Procede bien, haz las cosas bien. ¿Juras por Dios? Entonces hazlo bien sí o sí porque serás culpable de un tremendo pecado que nadie te obligó a cometer.

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[06]

«Yo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquel sobre quien veas que el Espíritu desciende y permanece, es el que bautiza con el Espíritu Santo.» (Juan 1:33)

Este texto demuestra varias cosas. Una, que existe un bautismo con el Espíritu Santo, mal que le pese al conservadorismo evangélico. Otra, que ese bautismo es tal cuando el Espíritu Santo permanece sobre alguien y no cuando simplemente desciende, mal que le pese al pentecostalismo evangélico. Otra, que el Espíritu Santo sólo se hace visible al ojo humano cuando a Dios le interesa que así sea por alguna importante razón. En este caso, que Juan individualizara a Jesús. Y una final: que Juan bautizaba con agua, (para perdón y arrepentimiento de pecados), porque Dios le había ordenado hacerlo como antesala a lo que luego vendría con Jesús: el bautismo en Espíritu. De ninguna manera Juan recibió orden de instaurar un ritual, aunque hoy se siga cumpliendo como tal.

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[07]

«El vengador de los inocentes se acuerda de ellos; no pasa por alto el clamor de los afligidos.» (Salmo 9:12)

Lee con atención y cuidado. ¿Dice aquí que quien no pasa por alto el clamor de los afligidos es el vengador de los pobres? No, no dice exactamente eso. Entonces, ¿Dice que se trata del vengador de los desposeídos? Tampoco. Lo que sí dice es que quien hará eso es el vengador de los inocentes. ¿Y qué es un inocente? Alguien que no puede ser acusado de nada porque no es responsable ni culpable de nada. ¿No es lo mismo? No, no es lo mismo. Porque algunos de los tantos pobres que existen en el mundo y que significan el centro de la atención política o ideológica, no pueden ser rotulados de inocentes porque en algún ámbito no lo son. Siguen siendo pobres o desposeídos, pero no inocentes. Por tanto, para conseguir el favor de Dios, lo indispensable es estar limpio delante de Él. Dios no se mueve por lástima ni conveniencias ideológicas, Dios se mueve por fe.

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[08]

«Yo, Pablo, lo escribo de mi puño y letra; te lo pagaré; por no decirte que tú mismo me debes lo que eres.» (Filemón 19)

Aquí las cosas son algo diferentes al texto que analizamos con anterioridad. Es válida la transparencia, es válido el respaldo. Pero no menos cierto resulta que Filemón guardaba alguna clase de aversión por algún motivo valedero o no para con Onésimo, que es la persona a la cual se viene refiriendo Pablo, su padre espiritual. Porque anteriormente le ha dicho que lo reciba y lo trate como si fuera él mismo, y luego le agrega que si le ha quedado debiendo algo, lo cargue a su propia cuenta. Aquí reafirma esa expresión y, ante lo que suponemos, debe haber sido presentir un gesto de desagrado por parte de Filemón, Pablo le añade algo que se cae de contundente. Le dice algo así como: “no te abuses de ese joven, yo respondo por él. Y si no te agrada mi posición, recuerda que sin mi participación tú tampoco serías nada. Pregunto: ¿Te atreverías, por amor, a decirle algo así a alguien? ¡Oh religión!

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[09]

«La justicia será el cinto de sus lomos y la fidelidad del ceñidor de su cintura.» (Isaías 11:5)

Esto de Isaías, pese a haber sido escrito tanto tiempo antes, tiene directa vinculación con la armadura espiritual que Pablo detalla en Efesios 6. Allí el apóstol habla del cinturón de la verdad, mientras que aquí se lo relaciona con la justicia, cosa que allá se expresa a través de la coraza. Es lo mismo. El creyente no puede vivir de ninguna manera una vida espiritual apreciable y fructífera si no está con sus pies plantados en la verdad y en la justicia. Ambas cosas son, - de no cumplirse debidamente -, tremendas puertas abiertas por las cuales el enemigo puede ingresar y producir verdaderos desastres en las vidas de los hombres. Y de hecho lo está haciendo, lo vemos a cada momento. Por lo tanto, más allá de cualquier presión mundana o social, deberás mantener el respeto por la verdad y la justicia por encima de todo. De ese modo tendrás el favor, que es la gracia, del ceñidor que es Dios mismo.

