"Palabra de Vida"

Biblioteca Bíblica en Línea

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"Cristo es el Camino, la Verdad
 y la Vida".

Estudios, Mensajes, Pensamientos y Reflexiones sobre la Palabra de Dios. 

"Hacia la Salvación de Toda la Humanidad". 

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Néstor Martínez

 

 Junio de 2007

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[01]

«En el día de la ira de nada sirve ser rico, pero la justicia libra de la muerte.» (Proverbios 11:4)

Está hablando de la ira de Dios, no de hombres. Y está refiriéndose al día en que Dios vendrá a establecer su juicio sobre las naciones comenzando, tal como está escrito, por su casa. Su casa es la iglesia, pero no como edificio de mampostería. Su casa es cada uno de los hombres y mujeres que constituyen su verdadera iglesia. Y allí de nada servirá tener riquezas, ser de mucho prestigio, ser el que más diezma u ofrenda o el que tiene los mejores contactos con la sociedad secular. Allí solamente servirá la justicia. Pero no cualquier clase de justicia, sino la justicia de Dios. Y ser personero, embajador o representante de la justicia de Dios en la tierra, no es ser un dignatario con títulos y cargos eclesiásticos, sino un simple hijo de Dios obediente a su propósito y su voluntad.

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[02]

«¿Quién te distingue de los demás? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿Por qué presumes como si no te lo hubieran dado?» (1 Corintios 4:7)

Créeme; a este texto yo lo pintaría en grandes caracteres en un cuadro y lo colgaría en todas las oficinas pastorales del planeta y también en las que ocupan los ministros de los grandes ministerios internacionales. En la mía ya lo tengo, claro… Porque aquí se nos dice algo que a los hombres egocéntricos se les olvida con mucha velocidad. Se nos dice que nada, pero absolutamente nada de lo que podamos tener nos pertenece. Y mucho más si es algo que tiene que ver con ministerio, con unción, con poder de Dios. “¡Hermano! ¡Cuanta sabiduría tiene usted!”, me saben decir. ¿Y...? ¿Acaso voy a envanecerme por eso? ¡Si yo sé perfectamente que si el Señor no me hubiera respaldado yo no podría tener sabiduría ni siquiera para hacerme una sopa! Claro está: lo estoy diciendo públicamente y es lo que debo hacer. Porque pensar, a eso lo piensan casi todos los grandes líderes, pero decirlo o reconocerlo públicamente, muchos, pero muchos menos…

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[03]

«Cavó una fosa y la ahondó, y en esa misma fosa caerá.» (Salmo 7:15)

De aquí es que proviene esa suerte de refrán que se conoce en casi todo el planeta y que habla de “cavar nuestra propia fosa”. Se trata de la interpretación muy singular de ciertas actitudes humanas que van a derivar, necesariamente, en hechos que en el final del recorrido, pueden volverse en contra de sus protagonistas o mentores. Es el símbolo más claro de todos los que incurren en determinadas desobediencias en contra de Dios acarreando el mal para su pueblo. A corto o mediano plazo, (no se habla de largos plazos), esas acciones traerán la desgracia para los mismos que la planificaron. El personaje central de esta escena cavó una fosa, la profundizó (esto significa: hizo un mal y luego lo acentuó aún más). Finalmente, dice la Palabra, el autor de estas maldades caerá irremediablemente víctima de sus propias trampas. ¿Novela? ¿Ficción? Si miramos nuestras realidades, yo no me atrevería a decir esto.

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[04]

«Si esto es así, ¡Cuánto más la sangre de Cristo, quien por medio del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente!» (Hebreos 9:14)

Presta atención a un detalle tan simple que, quizás leyendo con mayor velocidad de la recomendable, se te pueda pasar por alto. Dice que Cristo, mediante la gestión del Espíritu Santo, purificará tu conciencia. No es un detalle menor. ¿Qué árbol tenían prohibido comer Adán y Eva en el Edén? El del Conocimiento del Bien y del mal. No del de la Vida Eterna, fíjate. Ellos hubieran comido de ese árbol y hubieran vivido para siempre, ya que ese era el deseo de Dios. Pero se les quitó esa posibilidad cuando comieron del que se les había prohibido comer. ¿Por qué? Porque el árbol del conocimiento del bien y del mal es como decir el árbol de la conciencia. Hasta allí Dios decidía por el hombre y el hombre, siendo obediente, no se equivocaba jamás. Luego del árbol, el hombre comenzó a decidir por sí mismo, sin consultar ni creer en Dios. Y así le fue…

