"Palabra de Vida"

Biblioteca Bíblica en Línea

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"Cristo es el Camino, la Verdad
 y la Vida".

Estudios, Mensajes, Pensamientos y Reflexiones sobre la Palabra de Dios. 

"Hacia la Salvación de Toda la Humanidad". 

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Néstor Martínez

 Agosto de 2007

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[01]

«Llega el enemigo hasta Ayat, pasa por Migrón, y deja en Micmas su equipaje. Cruza el vado, y dice: “Acamparemos en Gueba.” Ramá se pone a temblar, y huye Guibeá, ciudad de Saúl.» (Isaías 10:28-29)

Fíjate que en este relato lineal y literal, hay encerrado un principio que luego leeremos con atención y sin descuidos. Es aquel que nos enseña a depender de y obedecer a Dios como método infalible para resistir al diablo, que es el espíritu de Satanás que habita en las personas que son sus sicarios. De esta manera, señala la escritura, él huirá de nosotros por un tiempo. Pero acota que en esta era, ese enemigo anda como león rugiente buscando a quien devorar. No es un león, (porque Dios es nuestro León de Judá), sino que es “como” un león. Ruge y amenaza mientras acampa a nuestro alrededor. Si tenemos miedo como Ramá, o nos echamos a huir como Guinea de Saúl, nuestra derrota está preanunciada. Plantarnos en Cristo y hacerle frente es la mejor y más concreta garantía de victoria.

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[02]

«Pablo y Timoteo, siervos de Cristo Jesús, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, junto con los obispos y diáconos: que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz.» (Filipenses 1:1-2)

Escribe Pablo. Cita a su discípulo Timoteo. Son los ministros más importantes del momento y del lugar. Son los referentes genuinos del creciente evangelio. Un evangelio que nadie puede confundir con doctrinas sectoriales o religiones particulares. Porque en el inicio, Pablo declara ser conjuntamente con su discípulo, siervo de Cristo Jesús. Luego, se refiere a los santos de Filipos, pero deja en claro que no lo son por méritos propios sino EN Cristo Jesús. Y, finalmente, dejan establecido el principio del don de la gracia y de la paz. De una paz que, obviamente, no es como el mundo la da (con placeres, comidas, bebidas, diversiones o medicamentos), sino proveniente, otra vez, del eje central del evangelio que ellos predicaban: Cristo Jesús. Sería muy prudente comprobar si es el mismo evangelio que nosotros predicamos hoy.

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[03]

«La palabra del Señor vino a Jonás hijo de Amitay: Anda, ve a la gran ciudad de Nínive y proclama contra ella que su maldad ha llegado hasta mi presencia.» (Jonás 1:1-2)

Imagina la escena, el momento y la ocasión. Tú eres un Jonás desconocido y anónimo. Un don nadie dentro de lo que eran las tremendas e importantes organizaciones religiosas de Nínive, una gran ciudad que podrías comparar tranquilamente, hoy, con las más importantes capitales del mundo. Allí es donde Dios te dice que debes ir y proclamar en contra de ella. Pero no de ella como ciudad, cosa que podría molestar solamente a sus habitantes, sino contra ella en lo espiritual, que es una confrontación directa en contra de la clase dirigente del lugar. ¿Qué harías? ¿Te encomendarías a la voluntad de Dios o tratarías de negociar algo para no salir tan mal parado? No te olvides nunca de esto que te digo por experiencia: llega un momento en el que el Señor te enfrenta a tu propia entereza, fidelidad y lealtad al Reino. ¿Cómo responderás?