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[10]

«No te apresures a salir de su presencia. No defiendas una mala causa, porque lo que él quiere hacer, lo hace.» (Eclesiastés 8:3)

Salomón está hablando del rey. Salomón está hablando de Dios. ¿Has entrado en Su presencia con la finalidad de obedecerle en algo, buscar dirección en algo o pedirle algo? Has hecho bien, pero no te apresures a salir de ella hasta que Dios no te hable, no te de directivas o no te diga “ya está, ahora vete”. ¡Es Dios! Y lo que sigue es vital. No importa tu condición social, económica, humana, ideológica o política. ¡No te atrevas, en su presencia, a defender malas causas o causas que estén en contra de Su voluntad! No sólo acarrearás juicio contra ti mismo, sino también contra tu familia y, si ocupas un cargo importante en tu nación, ese juicio también la alcanzará a ella. Ahora, hermano latinoamericano, ya lo sabes: tienes un excelente motivo de oración global para el resto de tu vida.

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[11]

«Yo lo he visto y por eso testifico que este es el Hijo de Dios.» (Juan 1:34)

Veamos: A Juan, Dios le había dicho que cuando estuviera en el agua bautizando gente, tal como Él le había ordenado hacer para propiciar este momento, y viera que el Espíritu Santo, de alguna manera, se posaba sobre esa persona y permanecía allí, ese era su hijo encarnado en la tierra. Juan lo vio. A él no se lo contó nadie. A él no le cupo ninguna duda respecto a la deidad y divinidad que vivía dentro de Jesús. ¿Y cuál es el principio y la enseñanza que esto nos deja a nosotros, hoy? Porque la Biblia en todo su contexto contiene principios válidos para hoy. Y en este caso, es que cuando Dios te da la certeza de estar ante un hijo de Él, a ti no te cabe ninguna duda. Sabes que sabes que sabes. Eso se llama certeza, eso se llama discernimiento.

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[12]

«Ten compasión de mí, Señor; mira como me afligen los que me odian. Sácame de las puertas de la muerte, para que en las puertas de Jerusalén proclame tus alabanzas y me regocije en tu salvación.» (Salmo 9:13-14)

Curiosa oración ésta, ¿No te parece? Dime la verdad. En la misma situación que la que está viviendo el salmista, ¿Harías una oración como la de él o, por el contrario, le pedirías a Dios que achicharre con un rayo a tus enemigos? El salmista pide al Señor que se apiade y se compadezca de él. Que preste atención a las formas de aflicción que los que le odian destilan en su contra. La pregunta, es: ¿Ocurren aún estas cosas de igual manera y en igual condición en este tiempo? No tengas dudas que sí, vaya si ocurren. Y mucho peores quizás. ¿Y como estarán orando aquellos hermanos que son afligidos por quienes los odian? ¿Estarán pidiendo al Señor que se compadezca de ellos? Los tiempos podrán ser distintos, pero los hechos giran en círculos y vuelven a repetirse.

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[13]

«Sí, hermano, ¡Que reciba yo de ti algún beneficio en el Señor! Reconforta mi corazón en Cristo.» (Filemón 20)

Esto es para que no se te vaya la mano y te pases de la medida, llevando las cosas al terreno espiritual mucho más de lo que Dios mismo te sugiere que debes hacerlo. Porque aquí, fíjate, no se está hablando tanto del espíritu, sino que se lo hace con el alma. Porque Dios nos ha mandado a no vivir conforme a los dictados de nuestras almas, sino de nuestro espíritu humano que debe estar lleno de su Espíritu Santo. Pero no te olvides que Dios nos creó con alma, y a la hora de tenerla en cuenta, pues la tiene. Para muestra, que te base esta de Pablo, que con el solo hecho de imaginar que Dios va a prodigarle alguna clase de beneficio, (No especifica cual, podría ser cualquiera), ya está viendo con ello reconfortado su corazón. Tú ya sabes que esa palabra, “corazón”, en aquellas escrituras, significaba sencillamente alma…

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[14]

«El lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño muy pequeño los guiará.» (Isaías 11:6)