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[05]

«La justicia endereza el camino de los íntegros, pero la maldad hace caer a los impíos.» (Proverbios 11:5)

La integridad es una de las particularidades más visibles en la personalidad del cristiano. Todos somos humanos y, por ende, muy falibles a errores y equivocaciones. Nadie aspira a hallar a seres humanos perfectos por el simple hecho de concurrir a una iglesia. Pero sí se espera encontrar dentro del pueblo de Dios, un alto grado de integridad. Esto significa gente con palabra, sentido de la justicia, honestidad probada, honradez manifiesta y transparencia en sus actos externos e internos. Aquí dice que la justicia de Dios termina de enderezar en la dirección debida el camino de quienes viven con integridad. La contracara, los impíos. Los que eligieron vivir conforme a rudimentos humanistas, carnales o científicos y dejaron de lado al Dios Todopoderoso. Para ellos será la caída.

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[06]

«¡Ya tienen todo lo que desean! ¡Ya se han enriquecido! ¡Han llegado a ser reyes, y eso sin nosotros! ¡Ojala fueran de veras reyes para que también nosotros reináramos con ustedes!» (1 Corintios 4:8)

Las grandes vanidades humanas no se conforman con vivir fuera de las iglesias, fuera de los templos. También adentro crecen y se desarrollan. Esto, a favor de la adulación de los obsecuentes de siempre, de esos que andan por la vida buscando a quien alabar con la finalidad de ser aceptados primero, incorporados después y finalmente ascendidos mucho más alto que lo que están capacitados para llegar. Allí es donde, a favor de algún dinero que puedan haber obtenido, o algunos éxitos empresarios o de otra índole, o sencillamente de la simple cuestión de llenar un templo todos los domingos con carisma y bonitas palabras, se sienten reyes. La pregunta, que es la misma que se hace Pablo con relación a los falsos apóstoles, es: ¿Sobre qué cosa están reinando? Por más que observemos, no vemos nada…

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[07]

«Su iniquidad se volverá contra él, su violencia recaerá sobre su cabeza.» (Salmo 7:16)

Aclaremos algo: la vieja ley mosaica del ojo por ojo y diente por diente, concluyó. Fue absorbida por la Gracia que esgrime el perdón y la misericordia por encima de toda venganza. Sin embargo, hay un principio, que como todos los principios de Dios, es inalterable. Y es el que responde a una Palabra que todavía tiene vigencia, que es la que asegura que quien a espada mata (habla de la Palabra) a espada morirá. ¿Qué significado podría tener esto, hoy? Que aquellos que viven esgrimiendo la palabra de Dios como fundamento básico para sus trabajos, (no siempre santos), llegará el día en que la misma palabra de Dios se les vendrá encima y no podrán sostenerse. De esa violencia es que estamos hablando. ¿O nadie recuerda que el reino de los cielos se gana y se conquista con violencia? Y por supuesto, no hablamos de violencia física, ya que Dios no se ocupa de las cosas del cuerpo por encima de las del espíritu.

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[08]

«En el caso de un testamento, es necesario constatar la muerte del testador, pues un testamento sólo adquiere validez cuando el testador muere, y no entra en vigor mientras vive.» (Hebreos 9:16-17)

Aquí hay que dividir muy bien las aguas porque, de otro modo, entraremos en una terrible confusión que podría llevarnos hacia cualquier lugar doctrinal insospechado. Se está hablando de un testamento, de un segundo pacto. Por ende, se está hablando de un hombre llamado Jesús de Nazaret, muerto en la cruz del calvario. Se está hablando del hijo natural de una mujer virgen llamada María, gestado en su vientre por el Espíritu Santo, y adoptivo de un hombre llamado a ser padre de crianza, llamado José. Ese es el pacto, ese es el muerto, ese es el testamento a hacer efectivo. Porque el otro, el Cristo, ese es el hijo de Dios, parte de la Trinidad y jamás murió porque jamás nació, es tan eterno como su Padre. Es el Verbo que ya estaba presente a la hora de la Creación del Génesis.