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[04]

«Reunió a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar a los espíritus malignos y sanar toda enfermedad y toda dolencia.» (Mateo 10:1)

¿Quiénes eran los discípulos? Hombres, de distinta calidad humana, (no todas recomendables), formación, educación y convicciones. ¿Cuál era la autoridad que ellos tenían, tal vez la de formar parte del grupo de Jesús? En absoluto. Eso nunca les proporcionó a estos hombres nada más que algunos inconvenientes con los fariseos, pero no privilegios. La autoridad espiritual que ellos luego evidenciarían, la recibieron de Jesús, tal como se lo expresa aquí. Ministro: ¿Tienes la misma autoridad o sólo la de tu denominación? ¿Con qué autoridad piensas echar fuera demonios? ¿Con qué poder crees que vas a orar por los enfermos y estos van a sanar? Hay mucha gente que intenta y pretende, a diario, hacer todas estas cosas sin éxito. ¿Ha declinado el poder de Dios? No. Sólo que Dios le otorga autoridad a los que Él sabe que son propios.

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[05]

«¡Clama a gritos, hija de Galín! ¡Escucha Lais! ¡Pobre Anatot! Se ha puesto en fuga Madmena; los habitantes de Guebín buscan refugio.» (Isaías 10:30-31)

Este es el relato de las alternativas concluyentes de una guerra. Una guerra que es literal en lo histórico, pero espiritual en lo concreto y actual. Dios jamás dejaría una escritura sólo para que sus hijos se enriquezcan intelectualmente con información histórica. Lo que Dios siempre deja son principios que son útiles hoy, en este pleno siglo veintiuno. Por lo tanto, podemos extraer de esto lo palpable y más claro: que en épocas de guerra, debemos “clamar a los gritos”. Basta de orden pulcro y acartonado, ¡Clama a los gritos, si es necesario! También debemos “escuchar”. ¿Será una cuestión meramente auditiva? Para nada; está hablando de los oídos espirituales, los mismos a los cuales apela Jesús cuando dice a las iglesias que “el que tenga oídos para oír, que oiga”. Y, finalmente, tener conciencia plena de nuestra pobreza propia, y certeza de que sin Cristo nada somos.

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[06]

«Hermanos, quiero que sepan que, en realidad, lo que me ha pasado ha contribuido al avance del evangelio. Es más, se ha hecho evidente a toda la guardia del palacio y a todos los demás que estoy encadenado por causa de Cristo.» (Filipenses 1:12-13)

Pablo explica en este texto, la bendición que se esconde en un aparente obstáculo o contratiempo. Está preso por causa de su fe y de su trabajo para Jesucristo. Cualquiera en su lugar, no sólo se lamentaría de su mala suerte, sino que le reclamaría a Dios que le solucione el problema, suponiendo que Dios lo haría porque se trata de alguien que pelea en el frente de combate. Eso es, indudablemente, lo que haría cualquier mediano o gran ministro hoy. Pero Pablo no. Él ha entendido cómo es esto. Él ha entendido perfectamente lo que significa salir airosos de pruebas de fe, dar testimonio de resistencia y férrea voluntad y, esencialmente, servir de modelo para que se miren en él todos los que siguen la misma doctrina que él ha seguido.

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[07]

«Jonás se fue, pero en dirección a Tarsis, para huir del Señor. Bajó a Jope, donde encontró un barco que zarpaba rumbo a Tarsis. Pagó su pasaje y se embarcó con los que iban a esa ciudad, huyendo así del Señor.» (Jonás 1:3)

¿Verdad que esta actitud de Jonás te resulta poco menos que graciosa? ¿En qué cabeza humana conocedora puede caber la idea de que se puede huir del Señor metiéndose en un barco? En la de Jonás y la de cualquiera que sufra un repentino ataque de terror por causa de un mandato preciso y específico. ¿Nunca te sucedió? Dios sabe quién eres tú, hasta dónde caminarás con Él y en qué punto preciso corres el riesgo de debilitarte. Entonces, cuando llegue el momento, tu momento, Él te llamará a servir concretamente en el área donde tú puedes ser más útil. Nunca un llamado del Señor a un ministro será para que ocupe un lugar decorativo. Cada vez que Dios llame a alguien será para que rinda al ciento por uno. Pero cuidado: porque esa clase de llamados suelen producir reacciones como las de Jonás: huir. O, al menos, como luego se verá, pretender hacerlo.

