"Palabra de Vida"

Biblioteca Bíblica en Línea

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"Cristo es el Camino, la Verdad
 y la Vida".

Estudios, Mensajes, Pensamientos y Reflexiones sobre la Palabra de Dios. 

"Hacia la Salvación de Toda la Humanidad". 

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Néstor Martínez

 

 Mayo de 2007

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[01]

«Esposas, sométanse a sus esposos, como conviene en el Señor.» (Colosenses 3:18)

Si hay un texto que ha desencadenado no pocos problemas, (algunos de ellos muy graves), ése es éste. O, al menos, es uno de ellos, ya que hay otros similares. ¿Qué vas a interpretar de este verso? ¿Tal vez que una mujer debe someterse a su marido en cualquier situación, condición, conducta y comportamiento? Eso es lo que mayoritariamente se ha entendido, pero a nadie se le ocurrió pensar ni un segundo que, algo así, no es compatible con la mente de Dios. Si Dios es preponderantemente amor, resulta inconcebible que pueda propiciar tamaña barbaridad. El sometimiento de una esposa a su esposo, es únicamente viable cuando éste es, efectiva y prácticamente, cabeza espiritual del hogar. Y esto no quiere decir credenciales, cargos o posiciones eclesiásticas. Esto quiere decir un hombre santo, recto, íntegro y sabio. A ese esposo se somete una esposa, no a una bestia cruel, violenta y religiosa.

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[02]

«Que en torno tuyo se reúnan los pueblos; reina sobre ellos desde lo alto.» (Salmo 7:7)

La idea del salmista es que los pueblos se reúnan en torno a Dios para que así Él pueda reinar sobre ellos. La pregunta, es: ¿Es necesario esa reunión para que Dios pueda reinar? Desde lo conceptual y teniendo en cuenta el poderío y majestuosidad de nuestro Dios, seguramente que no. Pero si prestamos atención a la obediencia y entrega de su pueblo, es notorio que algo nos está faltando. Ese algo puede ser la presencia del señorío de Dios en nuestras vidas. Requisito indispensable para ser más que vencedores. ¿Y como conseguirlo? No será precisamente acudiendo a un templo a ejercitar rituales diversos una o dos veces a la semana. Será, indudablemente, cobijándonos en su presencia, lo que equivale a decir: reuniéndonos a su alrededor.

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[03]

«Juan dio testimonio de él, y a voz en cuello proclamó: “Este es aquel de quien yo decía: El que viene después de mí es superior a mí, porque existía antes que yo.”» (Juan 1:15)

Juan el Bautista tenía muy claro el rol que le competía en esta historia. Él vino solamente a abrirle camino al que realmente venía a hacer la obra. De allí que su tarea, por más que captara adeptos y simpatizantes, no tenía en absoluto ningún sello personal sino distintivo de lo que luego sucedería. Jesús no se bautizó en el Jordán solamente para cumplir con la ley de su gente; también lo hizo para respaldar el trabajo desinteresado de sí mismo que Juan había realizado. Ese es exactamente el espíritu que hoy necesita desesperadamente la iglesia: el de Juan el Bautista. Que en cada actividad pueda dejar en evidencia que toda la importancia está en el que viene detrás y no en sí misma. Cuando la iglesia o sus hombres pretenden glorificarse a sí mismos, se deja de glorificar a Jesucristo.

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[04]

«Cuando el Señor termine lo que va a hacer contra el monte Sión y contra Jerusalén, él dirá: “Castigaré el fruto del orgulloso corazón del rey de Asiria y la arrogancia de sus ojos.» (Isaías 10:12)