Estas expresiones parecerían haber sido extraídas de un cuento de lo que hoy llamamos “ciencia-ficción”, ¿No crees? ¿Cómo van a convivir un lobo con un cordero si todos sabemos que es su plato preferido? Lo mismo reza para con el leopardo y el cabrito. ¿Alguien podría suponer que exista un modo de que no lo mate y se lo devore? ¡Y qué decir del pequeño ternero compartiendo con el cachorro hambriento de león! Tú lees esto, admiras la prosa poética que muestra el texto, pero piensas para tu interior: ¡¡Imposible!! ¡Esto no puede darse jamás! Sin embargo no has recordado un punto clave en la vida de fe: para Dios no hay NADA imposible. Y si guardas tu fe en la caja de cristal de la confianza, te aseguro que verás esto y mucho más para sorprenderte. Como, por ejemplo, que un pequeño niño (o aquellos que sean como tales) guiando no sólo a las bestias sino a todo un pueblo. ¿No está profetizado así, acaso?

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[15]

«Puesto que la palabra del rey tiene autoridad, ¿Quién puede pedirle cuentas?» (Eclesiastés 8:4)

¡Uf! ¡Cuántos problemas, miedos, angustias y enojos nos evitaríamos si entendiéramos lo que nos dice Salomón y su enorme sabiduría, aquí!, ¿Verdad? Porque literalmente él está hablando de un rey de carne y hueso, pero en la tipología espiritual que tiene este libro, queda más que evidente que se refiere al rey que todos nosotros tenemos por Dios. Porque nadie puede dudar ni soslayar que la palabra de nuestro Dios tenga autoridad, ¿No es así? Sin embargo, la segunda parte no siempre es respetada por sus hijos. ¿O vas a negarme que alguna vez te enojaste con Dios porque no te respondió a tu oración del modo en que lo esperabas? Ahora ya lo sabes. No le pidas cuentas a Dios. Él no va a liquidarte por eso, pero no abuses de su paciencia y su misericordia. Es tu rey. Es tu Dios.

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[16]

«Al día siguiente, Juan estaba de nuevo allí, con dos de sus discípulos.» (Juan 1:35)

Dice que Juan estaba de nuevo allí. ¿Adónde es que estaba de nuevo? En el mismo sitio del río donde, el día anterior, había bautizado a Jesús y había visto descender sobre Él y permanecer, al Espíritu Santo que había tomado forma de paloma. Y añade este texto que Juan estaba allí acompañado de dos discípulos. Vamos a ver: un discípulo es alguien que aprende lo que su referente o maestro le enseña, ¿No es así? ¿A alguien se le ha ocurrido averiguar o preguntarse, qué cosa era la que Juan enseñaba? Porque nosotros lo tenemos estudiado como “el Bautista”, alguien que metía de cabeza bajo el agua a la gente exigiéndole en el nombre de Dios que se arrepintiera de sus pecados. ¿Por qué tenía discípulos, entonces? ¿Qué era lo que enseñaba? El evangelio. ¿¿Qué?? ¡Nadie dice eso! Exacto, nadie lo dice. Pero, ¿Tienes alguna duda que exigir arrepentimiento para perdón de pecados, con agua o sin ella, fue, es y seguirá siendo la base del evangelio de la salvación?

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[17]

«Han caído los paganos en la fosa que han cavado; sus pies quedaron atrapados en la red que ellos mismos escondieron.» (Salmo 9:15)

Esta es una metáfora muy clara relacionada con tantos y tantos que tejen y entretejen trampas para los demás. El salmista trae a colación lo que realmente es un principio de Dios válido, vigente y funcionando a pleno. Entonces, por las dudas alguien sienta la tentación de atentar en contra de otro, habrá que reiterarlo. Quien teje trampas esperando que otros caigan en ellas y se arruinen, en algún momento, olvidarán los sitios donde esas trampas fueron colocadas y ellos mismos serán víctimas de su propia inventiva. Porque esto tiene que ver con el Dios justo, con aquellas palabras pronunciadas (“Mía es la venganza”) y con las diferentes historias que la Biblia relata y cuenta a quienes se toman el trabajo de leerla.