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[08]

«Estos son los nombres de los doce apóstoles: primero Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Jacobo y su hermano Juan, hijos de Zebedeo; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Jacobo hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón el Zelote y Judas Iscariote, el que lo traicionó.» (Mateo 10:2-4)

¿Cómo fue el ordenamiento apostólico de estos doce? Simple, muy simple; mucho más que cualquiera de las ceremonias con las que nosotros, hoy, ordenamos a nuestros ministros. Simplemente los reunió, les dio toda su autoridad para todo lo que señala el primer verso y les dijo “vayan”. Esto significa que los envió, en su nombre, a realizar todas esas cosas. El mero hecho de que ellos hayan sido enviados, es APOSTELLOS, lo cual se traduce como apóstoles. No se necesita nada más. No hay evaluación, análisis ni comprobación que los hombres puedan efectuar para decidir ordenar a alguien como apóstol. Esto es un resorte de Dios, nada más. Y si Él lo levanta, no hay hombre que lo discuta. Y si Él no lo levanta, no hay hombre que pueda hacerlo. ¡Es tan sencillo de entender!

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[09]

«Desgracia sin fin cayó sobre el enemigo; arrancaste de raíz sus ciudades, y hasta su recuerdo se ha desvanecido.» (Salmo 9:6)

Cuando Dios permite que se haga sentencia sobre un pueblo, esa sentencia suele ser terrible. Bastará recordar a Sodoma, a Gomorra y todo lo que rodeó a aquel juicio sumarísimo. El salmista lo tiene bien claro cuando aquí señala que, por causa de desobediencias, la desgracia cayó sobre los enemigos del pueblo de Dios y le fueron arrancadas sus ciudades. Perdieron todo lo que supuestamente tenían bajo control y proporcionaba su envanecimiento. Y lo máximo; dice que fue tanta su declinación y caída que ya nadie más los recuerda. Y puede haber cosas tristes para el hombre, pero ninguna quizás como el quedar fuera de todo recuerdo e historia. Eso es lo que tienen reservados los enemigos del pueblo de Dios.

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[10]

«Hoy mismo se detendrá en Nob; agitará su puño contra el monte de la ciudad de Sión, el monte de Jerusalén.» (Isaías 10:32)

¿Cuántas veces has oído en charlas, comentarios, predicaciones o enseñanzas, que la labor de Dios sobre su creación y sobre su iglesia, tiene todas las características de una partida de ajedrez? Cierto es, ya que cada movimiento que Dios realiza, no es al azar ni porque sí, sino que encierra una estrategia que, en el final, otorga una ventaja mínima o máxima que posibilita victoria. Pero entiende que el enemigo también juega. Y que tal como si verdaderamente fuera una partida de ajedrez, su juego se fundamenta en amenaza tras amenaza. No lo tengas en cuenta ni te preocupes innecesariamente. Tú ya sabes que el juego termina cuando se da el jaque mate, y esa jugada final ya se produjo en la cruz y a nuestro favor. Por lo tanto, lo que hoy haremos, es desarrollar la partida con la convicción de una victoria lograda que sólo tiene que consumarse haciendo que nuestro adversario incline su reina y acepte la derrota que todavía pretende discutir.

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[11]

«Gracias a mis cadenas, ahora más que nunca la mayoría de los hermanos, confiados en el Señor, se han atrevido a anunciar sin temor la palabra de Dios.» (Filipenses 1:14)

¿Cómo puede ser real esto que Pablo está diciendo? ¿En qué lógica humana puede caber la alternativa que dicta, a gente que termina de ver a alguien caer preso por hacer una determinada cosa, ponerse a realizar lo mismo? En ninguna lógica humana. No cabe en ningún razonamiento. Porque eso es el eje central del evangelio y de su extensión y predicación: la ausencia de lógica humana, la ausencia de cosas que pueden controlar los hombres. El Evangelio es, esencialmente, poder de Dios manifestado. Y una de las formas en que el poder de Dios podría manifestarse es, justamente, las vicisitudes de aquellos que pertenecen a su causa.