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[09]

«Destruirá de extremo a extremo el esplendor de sus bosques y de sus huertos, como enfermo carcomido por la plaga.» (Isaías 10:18)

Esto nos muestra la facilidad con la que pueden ser destruidos todos los elementos de esplendor externo. La visión del mundo secular está total y absolutamente comprometida con esa esfera, la externa. Al mundo incrédulo no le interesa en lo más mínimo las riquezas interiores de las personas. Sólo le otorga atención y estima a lo externo, a lo que tiene imagen de apariencia perfecta. Ese es el mundo. Ese es el Egipto del cual nuestro Dios nos ha sacado. ¿Para qué? Para que cambiemos totalmente nuestra visión. Porque si dentro de lo que es su pueblo seguimos dándole más valor a lo externo que a lo interno, podremos estar acudiendo a iglesias, cantando coritos, levantando las manos, orando a gritos y hasta predicando el evangelio, pero en nuestro ser interior, seguiremos siendo los mismos incrédulos, impíos y pecadores de antes.

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[10]

«La justicia libra a los justos, pero la codicia atrapa a los falsos.» (Proverbios 11:6)

Hay una forma casi infalible para determinar quién es justo y quién es falso. Con observar su vida de todos los días, será más que suficiente. Así como en periodismo se suele decir que ninguna figura importante resiste un buen archivo, así también cabe, para el interior de la iglesia del Señor, con el testimonio de vida de cada uno de sus hijos. Tú lees este trabajo diario todos los días, te parece bueno, te bendice, te ayuda y te inspira para pasar un día bueno. Por consecuencia, tú entiendes que quien lo elabora tiene que ser alguien ungido, con valor ministerial y excelente persona. ¿Qué sabes tú? Sólo has imaginado por deducción y eso no es certero ni mucho menos. Para saber quién y cómo es quien elabora estos estudios, tendrás que venir a argentina y verlo vivir. De otro modo, correrás el mismo riesgo que todos hemos corrido alguna vez incluido Jesús: estar con gente que dice muy bien pero que no hace nada de lo que dice…

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[11]

«Por lo que veo, a nosotros los apóstoles Dios nos ha hecho desfilar en el último lugar, como a los sentenciados a muerte. Hemos llegado a ser un espectáculo para todo el universo, tanto para los ángeles como para los hombres.» (1 Corintios 4:9)

Pregunto: ¿Le podemos creer a Pablo cuando dice esto? Te pregunto: ¿Se lo crees tú? ¿Sí? ¡Yo también! Entonces me alegro mucho porque ya lo tenemos muy claro y no podemos equivocarnos nunca más. De aquí en adelante, cuando veamos apóstoles que reciben honores en los templos, allá arriba de las plataformas, sentados como reyes con toda su familia, recibiendo la pleitesía de todo el pueblo cristiano, recibiendo las ofrendas especiales levantadas en su honor por causa de sus ungidas visitas, recordemos de inmediato estas palabras de Pablo y podremos ver con claridad que no están hablando en un mismo idioma. Pablo habla de ser un espectáculo sufriente por causa del evangelio de Jesucristo, mientras que muchos de estos verdaderos pavos reales se convierten en un espectáculo al lucir sus plumas, muchas de ellas pintadas con acuarela de dudosa calidad…

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[12]

«¡Alabaré al Señor por su justicia! ¡Al nombre del Señor altísimo cantaré salmos!» (Salmo 7:17)