Quiero que entiendas en primer término que, tanto el monte de Sión como Jerusalén, son hoy tipologías de la iglesia. El rey de Asiria, mientras tanto, simboliza de alguna manera al liderazgo global de esa iglesia presente. Y Él nos dice que el corazón de ese liderazgo está cargado de orgullo. Un orgullo que seguramente está fundamentado en los éxitos domésticos con que muchos líderes se envanecen y confían. Crecimiento numérico de sus congregaciones, mucho dinero por ofrendas ingresado a sus arcas y cosas por el estilo. Eso produce inevitable orgullo y, como consecuencia de ello, arrogancia extrema en sus ojos. Nadie puede discutir dentro de una congregación local las órdenes del pastor. Nadie puede discutir en el plano denominacional las directivas de sus principales referentes. De allí a suponer erróneamente que nadie (ni siquiera Dios) puede discutir sus resoluciones, hay un paso. Un paso que despeñará a esos hombres y mujeres en la tiniebla de la equivocación.

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[05]

«Esposos, amen a sus esposas y no sean duros con ellas.» (Colosenses 3:19)

Este es un texto que se inserta a continuación de uno que señala que las esposas deben someterse a sus esposos, porque eso conviene en el Señor. Ahora bien. ¿Será que ese sometimiento es únicamente de las esposas para con sus maridos y no mutuo? ¡Hermano! ¡No dice nada que sea mutuo! ¡Dice solamente esposas! ¿Ah, sí? Entonces, el amar al otro y no ser duro con él, ¿Será solamente obligación del hombre? ¿La esposa no tiene obligación espiritual alguna de amar a su esposo? ¡Hermano! ¡Es obvio que sí aunque no se diga! ¿Ah, sí? Entonces también resultará obvio que el sometimiento conyugal también será de ida y vuelta. ¿Y de donde saca eso usted, hermano? No los saco de ninguna galera de mago. Lo saco de un texto básico que nos dice que debemos someternos los unos a los otros.

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[06]

«¡El Señor juzgará a los pueblos! Júzgame, Señor, conforme a mi justicia; págame conforme a mi inocencia.» (Salmo 7:8)

Aquí hay tres aspectos de una misma situación. En primer lugar, el salmista reconoce la soberanía de Dios sobre todos los pueblos. Eso es bueno y es correcto. Luego, le dice que lo juzgue, no conforme a Su justicia (la justicia de Dios), sino conforme a Mi justicia, (la justicia del escritor). ¿Por qué pide esto? Porque sabe que conforme a la justicia de Dios nadie saldrá indemne, y él se considera inocente en muchas de las cosas que podrán adjudicársele como pecado. De allí que en tercer término, le pida a Dios que le pague, (que es el equivalente una vez más a decirle que lo evalúe, lo juzgue) conforme a su grado de inocencia de las cosas. ¿Deberemos pedir lo mismo? No. Deberemos pedirle a Dios que juzgue nuestras vidas conforme a Su justicia y la rectitud de nuestro corazón. Los errores son siempre posibles, pero la premeditación no.

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[07]

«De su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia, pues la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.» (Juan 1:16-17)

Muchos enseñan estas cosas como si aquí, en lugar de decir “gracia sobre gracia”, dijera “gracia en reemplazo de gracia”. Se trata de añadir una bendición encima de la que ya estaba, agrandarla, mejorarla, llevarla al máximo. De ninguna manera dejar sin efecto la anterior para poner en marcha esta. Estoy hablando de la gracia, que lo único que sí deja sin efecto y la reemplaza, es a la ley de Moisés. Una ley que en su momento fue buena, pero que hoy ya no tiene efecto alguno para con el Reino de Dios y que, de cultivarla, lo único que se consigue es quedar automáticamente bajo su maldición. No se trata de sugerirle a la gente que no sea legalista, se trata de enseñarle que si lo es, caerá bajo maldición.