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[12]

«Pero el Señor lanzó sobre el mar un fuerte viento, y se desencadenó una tormenta tan violenta que el barco amenazaba con hacerse pedazos.» (Jonás 1:4)

Eres un Jonás moderno al cual el Señor ha enviado muy precisa y específicamente a proclamar su palabra genuina y verdadera en medio de un ambiente religioso que predica discursos humanistas y convenientes. Tú ya sabes que no sólo no te recibirán de buen grado, sino que te rechazarán, se te opondrán y habrán de intentar sacarte del camino como sea. Eso te asusta. ¡Eres tan minúsculo ante los poderosos e influyentes que ostentan tanto poder eclesiástico! Entonces eliges huir. Y te refugias en un barco que, aparentemente, te sacará de delante de tu obligación ministerial. ¿Nunca has sentido, en un trance así, que ese barco comienza a sacudirse con las crisis amenazando con hacerse pedazos y con él tu propia vida? ¡Ánimo! Es Dios quien ha desatado esa tormenta para hacerte entender, aceptar y retornar.

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[13]

«Jesús envió a estos doce con las siguientes instrucciones: “No vayan entre los gentiles ni entren en ningún pueblo de los samaritanos”.» (Mateo 10:5)

¿Cuántos habrán prestado atención a este detalle no mínimo, precisamente? Muy pocos. Yo nunca escuché una predicación, siquiera, donde se dijera que en un principio la proclamación del evangelio del Reino era selectiva. Sin embargo, es notorio que por alguna razón que solamente aquellos hombres conocían, así fue. Podemos presumir que lo que Jesús procuraba, era salvaguardar a esos hombres evitándoles una confrontación con áreas étnicas todavía muy inexpugnables. Era el tiempo del Dios de los judíos. Los gentiles no tenían acceso a ello hasta después, cuando Pablo estableció un ministerio al respecto. Lo mismo con los samaritanos. La pregunta, es: ¿Cumplieron con su misión los doce? En honor a la verdad, el único que parecería haberla cumplido, fue Jesús.

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[14]

«Pero el Señor reina por siempre; para emitir juicio ha establecido su trono.» (Salmo 9:7)

Decir que Dios ha establecido su trono con la idea central de emitir juicio, conforme a como nosotros interpretamos el significado de “juicio”, es como decir que a Dios le place ser cruel, juzgar, sentenciar, condenar y ejecutar. ¿Qué imagen tendrá el mundo incrédulo de ese Dios nuestro, sobre todo cuando luego queremos presentarlo como un Dios de amor? De Dios no sé, pero de nosotros el mundo tiene normalmente una imagen de incoherencia. ¿Y todo por qué? Porque nadie enseña que “juicio” no es hecatombe, fuego y azufre, sino sencillamente la acción de “separar lo verdadero de lo falso”. Entonces, Dios levanta su trono para, desde allí, separar a los hijos suyos genuinos de los simuladores. Él los conoce.

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[15]

«¡Miren! El Señor, el Señor Todopoderoso, desgaja las ramas con fuerza increíble. Los árboles más altos son talados; los más elevados son abatidos.» (Isaías 10:33)

Veamos a ver cómo está hoy tu entendimiento espiritual. ¿Qué ramas crees que está desgajando el Señor Todopoderoso con una fuerza increíble? Dice que las de los árboles más altos y más elevados, los que son talados y abatidos. ¿Haría Dios tal cosa con los árboles que Él mismo ha hecho crecer? En absoluto. El nuestro, no es un Dios de incoherencias. Los árboles más altos, son aquellos que han pretendido crecer por sí mismos, sin nutrimento ni savia divina. Serán talados, lo que significa lisa y llanamente que rama por rama, cada una de las que dependen de ellos, serán cortadas y echadas al fuego. Y los más elevados, ya sea en fama, prestigio o supuesta representatividad, como más importantes, ya no serán sólamente talados, sino directamente abatidos. ¡Ánimo hermano fiel! Babilonia está cayendo a pedazos. Talada y abatida por nuestro Señor Todopoderoso.