¿Sabes qué pensaba mientras leía este pasaje y buscaba en el Señor la Palabra para adherirle? En la capacidad y potencia que tiene una relación directa entre el Señor y Su Creación máxima: el hombre. Porque el salmista de este numerario, que es David, no es precisamente un dechado de virtudes ni un ejemplo para los jóvenes del planeta. Es simplemente David, un pequeño pastor de ovejas ungido de parte de Dios para ser rey. Un rey que se desbarranca en la oscuridad tenebrosa del pecado carnal y que luego puede resurgir en la máxima restauración de la cual la Biblia da referencia a la cualidad y calidad que hoy le conocemos. Y es allí donde no podemos menos que pensar que David, por todo lo vivido, no necesita de directores de alabanza que le digan cuándo saltar, cuándo adorar, cuándo alabar y cuándo dar un grito de júbilo. En suma: David, como cualquier hombre de Dios, no necesita ni necesitará jamás de “porristas” cristianos que le eleven su ánimo.

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[13]

«De ahí que ni siquiera el primer pacto se haya establecido sin sangre.» (Hebreos 9:18)

Primer pacto. Sangre de cordero animal. Segundo pacto. Sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. ¿Es necesaria la sangre? Más que la sangre, para que nadie se imagine rituales esotéricos, lo que es necesario para un pacto de Vida Eterna, es la expresión genuina de la vida. ¿Tienes otra más concreta y concisa que la sangre? Está bien, eso en tiempos de la ley. ¿Y con la Gracia también necesitaremos el sacrificio? No te confundas, el sacrificio ya fue realizado una vez y para siempre hace más de dos mil años nuestros. La ley marcaba un sacrificio por año, por lo menos, para remisión de los pecados. La Gracia marca solamente el reconocimiento, aceptación y creencia en ese único sacrificio en la cruz. ¿Tan complicado es? ¿Tan difícil resulta? ¿Tanto le cuesta al hombre natural aceptarlo? NO te equivoques. El hombre fue creado para aceptar y creer en Dios. Satanás se ha encargado, enriqueciendo su mente y su ego, de hacer que lo ponga en duda.

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[14]

«Tan pocos árboles quedarán en su bosque que hasta un niño podrá contarlos.» (Isaías 10:19)

Un bosque contiene una belleza externa que impacta, asombra y llama poderosamente la atención. Un bosque es sinónimo de grandeza y magnitud. Eso es la iglesia contemporánea desde lo institucional y estructural. Conglomerados humanos, frondosos, impactantes, dignos de ser observados con atención por parte de aquellos que nunca antes han visto esta clase de bosques. Sin embargo, nadie le presta demasiada atención a los árboles individuales que conforman este bosque. Nadie se da cuenta que día tras día son más los que huyen o salen de él que los que nacen. Las grandes manifestaciones humanas bajo el nombre de Dios están dando paso a similares eventos pero en seguimiento a hombres ilustres, famosos, prestigiosos y en apariencia de santidad, poder y unción. Los que quedarán en pie podrán ser contados por niños que aún no han concurrido a la escuela.

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[15]

«Muere el malvado, y con él su esperanza; muere también su ilusión de poder.» (Proverbios 11:7)

Si tú quieres atesorar un texto bíblico pequeño, conciso y preciso que signifique una síntesis de lo que es la trascendencia espiritual, ese texto es el que hoy has leído. Un malvado es alguien a quien se considera muy malo y perverso. Pero al mismo tiempo es alguien que, como cualquier ser humano mortal, tiene esperanzas. Mientras la esperanza de los hijos de Dios trasciende a su muerte física, la de los malvados termina con su ataúd y sepultura. Un malvado, (que en algunos casos no ha caído en cuenta que lo es, y cree estar haciendo lo correcto), también tiene ilusiones. Sus ilusiones tienen que ver con su ambición de poder. El cristiano muere físicamente y ese poder queda sostenido en Dios. Un malvado muere y con su muerte esa ilusión se extingue para siempre. ¿No es tremendamente triste?