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[18]

«Te escribo confiado en tu obediencia, seguro de que harás aún más de lo que te pido.» (Filemón 21)

Vamos a dejar algo bien en claro para que nadie se confunda y altere el orden que Dios mismo ha deseado establecer en su iglesia y en su cuerpo terreno. Aquí, Pablo le está diciendo a Filemón que confía casi ciegamente en su obediencia. Pero no se está refiriendo a una obediencia de tipo personal. Esto es: Pablo no le dice a Filemón que confía que le obedezca A ÉL, sino que se refiere a una obediencia a Dios mismo, lo cual hace confiar a Pablo que Filemón hará más de lo que él le pide, porque el Espíritu Santo que mora en él se lo dirá mucho antes que él mismo lo haga. Así debería ser hoy. Tú tendrías que hacer lo que alguien ha dicho, sólo cuando el Espíritu Santo que mora en ti, te muestra que eso viene, en efecto, de Dios mismo.

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[19]

«La vaca pastará con la osa, sus crías se echarán juntas, y el león comerá paja como el buey.» (Isaías 11:7)

Más allá de lo irreal que te puedan parecer estas comparaciones, expresiones o futurismos, si quieres llamarlos así, tendrás que entender que, pese a que muy bien pueden producirse en lo literal y natural, porque para Dios absolutamente NADA es imposible, esto tiene una raíz de corte espiritual. Lo que este texto pretende mostrarte, si no estás espiritualmente ciego y quieres verlo, es que todas aquellas cosas que a nuestra lógica humana, filosófica o científica se les presenta como imposible y casi en el umbral de lo que pueden llamar locura, cuando se manifiesta el poder de Dios, son posibles. Pero no posibles en una bonita historia escrita en un viejo libro, sino posibles hoy, aquí y ahora.

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[20]

«El que acata sus órdenes no sufrirá daño alguno. El corazón sabio sabe cuando y como acatarlas.» (Eclesiastés 8:5)

Se está hablando de un rey. Se está hablando DEL rey. El uno y el otro tienen similar respuesta par la obediencia y para la desobediencia. ¿Dios te da una directiva? Cúmplela y, -aquí te lo dice-, no sufrirás daño alguno. ¡No es poca cosa! Si no la cumples, no significa que Dios se tome venganza y te ejecute. Sólo te dejará libre y tranquilo, pero también sin su protección. Entonces, allí sí puedes sufrir alguna clase de daño. Que no vendrá de Dios, pero que Él no podrá detener porque tú mismo le habrás impedido ese acto. La tercera variante ya la conoces. Usar el discernimiento para comprobar si, realmente, la directiva que recibes viene de Dios o de las ambiciones o intereses de hombres inescrupulosos. Si este es el caso, déjala pasar y nada te ocurrirá, al contrario. No hacer aquello que desagrada a Dios (aunque te lo ordene alguno de sus “representantes”) también hará que no sufras daño alguno. Dios es justo.

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[21]

«Al ver a Jesús que pasaba por ahí, dijo: ¡Aquí tienen al Cordero de Dios!» (Juan 1:36)

Es el día siguiente al del bautismo en aguas de Jesús. Es el día siguiente al que Juan, tal como Dios se lo había preanunciado, reconoce a Jesús como su hijo al ver sobrevolar sobre Él al Espíritu Santo en forma de paloma. Es el día siguiente y Juan ha retornado allí a seguir con el mandato que Dios le diera: bautizar en agua para perdón de pecados, previo arrepentimiento de quien se bautizara. Es el día siguiente y Jesús pasa por allí. ¿Qué estaba haciendo Jesús allí? Normalmente se cree que una vez que fue bautizado, su contacto con el ministerio de Juan finalizó, pero por lo que aquí se dice, vemos que no es así. Él retornó allí para comenzar a buscar su propio ministerio. Son las instancias previas a su ida al desierto de la prueba a enfrentarse y confrontar con Satanás en persona. Son las instancias previas a lo que será su fundamento ministerial: la cruz. Juan recibe proféticamente esto de parte de Dios, por eso declara que Él, ahora, es el Cordero del sacrificio. Ya no más el animal que se llevaba al templo. No más templo.

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[22]

«El capitán del barco se le acercó y le dijo: ¿Cómo puedes estar durmiendo? ¡Levántate! ¡Clama a tu dios! Quizá se fije en nosotros y no perezcamos.» (Jonás 1:6)

Rearmemos la historia con un poco de criterio. ¿El capitán de un barco se ocupará de ir a despertar a un pasajero anónimo que está dormido en medio de una fuerte tormenta, para que éste se ponga a clamar a su dios y así ver si pueden salvarse? ¿No te suena demasiado singular, esto? Lo es. El capitán, por alguna razón inexplicable desde lo humano, sabía que Jonás tenía a un dios distinto al que ellos creían. Algo le decía en su ser interior que era a ese Dios al que había que pedirle salvación y no a sus ídolos mudos, ciegos, sordos e inmóviles. Por eso va a verlo. Pero va como siempre vienen los incrédulos a ti: arrogantes y confrontándote con tu fe jamás en humildad y arrepentimiento. ¿Qué habrás de responder, Jonás?