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[16]

«Es cierto que algunos predican a Cristo por envidia y rivalidad, pero otros lo hacen con buenas intenciones.» (Filipenses 1:15)

¿Será tan así como Pablo lo está diciendo? ¿Hay gente que dentro de una iglesia pueda hoy mismo, en este día, en este tiempo, estar predicando a Jesucristo por causa de alguna envidia guardada? ¿No parece demasiado posible, no crees? Sin embargo, fíjate que yo he aprendido a creer en la verdad total de todo lo que Pablo dice en sus cartas. No fue un hombre dado a escribir cosas que le hicieran quedar bien o que le conviniera. Entonces, si él dice que hay gente que predica por envidia, así es. Pero también consigna que hay otros que lo hacen con buenas intenciones. ¿Unción? Eso es otra cosa que no es tenida en cuenta aquí por Pablo.

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[17]

«Los marineros, aterrados y a fin de aliviar la situación, comenzaron a clamar cada uno a su dios y a lanzar al mar lo que había en el barco. Jonás, en cambio, que había bajado al fondo de la nave para acostarse, ahora dormía profundamente.» (Jonás 1:5)

¿Cuál era la diferencia entre los marineros y Jonás? Porque en una primera lectura, todo indicaría que el temor por la tormenta tenía que invadir más profunda y rápidamente a Jonás que a esos marineros, acostumbrados a mil tormentas como esa, pero los hechos relatados nos dicen que las cosas estaban siendo exactamente a la inversa. Simple. Porque el suceso estaba desarrollándose en el ámbito espiritual, no terrenal. La tormenta era en el espíritu de toda esa gente, no en lo climático. Y en ese ambiente, los marineros no tenían cobertura, ya que sus distintos dioses no parecían moverse en absoluto para solucionar sus temores. En cambio Jonás podía irse a dormir tranquilamente, ya que su confianza, –Pese a estar huyéndole– se mantenía firme en Dios. ¿Cómo sería tu comportamiento en ese barco? ¿Estaría clamando a alguna clase de dios o estarías durmiendo tranquilamente confiando en el Todopoderoso?

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[18]

«Vayan más bien a las ovejas descarriadas del pueblo de Israel.» (Mateo 10:6)

Esta expresión es un complemento a lo que Jesús les dice en el verso anterior como instrucciones precisas y específicas a los doce que enviaba. Nada de gentiles, nada de samaritanos. Sólo ovejas descarriadas del pueblo de Israel. ¿Cómo se interpreta esto acorde a las prácticas de nuestro tiempo? Parecería tratarse de un ministerio de restauración. Una actividad preparada para devolver al Camino a aquellos que por diversas causas se hubieran apartado. ¿No será este el tiempo de revitalizar ese ministerio? Y no estoy hablando de los que se han ido de los templos, ya que en ese caso, muchos lo han hecho por orden de Dios mismo. Estoy hablando de los que no han tenido fortaleza ante las pruebas o las crisis y se han retornado al Egipto donde estaban antes de su conversión. ¿Habrá alguien que los alcance?

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[19]

«Juzgará al mundo con justicia; gobernará a los pueblos con equidad.» (Salmo 9:8)

Está hablando del Señor, está más que claro. No hay ni puede haber otro que no sea Él que sea capaz de juzgar al mundo con justicia. Juzgar quizás juzga cualquiera, pero de cualquier modo y con resultados diversos. Juzgar al mundo ya no son tantos, y hacerlo con absoluta equidad y justicia, sólo Dios. Y si a eso le sumas el acto de gobernar a los pueblos con equidad, ya las cosas pasan a un estado prácticamente exclusivo. Ahora bien: ¿Tú y yo, qué somos delante de Dios? Sus hijos por adopción, ¿No es así? Entonces no te asombre ni te impactes si te aseguro que tú y yo estamos en condiciones de juzgar al mundo con justicia y gobernar a los pueblos con equidad. ¡Ah! ¿Te sonríes? ¿Puedo saber por qué? Correcto. Porque ya has visto demasiados jueces y gobernantes “cristianos” no juzgar con justicia ni gobernar con equidad. ¿Y eso qué tiene que ver? Estamos hablando de hijos de Dios, no de gente recomendada por una iglesia…