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[16]

«¡Por causa de Cristo, nosotros somos los ignorantes; ustedes, en Cristo, son los inteligentes! ¡Los débiles somos nosotros; los fuertes son ustedes! ¡A ustedes se les estima, a nosotros se nos desprecia!» (1 Corintios 4:10)

¿Importa, realmente, la literalidad respecto a quienes les dice esto Pablo? No. Pablo se los dice a todos los no genuinos encaramados en posiciones de genuinos. Pablo se lo está diciendo hoy a Babilonia. Las organizaciones religiosas actuales, de cualquier credo o denominación, se precian de ser muy inteligentes. Y si observamos sus “éxitos” numerológicos de crecimiento eclesiástico, deberemos coincidir con ellos. También se sienten fuertes, ya que pueden decidir quiénes pueden estar en sus templos y quiénes no; quiénes pueden ministrar públicamente y quiénes no; quiénes pueden utilizar sus emisoras de radio y quiénes no. Y se sienten estimados por todos los suyos, que semana tras semana les rinde homenajes, reconocimientos, pleitesías, alabanzas y adulaciones. ¿Nosotros? En el otro extremo. Ignorantes, débiles, despreciados. ¿De que lado estás? No importa lo que digas, importa lo que Dios ve y sabe…

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[17]

«Oh Señor, soberano nuestro, ¡Qué imponente es tu nombre en toda la tierra! ¡Has puesto tu gloria sobre los cielos!» (Salmo 8:1)

Pregunto: Para un cristiano que se precie de serlo; para un creyente con todas las de la ley; ¿Acaso hay algo que esté por encima del cielo? No. No hay absolutamente nada que pueda encaramarse por encima de lo que es la imagen plena de lo superior: el cielo. Ese cielo de Dios, lugar de su residencia, lugar de nuestro futuro, lugar desconocido, inimaginado. El cielo. Dios. Imponente es Su nombre. De eso nadie tiene dudas, ¿Verdad? Sin embargo, con todo lo que nuestra capacidad imaginativa puede producir, la pregunta, es: ¿Alguien se atreve a imaginar a un Dios que muestra y exhibe su gloria por encima de todos los cielos? No. Porque no hay mente humana, finita, mortal, capaz de racionalizar e imaginar eso. Por eso dice la Palabra que el justo por su fe vivirá. De no ser por su fe, no hay modo…

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[18]

«Después de promulgar todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, Moisés tomó la sangre de los becerros junto con agua, lana escarlata y ramas de hisopo, y roció el libro de la ley y a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios ha mandado que ustedes cumplan.» (Hebreos 9:19-20)

Lo que Moisés cumplimenta es un ritual de largo alcance destinado a decretar el respeto al pacto establecido por parte del pueblo de Dios. Hasta aquí, no creo que esté diciéndote nada nuevo. Es muy probable que hayas estudiado esto de un modo mucho más profundo y lleno de ribetes históricos, sociales, geopolíticos y hasta raciales. Y está bien que lo hayas hecho. Ahora pregunto: ¿No encontraste algo más especial dentro de esta historia, aparentemente ritual? Fíjate que dice que toda esa sangre del pacto se utilizó para rociar ¿Qué cosa? El libro de la ley. ¿Qué significado tiene esto, en este tiempo, para nosotros? Que la sangre del nuevo pacto, indiscutiblemente y además de servir para lavarte y redimirte, también sirve para rociar la Palabra de Dios. Y no es un ritual, es un compromiso.

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[19]

«En aquel día ni el remanente de Israel ni los sobrevivientes del pueblo de Jacob volverán a apoyarse en quien los hirió de muerte, sino que su apoyo verdadero será el Señor, el Santo de Israel.» (Isaías 10:20)

¿Quieres que te diga algo sorprendente? ¡Este es ese tiempo! ¡Eso es, exactamente, lo que estamos viviendo en este tiempo! El remanente santo, sobreviviente espiritual de lo que queda de nuestras iglesias, otrora ungidas y llenas de presencia de Dios, ahora humanizadas, científicas, filosóficas, psicológicas no retornará a las mismas prácticas ritualistas y tradicionalistas de las que han huido. A todos los que han salido de Babilonia y están preguntando cómo deben hacer para relacionarse mediante sus iglesias, la respuesta es la que aquí podemos leer: su apoyo tendrá que ser, de aquí en adelante, el mismo Dios, el propio Señor de Señores y Rey de Reyes. La etapa de los ministros intermediarios como los antiguos sacerdotes, ha cesado. Sus propias iniquidades hicieron que Dios se retire de los templos. ¿Lo crees? ¡Amén! El Espíritu Santo te ha dado entendimiento. ¿No lo crees? Lo lamento. No puedo hacer nada desde lo humano para que lo veas.