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[08]

«Porque afirma: Esto lo hizo el poder de mi mano; lo hizo mi sabiduría, porque soy inteligente. He cambiado la frontera de los pueblos, he saqueado sus tesoros; como un guerrero poderoso he derribado a sus reyes.» (Isaías 10:13)

Este suele ser, símbolos mediante, los argumentos con que muchos líderes justifican sus actos y sus movimientos. Olvidan de un modo increíble la presencia o no del Señor en sus vidas y se auto convencen muy rápidamente, (ayudados por la adulación de sus seguidores), que todo el éxito que pueden mostrar en sus congregaciones o grupos, ha sido logrado por el poder de sus manos, por sus sabidurías personales, producto de instrucción teológica profesional y su propia inteligencia. Ya veo tu rostro de incredulidad y tu pregunta: ¿Pero realmente pueden llegar a creerse esa mentira? Sí. Que no te quepan dudas que la creen. Y tanto es así que, muchos de ellos, andan por el mundo brindando conferencias (muy bien remuneradas) referentes a formas de conseguir crecimiento en la iglesia. ¿Pero no es que la Biblia dice que el crecimiento solamente lo da Dios? Sí, pero ellos ya hace mucho tiempo han dejado de leer la Biblia porque no les resulta necesario…

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[09]

«El vino lleva a la insolencia, y la bebida embriagante al escándalo; ¡Nadie bajo sus efectos se comporta sabiamente!» (Proverbios 20:1)

Creo que este proverbio, más allá de evidenciar la sabiduría con que está escrito, no te deja nada que no sepas. Sin embargo, será muy bueno tenerlo muy en cuenta, ya que no todos los cristianos tienen a este asunto en la misma óptica. En algunos lugares, ya sea por cultura o por idiosincrasia o tradiciones ancestrales, el beber alcohol puede, inclusive, estar no sólo bien visto, sino además tomado como síntoma de mucha “hombría”. En algunos ambientes juveniles se ha llegado a competir para comprobar quién bebe más y con mayor velocidad, sin detenerse a pensar que no solamente ocurre lo aquí descrito con el bebedor, sino que también corre un riesgo en el plano de su salud realmente innecesario. Alcohol es símbolo de necedad, insolencia, escándalo y falta total de sabiduría. Que se sepa y que se enseñe.

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[10]

«Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor.» (Colosenses 3:20)

¿Deben los hijos ser obedientes con sus padres? Es lo ideal. Pero con mucho cuidado: es lo ideal cuando los padres son lo que deben ser conforme al propósito y la voluntad de Dios. No te olvides que hay padres que han llegado a abusar de sus propios hijos, y mucho me temo que este texto no los incluye. Hemos sido tan biblistas a la hora de pretender ser obedientes, que hemos llegado a extremos casi lindantes con el ridículo y la peligrosidad. Aquí sucede lo mismo que con la sujeción a líderes del Señor. Cuando alguien viene realmente de parte de Dios, sujetarse y someterse no es un esfuerzo, es un privilegio y un placer. Así es también cuando un padre es lo que debe ser, tanto en lo cotidiano como delante del Señor. No habrá hijo que no experimente privilegio y placer por someterse y obedecerle en todo. En otro caso, es absolutamente lo opuesto.

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[11]

«Dios justo, que examinas mente y corazón, acaba con la maldad de los malvados y mantén firme al que es justo.» (Salmo 7:9)

Aquí es donde el salmista, que viene previniendo a Dios sobre como debería juzgarlo, pone las cosas en su debido sitio. Se juega entendiendo que puede haber cometido infinidad de errores que lo pueden haber convertido en un pecador de alto nivel. Pero también confía en que nada de ello ha sido hecho con premeditación y alevosía, sino por ignorancia o inocencia, y entonces confronta a Dios para que tenga en cuenta el estado de su corazón y lo juzgue de acuerdo a lo que vea en él. En eso es en lo que todavía fallamos nosotros. Cuando juzgamos a alguien lo hacemos desde el único lugar en que nos es posible: lo externo. Pero no ponemos en manos de Dios el juicio definitivo cuando solamente Él esta en capacidad de conocer el corazón del supuesto pecador disciplinado.