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[20]

«Derriba con un hacha la espesura del bosque, y el esplendor del Líbano se viene abajo.» (Isaías 10:34)

Una vez más, queda en evidencia que el poder de Dios hará trizas todo lo que el poder del hombre y su religión puedan haber construido. Un bosque espeso, es un bosque con muchísimos árboles. En apariencia, indestructible. Porque: ¿Quién se atrevería a embestir en contra de un profuso bosque solamente con un hacha? Nadie humano. Pero Dios sí lo hace. Y al hacerlo, deja en evidencia la pobreza y la debilidad de todos esos árboles del bosque sin nutrimento sólido ni savia potente que los sostenga. Todo el esplendor que por años esos bosques aparentaron poseer, hoy se está cayendo por un hacha manejada solamente con la mano firme de la Palabra, de la unción y de la garantía del verdadero evangelio de Jesucristo.

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[21]

«Estos últimos lo hacen por amor, pues saben que he sido puesto para la defensa del evangelio. Aquellos predican a Cristo por ambición personal y no por motivos puros, creyendo que así van a aumentar las angustias que sufro en mi prisión.» (Filipenses 1:16-17)

Pablo dice de sí mismo que ha sido puesto para la defensa del evangelio. ¿Tú tienes bien presente la historia de Pablo, antes de su conversión, cuando era Saulo de Tarso? Será bueno que lo recuerdes para que no te confundas. Nosotros tenemos por costumbre casi tradicional, respetar mucho a aquellos que tienen ministerios armados casi desde la infancia. Nietos de líderes, hijos de líderes, finalmente líderes. Sin embargo Dios se regocija cuando lo hace totalmente a la inversa. Y lo hace impecable y sin reproches. ¿Ordenarías tú como pastor de tu iglesia a un hombre que se haya acostado con la mujer de un diácono y que luego lo haya hecho asesinar para poder casarse legalmente con ella? ¿No, verdad? Díselo a Dios, entonces, a ver si te entiende el razonamiento. Porque Él levantó igualmente a David…

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[22]

«El capitán del barco se le acercó y le dijo: ¿Cómo puedes estar durmiendo? ¡Levántate! ¡Clama a tu dios! Quizá se fije en nosotros y no perezcamos.» (Jonás 1:6)

Rearmemos la historia con un poco de criterio. ¿El capitán de un barco se ocupará de ir a despertar a un pasajero anónimo que está dormido en medio de una fuerte tormenta, para que éste se ponga a clamar a su dios y así ver si pueden salvarse? ¿No te suena demasiado singular, esto? Lo es. El capitán, por alguna razón inexplicable desde lo humano, sabía que Jonás tenía a un Dios distinto al que ellos creían. Algo le decía en su ser interior que era a ese Dios al que había que pedirle salvación y no a sus ídolos mudos, ciegos, sordos e inmóviles. Por eso va a verlo. Pero va como siempre vienen los incrédulos a ti: arrogantes y confrontándote con tu fe, jamás en humildad y arrepentimiento. ¿Qué habrás de responder, Jonás?

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[23]

«Dondequiera que vayan, prediquen este mensaje: “El reino de los cielos está cerca”.» (Mateo 10:7)

Pregunto: ¿Cuántas veces oíste una predicación sustentada en este mandato? Yo, te confieso que casi en ninguna. Y cuando tuve ocasión de oír hablar del Reino de Dios por primera vez desde un púlpito, no pude menos que estremecerme y pensar, por un momento, que me había metido sin darme cuenta en un salón del Reino de los Testigos de Jehová. ¿Cómo puede ser que me resultara desconocido y tan poco confiable un mensaje que es estrictamente el central que Jesús mandó predicar? ¿Qué hemos hecho con la predicación? ¿Qué hemos hecho con la iglesia? Jesús sabía lo que decía y sabía lo que hacía, eso es notorio. Entonces, ¿Con qué ingredientes nosotros, minúsculos hombrecillos pegados al piso pretendemos innovar sobre puntos que no resisten innovación?