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[20]

«El justo se salva de la calamidad, pero la desgracia le sobreviene al malvado.» (Proverbios 11:8)

Una calamidad es una desgracia o un infortunio que alcanza a muchas personas. Dice la Palabra del Señor mediante estos Proverbios, que el justo, (esto es: el creyente, el hijo de Dios), se salvará de ella. Por tanto, aunque las mil plagas del cielo sacudan a tu Egipto, tú sigue aferrado a la mano de tu Señor, ya que Él mismo ha dicho y prometido mediante sus siervos inspirados, que no te dejará desamparado y su protección te cubrirá siempre. Esa es la única manera en que podrías quedar a salvo de algo que alcance a tanta gente. Muy por el contrario, una desgracia es un suceso adverso o funesto. En suma, una des-gracia es exactamente eso lo que dice la palabra: una pérdida de la Gracia. Y esto, es obvio, solamente puede ocurrirles a los malvados que pretenden vivir no sólo sin Dios, sino en franca oposición a Él.

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[21]

«Hasta el momento pasamos hambre, tenemos sed, nos falta ropa, se nos maltrata, no tenemos donde vivir.» (1 Corintios 4:11)

Quiero que no te pierdas del contexto global y recuerdes, por un momento y de manera permanente, que quien está diciendo esto es nada menos que el gran Apóstol San Pablo. El ungido del Señor. El Gran Siervo de Dios. El hombre que tomó indudablemente la posta que dejó Jesús. ¿Entiendes lo que estoy tratando de enseñarte? Sí que lo entiendes. Ya has visto que si Pablo viviera hoy y dijera estas cosas o las viviera, sería considerado adentro de las iglesias como un pobre chiflado. ¿Por qué? Porque hoy se mide la unción, la sabiduría y el poder de Dios reflejado en un hombre, conforme a sus éxitos y su bienestar material y económico. ¿Qué locos, no? ¿Cómo vamos a cambiar tanto el fundamento que Dios le dio a su palabra? ¡Ah, no sé! Pregúntaselo a los cultores de la religión evangélica, a los modernos doctores de la ley. O a los escribas y fariseos del siglo veintiuno…

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[22]

«Por causa de tus adversarios has hecho que brote la alabanza de labios de los pequeñitos y de los niños de pecho, para silenciar al enemigo y al rebelde.» (Salmo 8:2)

¿Cómo es un enemigo? No tiene forma, figura ni expresión humana palpable. Un enemigo es una persona que tiene mala voluntad a otra y le desea o le hace mal. Diablo es enemigo, así como Satanás es adversario. Por tanto, lo que aquí te está diciendo el salmista es que por causa de la actividad satánica que oprime tu vida y las de todos los hijos de Dios, es que se levanta la alabanza de los más pequeños en espíritu, de los muy niños que todavía se alimentan de la leche materna. Dice que de esa manera se silenciará al diablo, que es el espíritu de Satanás morando y operando en cualquier persona física. Y, en conjunto con esto, se lo coloca al rebelde. El rebelde no es aquel que desobedece a un líder que lo manda a barrer el templo; un rebelde es quien desoye, desprecia, minimiza y soslaya la voluntad de Dios mismo brindada a través de su Palabra escrita. Que conste.

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[23]

«De la misma manera roció con la sangre el tabernáculo y todos los objetos que se usaban en el culto.» (Hebreos 9:21)

¿Qué es el tabernáculo? Históricamente, una especie de tienda móvil que se utilizaba como santuario, como templo. Tenía un cerco amplio que se llamaba Atrio, luego un sitio más reducido que era el Lugar Santo y, finalmente, un pequeño espacio donde solo ingresaba el sacerdote que se llamaba el Lugar Santísimo. Dice que eso fue rociado por la sangre de aquel primer pacto. ¿Qué simboliza esto, hoy? A la iglesia. No a ese templo que conoces tan bien y al que asistes una o más veces en la semana. La iglesia es el hombre y el hombre es un tabernáculo viviente. Tú y yo, por tanto, somos rociados hoy mismo por la sangre del Nuevo Pacto en Jesucristo. ¿Para qué? Para que tengamos vida abundante y eterna. La alternativa clave de todo esto, es: ¿Lo aceptarás? ¿Dejarás que Él lo haga en ti? ¿O te opondrás e insistirás en hacer tu propia voluntad? Esa es tu decisión.