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[12]

«A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito, que es Dios y que vive en unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer.» (Juan 1:18)

¿Cuántos dibujos de Dios representado como un anciano de larga barba blanca has visto? Simples ocurrencias de dibujantes con mucha imaginación pero con escaso entendimiento. A Dios nadie le vio jamás y nadie puede graficarlo con un dibujo. ¿Por qué? Porque cuando la Palabra dice que nosotros, cada uno de nosotros, ha sido creado a Su imagen y a Su semejanza, no se refiere solamente a una persona de la Trinidad, sino a dos. La imagen de Dios es ser espíritu. Dios es espíritu y nosotros también. Somos un espíritu al cual se le ha dado un alma y que, mientras esté en el planeta, habita en una caja descartable llamada cuerpo. La semejanza, mientras, es al Hijo, que sí tuvo imagen de hombre en Jesús. Lo que luego nosotros deberemos hacer es vivir conforme a ese nivel de creación. ¿Lo estás intentando?

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[13]

«Como quien mete la mano en un nido, me he adueñado de la riqueza de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, me he apoderado de toda la tierra; y no hubo nadie que aleteara ni abriera el pico y chillara.» (Isaías 10:14)

El símbolo estremece. En muchos casos terminas preguntándote si no será demasiado mal intencionada la comparación con el liderazgo eclesiástico. Casi que suena como a resentimientos no resueltos o rencores no solucionados. Sin embargo no es así. Hay antecedentes a granel que en otras palabras hablan de esto mismo. De gente que no vacila en meter sus manos en los nidos ajenos y sacar para sí mismos lo que allí se guarda. Hay gente que toma vidas abandonadas y, en lugar de restaurarlas para Dios y para vida eterna, las restauran para servicio a sí mismo. Y, finalmente, todas estas cosas se han producido sin que nadie abra el pico. ¿Miedo? Cultura religiosa. No toquen al ungido. No hablen mal del siervo. Métodos defensivos de la corrupción que, por años, han defendido delincuencias.

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[14]

«Rugido de león es la furia del rey; quien provoca su enojo se juega la vida.» (Proverbio 20:2)

¿De qué rey se supone que se está hablando aquí? Indudablemente, del que nosotros hemos dado en llamar “el Rey de reyes y Señor de señores”. ¿Y qué es lo que se dice de Él? Que es tremenda su furia. Y que sería una verdadera tontería de parte de cualquier ser humano provocar su enojo. ¿Por qué? ¡Si Dios es amor! Sí, Dios es amor, sin ninguna duda. Pero Dios es justicia, Dios es fuego consumidor y decenas de adjetivos más. Dios es todo eso y, esencialmente, no puede ni quiere ser burlado. ¿Y me creerás si te digo que hay hombres que pretenden ser más inteligentes que Dios y engañarlo haciéndose pasar por piadosos y fieles? ¿No entienden que Él mira sus corazones y lo sabe todo? No, porque esos hombres tienen lo peor que puede mostrársele a Dios, lo que más le desagrada. Incredulidad. Y eso provoca su enojo. ¿Y qué ocurre según este texto cuando Dios se enoja? No lo dice, pero sí asegura que ello puede costarte la vida. ¿Física? ¿Espiritual? Toma lo que quieras, igualmente es importante.

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[15]

«Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen.» (Colosenses 3:21)

Esto no siempre está demasiado claro en la mente de muchos padres. Es norma que, fundamentalmente adentro de la iglesia, ciertos severos y legalistas padres no vacilan en exigirles respeto, obediencia, sujeción y sometimiento a sus hijos. Nadie puede discutir que eso no esté escrito y recomendado. Pero se olvidan de la otra parte, de la que también está escrita y recomendada. Los padres deben respetar a sus hijos. Y respetarlos implica, entre otras cosas, no actuar de modo que con sus comportamientos, exasperen a los jóvenes. ¿Es que eso es posible? Obviamente que sí. Por algo el Señor se encargó de advertirlo mediante la pluma de Pablo. Una cosa es traspasarle nuestra experiencia a nuestros hijos, y otra muy distinta fastidiarlos con advertencias que los hacen quedar como infradotados, delincuentes o algo peor si no lo son.