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[24]

«El Señor es refugio de los oprimidos; es su baluarte en momentos de angustia.» (Salmo 9:9)

¿Eres alguien que está siendo oprimido por “algo” o por alguien? Busca al Señor. Dice esta palabra y es realmente cierto, que Él es nuestro mejor refugio para eso. ¿Estás siendo oprimido por el enemigo? Busca al Señor. ¡Pero hermano! ¡Ya lo busqué y lo hallé, ahora estoy en una iglesia, pero me siento oprimido en ella! No importa. Busca al Señor. El Señor del cual yo hablo, no está en un templo ni en una organización religiosa de un determinado nombre. El Señor del cual estoy hablando está a tu alcance en la intimidad de tu cuarto. Y desde allí puedes invocarlo e invitarlo a que venga a tu vida a ser tu máximo refugio. Y ni hablar de tus angustias. ¿Quién no las ha tenido alguna vez? Busca al Señor.

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[25]

«Del tronco de Isaí brotará un retoño; un vástago nacerá de sus raíces. El Espíritu del Señor reposará sobre él; espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor.» (Isaías 11:1-2)

Correcto. La palabra profetiza sobre Jesús con mucha certeza. Pero también profetiza sobre ti, mi hermano o hermana, que hoy eres cuerpo de Cristo en la tierra. Tú que eres iglesia genuina y fiel por encima en lo espiritual del boato, la pompa y la espectacularidad de Babilonia. Porque tú y no ella serás el poseedor de esa sabiduría que va mucho más allá de cualquier sabiduría universitaria o humana, de ese entendimiento capaz de entender lo que ni los sabios entienden, del consejo que supera ampliamente a cualquiera que pueda emanar de las ciencias modernas tales como la psicología o sus imitaciones esotéricas, del conocimiento que es intimidad directa y de un temor de Dios que solamente pueden poseer aquellos que le conocen y le aman.

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[26]

«¿Qué importa? Al fin y al cabo, y sea como sea, con motivos falsos o con sinceridad, se predica a Cristo. Por eso me alegro; es más, seguiré alegrándome porque sé que, gracias a las oraciones de ustedes y a la ayuda que me da el Espíritu de Jesucristo, todo esto resultará en mi liberación.» (Filipenses 1:18-19)

Es muy importante tener en cuenta lo primero que Pablo consigna aquí. Que no importa por qué motivaciones se realice, lo importante es que Cristo sea predicado y su evangelio también. ¿Qué significa esto? Que nadie, (y me incluyo, porque no suelo callarme nada), puede censurarle a Babilonia su trabajo de evangelización y predicación del evangelio. Que normalmente, y salvo raras excepciones, lo que la iglesia falsa realiza en este tenor, suele estar respaldado con la palabra auténtica. El problema radica en que nadie o casi nadie de las organizaciones religiosas vive lo que habla. Y en eso sí que se diferencian bastante de Jesús y de Pablo. El hombre no tiene un mensaje. El hombre ES o no un mensaje viviente.

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[27]

«Los marineros, por su parte, se dijeron unos a otros: ¡Vamos, echemos suertes para averiguar quien tiene la culpa de que nos haya venido este desastre! Así lo hicieron, y la suerte recayó en Jonás.» (Jonás 1:7)

Esto te demuestra fehacientemente algo: que todo juego de azar está manejado por Satanás. Porque solamente él podría haber determinado que el culpable (si es que debía haberlo), de esa tormenta fuera un anónimo viajero de un barco en el medio del mar. Satanás quería destruir a Jonás, que pese a estar huyendo de un mandato del Señor, igualmente le pertenecía. Y esas suertes recayeron sobre Jonás y le volvieron a toda la tripulación en su contra, como luego se verá. En tu vida de creyente, esto mismo puede pasarte muy a menudo. En una congregación hay decenas de cristianos nominales, humanistas y religiosos. Y estás tú que tienes unción, mandato real y palabra genuina. ¿A que no sabes a quién le echarán las culpas si hay un problema en la iglesia? Pues a ti.