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[24]

«Y un remanente volverá, un remanente de Jacob volverá al Dios poderoso.» (Isaías 10:21)

¿Te has fijado con atención que repite por dos veces el concepto relacionado con que el remanente volverá? Primero dice que es UN remanente, y luego, directa y concretamente, habla del remanente de Jacob, esto es: la iglesia. Esto puede tener varios significados, conforme sea el ángulo desde donde se lo quiera tomar. Sin embargo, tiene uno que es absolutamente visible y frontal: que hay un remanente que volverá al Dios Todopoderoso. El asunto a tratar es saber adónde estaba antes ese remanente. Según nuestra visión de las cosas de Dios en este tiempo, se trata de auténticos y genuinos hijos de Dios que se encontraban prisioneros de las estructuras eclesiásticas y religiosas de Babilonia. Y el volverse a Dios, no significa mudarse de congregación; significa refugiarse en una intimidad y una relación personal con el Señor que nadie antes ha pregonado lo suficiente como para que quienes buscan, encuentren.

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[25]

«Con la boca el impío destruye a su prójimo, pero los justos se libran por el conocimiento.» (Proverbios 11:9)

La boca del impío, alguien que no vive conforme a los dictados del Espíritu sino de su alma, no puede abrirse jamás para bendición. De ella sólo mana lo negativo, lo funesto, lo trágico. En suma: cuando su boca se abre, tal como lo dice aquí, sólo es para destilar maldición. Esto es: decir mal, hablar de maldades, predecir cosas malas. Con esto se tiende a destruir a los demás. El justo tiene otra posibilidad, que es la del conocimiento. ¿Significa esto que tendrá que estudiar teología todo el tiempo para librarse? En absoluto. Cuando la Biblia habla de conocimiento, esto siempre tiene que ver con intimidad, con relación profunda y personal. ¿Tienes intimidad con el Señor? ¿Sí? Entonces concebirás de Él paz, amor, templanza y todo lo que te libre del día malo.

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[26]

«Con estas manos nos matamos trabajando. Si nos maldicen, bendecimos; si nos persiguen, lo soportamos; si nos calumnian, los tratamos con gentileza. Se nos considera la escoria de la tierra, la basura del mundo, y así hasta el día de hoy.» (1 Corintios 4:12-13)

¿Nunca te ha llamado la atención que Pablo termina este texto con cinco palabras que no están puestas allí por mero azar? Él dice que todo esto que ha venido diciendo, (y que es mucho más fuerte que lo que cualquiera de nosotros podamos decir hoy de las estructuras religiosas) está vigente “hasta el día de hoy”. ¿Y cuál será, en este caso, ese “día de hoy”. Mira; yo aprendí que cuando la Biblia habla, es el Espíritu Santo que mora en ti quien interpreta, muy a despecho, en muchas ocasiones, de las elucubraciones oportunistas de tantos y tantos teólogos. Y que cuando la Biblia dice “todo”, quiere decir exactamente eso: Todo. Ningún ser humano mortal puede decirlo porque es un término eterno. Lo mismo cuando dice “nada”, “nunca” y “siempre”. Por tanto, cuando dice “hoy”, déjame que mire a mi alrededor, mi propia vida, mi propio ministerio, y crea fielmente que está hablando de “Hoy”, la fecha que ves arriba: 26 de Junio de 2007.