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[16]

«Mi escudo está en Dios, que salva a los de corazón recto.» (Salmo 7:10)

¿Qué es un escudo? No te confundas, no es una coraza que colocas en tu cuerpo, sino un accesorio de combate. ¿Y no es la misma cosa? No, no es lo mismo. Porque una coraza te será útil aún sentado a la sombra de un árbol no haciendo nada, en tanto que un escudo solamente te será útil en el combate. Esto quiere decir una sola cosa. Cuando el salmista dice que Dios es su escudo, está diciendo que ese escudo divino es su reaseguro de combate. Y también te está señalando que, si no piensas combatir en este ejército de Jehová, será mejor que te alejes. Porque si estás en el campo de batalla, serás atacado indefectiblemente por el simple hecho de vestir el uniforme del cielo. Por tanto, o conviertes a Dios en tu escudo o te pierdes. ¿Cuál es el requisito? Uno solo: ser de corazón recto. ¿Puedes?

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[17]

«Este es el testimonio de Juan cuando los judíos de Jerusalén enviaron sacerdotes y levitas a preguntarle quien era.» (Juan 1:19)

Así es como funciona esto. Así fue en la época de Juan el Bautista, su ministerio y la antesala de la venida de Jesús, y así sigue siendo hoy, cuando la iglesia debe cumplir el mismo rol de Juan: anunciar la segunda venida del mismo Jesús que ascendió al Padre. Sólo con una diferencia: la primera fue para redención, la segunda será para juicio. ¿Y cómo reacciona la iglesia estructural, consolidada y de alguna manera “oficializada” en el tiempo? Del mismo modo que aquellos judíos que enviaron emisarios a preguntarle a Juan quién era. Desconfiando, dudando, poniendo en tela de juicio que, si algo provenía de Dios y no salía de ellos, no podía ser verdad. En aquel momento lo fue, hoy no tiene por qué ser distinto. Que esto sirva de sana advertencia a todos aquellos que suponen que, si algo no tiene credenciales, títulos o nombramientos oficiales, igualmente puede venir de parte de Dios, que no sólo no los necesita, sino que incluso no los avala.

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[18]

«¿Puede acaso gloriarse el hacha más que el que la maneja, o jactarse la sierra contra quien la usa? ¡Como si pudiera el bastón manejar a quien lo tiene en la mano, o la frágil vara pudiera levantar a quien pesa más que la madera!» (Isaías 10:15)

En algunas conferencias que me ha tocado brindarle al pueblo de Dios hambriento de Palabra fresca, siempre he tenido como prioridad un ejemplo simple sobre la dependencia al Señor que tiene que ver con este que este texto nos entrega. Un eminente cirujano realiza una tremenda intervención donde extirpa un peligroso tumor y restaura el órgano afectado poniéndolo nuevamente en funcionamiento correcto. Es obvio que, para ese trabajo, ese cirujano ha debido usar distintas herramientas específicas y especiales que existen en los quirófanos. Pregunto: El paciente al cual se le ha salvado la vida, ¿Deberá agradecerle al cirujano por su brillante trabajo o tendrá que hacerlo con cada una de las herramientas utilizadas? Parece hasta tonto, ¿Verdad? Cualquiera sabe que tendrá que agradecerle al cirujano. Sin embargo, una gran parte de ese paciente que llamamos iglesia, sigue enamorada de las herramientas y casi olvida al cirujano…

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[19]

«Honroso es al hombre evitar la contienda, pero no hay necio que no inicie un pleito.» (Proverbios 20:3)

¡Uf! ¡Qué bueno sería copiar este proverbio en distintos tipos y tamaño de letras y pegarlo en las paredes de todos los templos cristianos del mundo! Porque si existe un sitio de permanente contienda, (a veces por verdaderas tonterías; a veces por causas mucho más graves), ese sitio es la iglesia. ¿Nunca has sido testigo de algunas de esas peleas casi infantiles que se producen en el seno de cualquier congregación? ¿Nadie podrá decirles a estos hermanitos que cuando inician una contienda, sea por la causa que fuera, se convierten en necios? - ¡Pero es que yo tengo razón, hermano! ¡La culpa la tienen los otros! – No le hace. Aquí dice que quien inicia la contienda es necio y créeme que así es como Dios te ve cuando tú eres ese necio…