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[23]

«Además de eso, prepárame alojamiento, porque espero que Dios les conceda el tenerme otra vez con ustedes en respuesta a sus oraciones.» (Filemón 22)

Sé lo que debes estar pensando al leer esto: que en tu congregación, quizás, haya sucedido más o menos lo mismo con algunos de tus pastores o con alguna visita más o menos conocida. Preparar alojamiento a alguien que va a venir a visitarnos es algo que en nuestras congregaciones se suele hacer muy a menudo. ¿Es que eso está mal, acaso? No, nunca nadie podría decir eso. Además, aquí lo estás viendo: Pablo lo hacía. ¿Y entonces, por qué hoy hay tanta resistencia a comportarnos de ese modo con los siervos del Señor? Pues precisamente por esa razón: porque hay demasiado oportunista, delincuente y haragán que ha utilizado esto para hacerse servir sin ser siervo de Dios en nada. Una vez más, es primordial en la iglesia del Señor, el discernimiento.

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[24]

«Jugará el niño de pecho junto a la cueva de la cobra, y el recién destetado meterá la mano en el nido de la víbora.» (Isaías 11:8)

La comparación que se realiza aquí con un niño, (viene desde el principio del texto), tiene directa vinculación e implicancia con lo que luego diría Jesús a quien quisiera oírle: que sólo los que son como niños entrarán al reino de los cielos. ¿Y esto qué significa? Significa que quien sea como niño, (no en ingenuidad ni en indefensión, sino en falta de malicia e hipocresía), podrá situarse junto a los lugares donde operan los supuestamente poderosos sin correr riesgos porque el poder de Dios estará sobre él. Y va mucho más allá cuando asegura que un recién nacido espiritual puede entrar en combate directo con el diablo sin correr riesgos porque no es él quien pelea esa batalla sino Dios mismo.

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[25]

«En realidad, para todo lo que se hace hay un cuando y un como, aunque el hombre tiene en su contra un gran problema: que no sabe lo que está por suceder, ni hay quien se lo pueda decir.» (Eclesiastés 8:6-7)

Sin ninguna duda. Aquel que todavía desee poner en tela de juicio la sabiduría salomónica, que lo haga; allá él. Pero aquí queda más que evidente que esa sabiduría existe y no tiene paragones con la corriente, la humana que todos conocemos y poseemos intelectualmente. Porque a esta conclusión solamente puedes llegar con el auxilio divino. De otro modo, tantos y tantos empresarios, políticos, artistas y deportistas famosos no se matarían entre sí buscando más fama, más poder o sencillamente más riquezas. Tendrían más que claro que no saben ni pueden saber (aunque contraten videntes, tarotistas o brujos varios), lo que está por suceder, que a eso solamente lo sabe Dios y, a nosotros, los creyentes, sólo nos resta confiar en Él y en su cuidado y protección para nuestras vidas.

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[26]

«Cuando los dos discípulos le oyeron decir esto, siguieron a Jesús.» (Juan 1:37)

Los dos discípulos de los cuales se habla aquí, eran gente que seguía a Juan. Él era su mentor y su maestro. Él les estaba enseñando los rudimentos del perdón de pecados en base al arrepentimiento. El pasaje por las aguas sólo era un símbolo que rubricaba esa decisión. Al escuchar las palabras de Juan cuando señala que Jesús es el Cordero de Dios que expiará el pecado del mundo, ellos reciben revelación y cambian su derrotero. El ministerio de Juan ha concluido y el de Jesús comienza ahora. Ellos dejan a su antiguo maestro y siguen al nuevo, al que trae la palabra y la dirección fresca. ¿HA aprendido esto la iglesia con el correr de los tiempos? En absoluto. Nadie abandona su ministerio y a nadie se le ocurriría decir que está correcto que alguien abandone a un ministro para seguir a otro. ¡Que diferencia entre la santidad de aquellos con el egocentrismo de estos! ¿No crees?