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[27]

«Cuando contemplo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que allí fijaste, me pregunto: ¿Qué es el hombre, para que en él pienses? ¿Qué es el ser humano, para que lo tomes en cuenta?» (Salmo 8:3-4)

¿Nunca te has sentido delante de la inmensidad de un firmamento oscuro, lleno de estrellas, en una noche de verano, lleno o llena de esa tremenda sensación de pequeñez que tan bien refleja el salmista? ¿Te habrás hecho la misma pregunta, o quizás alguna similar? Quizás hoy mismo puedas contemplar los cielos, obra de los dedos de Dios, la luna y las estrellas. Y quizás, en ese mismo momento, tú también tengas la duda existencial sublime: ¿Piensa Dios en mí? ¿Me tiene en cuenta? ¿Tengo algún valor para el Rey de reyes y Señor de señores? Hay una respuesta que el salmista no da, pero que la Palabra toda se encarga de esclarecer. El hombre es lo máximo en la mente de Dios y lo tiene y tendrá por siempre jamás en cuenta porque en él se esmeró en un todo y por él creó todo lo que ves y disfrutas. ¿Es poco?

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[28]

«De hecho, la ley exige que casi todo sea purificado con sangre, pues sin derramamiento de sangre no hay perdón.» (Hebreos 9:22)

Este es el punto clave a tener en cuenta a la hora de la predicación del evangelio. Fundamentalmente, si has de predicarle a un judío, a alguien que conoce la escritura antigua mucho mejor que tú y que yo. Porque no vas a convencer jamás a un buen judío sobre la deidad de Cristo y todo eso que procuramos decirle, si no le demostramos que hay un perdón y una remisión de sus pecados obtenida con sangre. Ellos saben muy bien que sin derramamiento de sangre no hay perdón, por eso es que no entienden nuestras divagaciones religiosas sin mencionarla. Pero lo cierto es que la Palabra, (aquí lo ves muy claro), lo dice y esto es muy importante para ellos y para obtener salvación verdadera por parte de un pueblo que fuera elegido como vehículo de esa salvación.

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[29]

«Israel, aunque tu pueblo sea como la arena del mar, sólo un remanente volverá. Se ha decretado destrucción, abrumadora justicia.» (Isaías 10:22)

¿Cuántos cristianos nominales hay en el planeta? Si contamos debidamente las iglesias que aseguran ser cristianas, indudablemente, miles de millones. ¿Son todos cristianos, realmente? Si preguntas en esas iglesias, te dirán que sí, que lo son. Por tanto, bajo esta óptica, miles de millones de personas en el mundo, son salvas. Tú, que seguramente tienes enfrentamientos domésticos con otros credos aparentemente cristianos, moverás tu cabeza con dudas, ¿Verdad? Calma. No voy a propiciar yo esas dudas tuyas. Simplemente hoy te he dado una palabra que confirma esas y otras dudas. El pueblo masivo que dice ser de Dios, es como la arena del mar: incontable. Pero el que vuelve y encuentra de verdad a Dios, es un remanente. Y remanente significa “algo que queda de” o “lo mejor de algo que queda en pie”. Y si crees que esto está traído de los cabellos, piensa: ¿Fue destruido el pueblo de Israel? Si entiendes que no, entonces habrá algo, hoy, que sí lo será.

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[30]

«Cuando el justo prospera, la ciudad se alegra; cuando el malvado perece, hay gran regocijo.» (Proverbios 11:10)

¿Es, acaso, una fortuna en dinero, la única forma en que podemos considerar a alguien como próspero? No. Según los rudimentos del mundo secular, quizás sí, pero dentro del pueblo de Dios en modo alguno puede tomarse de igual manera. Alguien prospera cuando encuentra valores que nadie más o muy pocos pueden atesorar o conocer. Esto es lo que Dios tiene reservado para sus hijos, los justos de siempre. La otra duda que surge, es: ¿Un hijo de Dios bien intencionado puede sentir regocijo si muere un malvado? No. ¡Entonces la Biblia se contradice! En absoluto. Porque aquí habla de perecer, y eso no significa necesariamente morir. También puede ser padecer un gran daño, trabajo, fatiga o molestia de una pasión. También es padecer una ruina espiritual, especialmente la extrema de la eterna condenación. Eso es lo que dicen los diccionarios seculares. Si ellos lo dicen…

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Actualizada 01/08/2007

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