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[20]

«Esclavos, obedezcan en todo a sus amos terrenales, no sólo cuando ellos los estén mirando, como si ustedes quisieran ganarse el favor humano, sino con integridad de corazón y por respeto al Señor.» (Colosenses 3:22)

Esto tiene que ver con otro texto que nos recomienda en general manejarnos en nuestras labores como si ellas fueran para el Señor mismo, y no para patrones, empleadores o jefes humanos. Y lo explico así porque es indudable que hoy ya no existe la esclavitud como tal, pero si algo que es de común denominador en este siglo: la relación de dependencia. Aunque también podemos llevarlo al terreno espiritual y de tipología. Si tú eres esclavo de Jesucristo, como realmente deberás serlo, tendrás que ser obediente de Él en todo y no meramente con expresiones externas para quedar bien delante de quienes te observan, sino en lo íntimo y personal.

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[21]

«Dios es un juez justo, un Dios que en todo tiempo manifiesta su enojo.» (Salmo 7:11)

¿Acaso este texto nos está diciendo que nuestro Dios es un Dios que vive permanentemente enojado? Aunque te parezca imposible, hay gente que ha entendido eso, fíjate. Y allí es donde le ha prodigado a Dios una imagen cruel de anciano malhumorado y castigador con la que suele pintárselo en alguna historieta. Sin embargo, aquí no dice eso. Dice que Dios es justo, lo cual no es precisamente poca cosa. ¿Qué hombre es justo sobre la tierra? Ninguno. Dios lo es. Y luego agrega que, en virtud de esa justicia plena con la que se maneja, no incurre ni puede incurrir jamás en las clásicas hipocresías con las que suele manejarse la justicia de los hombres. Cuando tiene que juzgar, juzga y juzga con verdad. Y cuando tiene que enojarse, se enoja sin disimularlo. Eso es lo que dice.

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[22]

«No se negó a declararlo, sino que confesó con franqueza: Yo no soy el Cristo.» (Juan 1:20)

Por eso sostengo que la iglesia deberá estar regida en su operativa por el espíritu de Juan el Bautista, que indudablemente es el opuesto al que hoy evidencia en muchos sitios del planeta. Cuando debería estar enseñando lo que deberá suceder y, al mismo tiempo, dejando en claro que no es el Cristo sino su delegada en la tierra, muchos que buscan su gloria personal insisten en decir lo contrario. Y llevan a la gente que anda en búsqueda de milagros fáciles y de permisividades varias, al convencimiento de sus superpoderes, de sus condiciones lindantes con lo mesiánico y con una figura casi divina en lo personal que habrá de solucionarles todos los problemas. Y la gente entra por esa promesa y luego se frustra, se decepciona y, si no ha sido bien plantada en el evangelio, retorna al mundo y al pecado. ¿Tú crees, por ventura, que quien esto haga quedará sin juicio ni sentencia?

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[23]

«Por eso enviará el Señor, el Señor Todopoderoso, una enfermedad devastadora sobre sus robustos guerreros. En vez de honrarlos, les prenderá fuego, un fuego como de llama ardiente.» (Isaías 10:16)

Si cuando decimos “enfermedad”, solamente pensamos en un desequilibrio físico, no podremos menos que tener de nuestro Dios, esa imagen de Dios castigador y cruel que se ha enseñado en tantas de las alternativas autodenominadas como cristianas. Sin embargo, hay una ecuación que no por sencilla resultará menos contundente. Si la única muerte que a Dios le preocupa es la espiritual, ya que la física para Él no existe como tal, es más que obvio que, cuando habla de enfermedad, está hablando en el mismo nivel, en el mismo plano, en el mismo ámbito. La enfermedad espiritual es la peor de todas porque lleva al hombre indefectiblemente a la muerte espiritual. Y eso, exactamente eso, es lo que Él está asegurando que hará descender sobre todo ese liderazgo que actúa en verdaderos espectáculos circenses apartados del Dios genuino y que esperan una honra que nunca les llegará.