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[27]

«Bajan al sepulcro los malvados, todos los paganos que de Dios se olvidan.» (Salmo 9:17)

¿Qué significado podemos ver en esa expresión utilizada aquí de “bajar al sepulcro”? ¿Acaso está hablando de que estas personas van a encontrar la muerte física? No. Dios no habla en ese tenor. Dios no anuncia la muerte física de nadie. Para Dios, la peor de las muertes no es la física, sino la espiritual. Por lo tanto, lo que se está diciendo aquí no es en referencia a la muerte, sino a sus consecuencias. Y la consecuencia más evidente de una muerte, es la corrupción del cuerpo. De eso es que se está hablando. Ahora entiende: los malvados y todos los paganos (así se digan religiosos) que viven olvidados de Dios (aunque lo mencionen) entrarán indefectiblemente en corrupción, ya que Dios los tiene que dejar libres. ¿Te das cuenta ahora por qué existe tanto esa corrupción, aún en sitios donde supuestamente no debería haberla?

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[28]

«Te mandan saludos Epafras, mi compañero de cárcel en Cristo Jesús, y también Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis compañeros de trabajo. Que la gracia del Señor Jesucristo sea con su espíritu.» (Filemón 23-25)

Esta es la despedida de Pablo para con Filemón. Es indudable que todo el contenido de la pequeña epístola revela una gran autoridad del apóstol para con estos jóvenes recién iniciados en el camino del evangelio. Cuidado: no se trata de autoritarismo, se trata de ejercicio de la autoridad bien ganada delante del Señor. Pablo no sugiere ni negocia con ellos porque tiene, evidentemente, una palabra de Dios para esa parte de la iglesia. No obstante, a la hora de la despedida, no deja en evidencia una indiferencia ministerial sino un alto grado de amor y afecto sincero que se transmite a Filemón a partir de la simple mención de los recuerdos y saludos de tantos colaboradores, amigos y compañeros de cárcel de Pablo, entre los que vemos figurando nada menos que a Lucas, uno de los evangelistas de mayor notoriedad.

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[29]

«No harán ningún daño ni estrago en todo mi monte santo, porque rebosará la tierra con el conocimiento del Señor como rebosa el mar con las aguas.» (Isaías 11:9)

Hacia este tiempo vamos. ¿No lo estás viendo? Claro que no. Si estás adentro de cualquiera de las iglesias que conocemos, por bien intencionada y bíblica que sea, no lo puedes ver. Porque lo que en ellas se enseña o se predica, tiene que ver con otras cuestiones, con otras urgencias y con otras necesidades. Influencia social y política, prosperidad económica, solución a las enfermedades físicas y psíquicas, eso es más o menos una síntesis de la iglesia evangélica de hoy. ¿Y esto de qué está hablando? De aquellos que, cuando ya no están en esas iglesias, quedan dependiendo solamente del Señor, mal que les pese a los demás. Allí es donde se hace realidad esto de que la tierra rebosará del conocimiento del Señor sin necesidad de que ningún ministro especializado se los explique. Está escrito.

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[30]

«No hay quien tenga poder sobre el aliento de vida, como para retenerlo, ni hay quien tenga poder sobre el día de su muerte. No hay licencias durante la batalla, ni la maldad deja libre al malvado.» (Eclesiastés 8:8)

No tengo dudas. Si hay un libro de la Biblia al cual les costaría horrores acceder, creer y mucho menos poner por obra a los miles de hombres poderosos del planeta, ese es este, el de Eclesiastés. Porque sus verdades no son simples elucubraciones filosóficas. ¡¡Son verdades!! Tan irrebatibles, tan indefectibles que no puedes menos que decir “¡Amén!” aunque jamás hayas pisado un templo de alguna iglesia. Empresario, político, gobernante, artista, deportista, hombre poderoso: ¿Tienes poder sobre tu propio aliento de vida? ¿Puedes evitar tu enfermedad o, incluso, tu muerte? ¿Puedes decidir prolongar determinados años tu vida? No. No puedes. Y eso es lo que te hace normal, humano y falible. Apréndelo y podrás gozar algo de una vida muy distinta a la que llevas.

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Barquisimeto, Edo. Lara, Venezuela

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Creada 01/07/2007 - Alojada 26/06/08 - Actualizada 26/06/08

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