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[28]

«Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los que tienen lepra, expulsen a los demonios. Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente.» (Mateo 10:8)

Fíjate qué mandato tenemos. No debemos ver si en una de esas nos decidimos a orar por un enfermo. Debemos sanarlos, esa es la directiva. ¿Resucitar muertos? ¿Quién se atreve a encarar ese ministerio? Sin embargo, te diré que no es una opción, es un mandamiento. Y Cristo jamás te mandaría o demandaría algo para lo que Él mismo no te esté avalando y respaldando con su poder. No deberás morirte sin ser testigo de una resurrección. A menos que sea la tuya, claro. Limpiemos a los leprosos. ¡Hermano! ¡Ya no hay lepra! – Pero sigue habiendo pecado, ¿No es así? Y el pecado, en términos bíblicos, todavía sigue siendo lepra. Por lo tanto, limpiar leprosos significa en este tiempo ayudar con lo que sea a salir del pecado a quienes están embarrados en él. Y algo esencial: no pongas precio a tu ministerio. Es una bofetada en el santo rostro de Dios hacerlo. ¿Diezmo? Amén. ¿Ofrenda? Amén. ¿Manipulación para pedir? ¡Nunca!

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[29]

«En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, oh Señor, jamás abandonas a los que te buscan.» (Salmo 9:10)

¿Quiénes creen en Dios? Todos. En mayor o menor medida y con diferentes ópticas según sus culturas, toda la raza humana cree en alguna forma de Dios. Millones de millones. ¿Quiénes le creen a Dios? Estos ya reducen notablemente la cantidad inicial. Porque una cosa es creer en Dios, (hasta los demonios creen y tiemblan), y otra muy distinta es creerle a Dios. ¿Quiénes confían en Dios? Se sigue reduciendo ostensiblemente la suma del principio. Creer es muy diferente a creerle, pero esto también es bastante distinto a confiar. La confianza en Dios es tan irracional para el ser humano guiado por la lógica intelectual que le resulta imposible experimentarla. Pero aquí habla de conocer el nombre de Dios. ¿Quiénes conocen el nombre de Dios? Los que son genuinos, fieles y le aman de verdad. A esos es a quienes Dios jamás abandona, no a cada hombre o mujer que dice creer y se inscribe en una confesión religiosa determinada. No son siempre sinónimos.

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[31]

«Mi ardiente anhelo y esperanza es que en nada seré avergonzado, sino que con toda libertad, ya sea que yo viva o muera, ahora como siempre, Cristo será exaltado en mi cuerpo. Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.» (Filipenses 1:20-21)

En nada seré avergonzado. Eso piensa y eso dice Pablo. ¿Cuántos de los que hoy leen esta palabra piensan exactamente lo mismo? ¿Cuántos lo dicen abiertamente? Hay mucho miedo a pasar vergüenza dentro de la iglesia. Primero, la vergüenza de que tus amigos del mundo te vean entrar al templo. Después, la vergüenza de tener que confrontarte con tus líderes por causa de respetar la palabra genuina y no la doctrina denominacional del caso. Y, finalmente, Pablo remata el texto con esa frase que muchos hemos repetido como papagayos, pero que pocos, muy pocos han entendido y encarnado en sus propias vidas. Vivir es Cristo, morir es ganancia. ¿Eso es lo que piensas? ¿De verdad lo piensas? ¡Gloria a Dios por tu vida si es así!

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Ministerio "Palabra de Vida" - Iglesia "Cristo Viene"

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Foto de fondo original de Francisco Lau

Creada 01/08/2007 - Alojada 26/06/08 - Actualizada 26/06/08

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