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[24]

«El perezoso no labra la tierra en otoño; en tiempo de cosecha buscará y no hallará.» (Proverbios 20:4)

Por esas raras paradojas que nos brinda nuestro planeta Tierra, las estaciones no son las mismas en un lugar y otro. Tú eres un lector europeo, por ejemplo, y en este mes de Mayo estás viviendo una primavera que ya se aproxima al hermoso sol y mar del verano. Yo estoy escribiendo esto en ese mismo mes, pero en un lugar del mundo donde, precisamente, es otoño y aproximándonos al frío del invierno. ¿Y qué haré? ¿Dejaré de labrar mi tierra porque ya no vivamos ese clima tan hermoso de calidez y abundante sol? Mis paisanos campesinos jamás harían algo así. Ellos saben perfectamente algo que aquí se nos dice claramente: que si no se labra y se siembra la tierra en el tiempo debido, en tiempo de cosecha será en vano que busquen fruto. Con la predicación de la Palabra, ocurre exactamente lo mismo. ¡Hazlo ahora, ya mismo! ¡No importa si hace frío o calor! ¡En el tiempo de la cosecha serás bendecido!

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[25]

«Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia. Ustedes sirven a Cristo el Señor.» (Colosenses 3:23-24)

¿Cuántos creen que enseñar esto, en este tiempo, resulta por lo menos innecesario? Hacen bien en pensarlo, pero créeme que no es así en la práctica. El hombre es muy dado a las apariencias, y aquí Pablo sabe muy bien de lo que está hablando. Y cuidado: no estoy hablando preponderantemente del comportamiento humano en el mundo, estoy refiriéndome concretamente a la tarea dentro de la iglesia. Porque no puedes negarme que en la mayor parte de las congregaciones, la gente le da prioridad a resultarle agradable al pastor y se preocupa mucho menos por buscar lo mismo con el Señor. ¿Hace falta reiterar que estamos sirviendo a Cristo el Señor y no a un hombre equis por importante que diga ser?

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[26]

«Si el malvado no se arrepiente, Dios afilará la espada y tensará el arco; ya ha preparado sus mortíferas armas; ya tiene listas sus llameantes saetas.» (Salmo 7:12-13)

¿Puedes imaginar a nuestro Dios portando una espada? Primero, deberíamos saber y ver de qué manera te imaginas a Dios, para luego adosarle ese elemento de combate. De todos modos, cualquier nivel de imaginación que tengas, te proporcionará, seguramente, una figura tremenda, terrible y digna de temer. No obstante, es inútil utilizar nuestra imaginación humana para eso. Porque la espada que Dios esgrime para combatir a sus enemigos, es la de su propia palabra. Porque la Palabra de Dios es apta y buena para aquel que la toma como alimento, guía y modelo. Pero del mismo modo, esa misma palabra se convierte en destrucción para todos los que pretenden burlarle.

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[27]

«¿Quién eres entonces? Le preguntaron. ¿Acaso eres Elías? No lo soy. ¿Eres el profeta? No lo soy.» (Juan 1:21)

Me pregunto cuántos de nuestros hombres, tan deseosos y necesitados de prestigio personal y ministerial, hubieran respondido lo mismo que Juan el Bautista ante las preguntas de los religiosos profesionales de su tiempo. Las congregaciones de hoy en día están plagadas de personas que aseguran ser profetas, visionarios o iluminados. ¿Lo son? Puede que alguno haya tenido algo de parte de Dios, pero si se equivocó al traerlo o lo hizo con formas no convenientes, es colocado en el mismo plano de los mentirosos. El ministerio profético existe y es real, activo y vigente, pero de ninguna manera hay que buscarlo en pavos reales que lo único que pretenden es que la gente vea sus colores, sus luces y su bullicio. Más bien habrá que ubicarlos entre aquellos anónimos que, en la intimidad, han conservado la comunión suficiente como para que el Señor pueda expresarse por su intermedio.

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[28]

«La luz de Israel se convertirá en fuego; su Santo se volverá una llama. En un solo día quemará sus espinos y consumirá sus zarzas.» (Isaías 10:17)

¿Cuál es la luz de Israel? Jesucristo. ¿Cuál es el Santo de Israel? Jesucristo. ¿Y qué cosa concreta para estos tiempos es Jesucristo? El Verbo encarnado. ¿Y qué es un Verbo encarnado? La Palabra activa de Dios hecha medida dinámica. Esto, mi amado hermano o amigo, es lo único que puede limar, purificar, cambiar, sacudir, consumir y encaminar debidamente tu vida de fe: el contacto con la Palabra fresca, genuina y copiada al instante de la boca de Dios mismo. Jesús dijo que Él nada decía por sí mismo, sino que hablaba lo que el Padre le daba. Nosotros deberemos hacer lo mismo. De otro modo, sólo se oirán discursos humanos, filosóficos, psicológicos, bien intencionados, pero carentes de la unción del Santo y sin la claridad meridiana de la luz de Israel, que hoy es lo mismo que decir: la luz de la Iglesia.

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[29]

«Los pensamientos humanos son aguas profundas; el que es inteligente los capta fácilmente.» (Proverbios 20:5)

¿Cuál es el comportamiento de alguien en aguas profundas? Puede pescar en superficie y extraerá una fauna singular y determinada. Puede arrojar las redes un poco más profundas y será otra clase de peces los que la llenarán. Puede conseguir un equipo de buceo e irse a cobrar piezas casi desconocidas a las máximas profundidades. ¿Qué significa esto? Que nunca jamás deberás desestimar el pensamiento de una persona. Porque que tú no lo entiendas o que te parezca algo superficial y vacío, no significa que lo sea. Puede suceder que tu inteligencia no alcance a interpretar lo que esa persona haya dicho o hecho, que es como decir que si no has pescado nada no es porque el mar esté vacío, sino porque no has utilizado los elementos aptos para esa profundidad.

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[30]

«El que hace el mal pagará por su propia maldad, y en esto no hay favoritismos.» (Colosenses 3:25)

Esto que Pablo nos asegura aquí, no tiene absolutamente nada que ver con las leyes o reglamentos que las iglesias locales tengan en su seno. Porque no se trata de que alguien en lo humano te asegure que lo ducho será estrictamente cierto a la hora de las definiciones. Esto que aquí se expresa tiene que ver, necesariamente, con la justicia de Dios, que es la única que no falla, que no se equivoca y que no se hace esperar. Será ahora, dentro de un mes, un año o un siglo, pero lo más importante para tu vida espiritual y de concepto eterno, es que será. La maldad se paga con creces e intereses y no existen favoritismos. Dios dice eso y lo cumple. Los hombres, (y entre ellos, muchos que dicen ser sus representantes), en absoluto.

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[31]

«Miren al preñado de maldad: concibió iniquidad y parirá mentira.» (Salmo 7:14)

¡Con qué tremenda facilidad el salmista resume el significado de la maldad cuando está incubada en el hombre! Preñado de maldad no es simplemente alguien que procede mal, sino alguien que está lleno de ese sentimiento de destrucción. ¿Y cuál será su futuro? Concebir iniquidad. Ese será su fruto. La maldad en cualquiera de sus expresiones, jamás podría dar como fruto algo rescatable o positivo. Iniquidad será el único resultado probable. ¿Y como consecuencia de ello, qué? Mentira. Jamás podría aparecer una dosis de verdad desde esa base. Sólo mentira. Y si hay mentira, hay Satanás, porque él es el padre de toda mentira.

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Actualizada 01/08/2007

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