"Palabra de Vida"

Biblioteca Bíblica en Línea

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"Cristo es el Camino, la Verdad
 y la Vida".

Estudios, Mensajes, Pensamientos y Reflexiones sobre la Palabra de Dios. 

"Hacia la Salvación de Toda la Humanidad". 

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Néstor Martínez

 

 Marzo de 2007

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[01]

«Por lo tanto, ya no hay ninguna condena para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.» (Romanos 8:1-2)

Quien quiera que tenga algunos años en el evangelio y repase este texto, te dirá de inmediato que es un par de versículos doctrinales. Y está bien, es así, pero la expresión me parece demasiado técnica. Esto es algo más que un fundamento doctrinal, esto es vida abundante encerrada en principios que sobresalen de la palabra escrita. Primero, porque te asegura que para los que están unidos a Cristo (nada que ver con templo, banco y sermón) no hay ninguna condena. Y luego porque nos asegura que Cristo, mediante el Espíritu de vida, nos la liberado de la ley del pecado y de la muerte. ¿Tienes idea lo que significa esto? ¿Tú crees, de verdad, que esta obra puede echarse por la borda y cambiarla por una serie de rituales costumbristas o tradicionales? Mucho me temo que si crees eso, ni estás libre de condena ni de la ley del pecado y la muerte.

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[02]

«Angustiada está mi alma; ¿Hasta cuando, Señor, hasta cuando?» (Salmo 6:3)

De David podemos aprender muchas cosas. Una de ellas, es a tener un corazón recto y conforme al corazón de Dios, aún en la peor de las crisis. Por eso fue levantado igualmente, pese a su enorme y casi grosero pecado. Y también nos sirve para entender que, la angustia, no es un problema espiritual como supone el salmista, sino de su alma, que es precisamente lo que él menciona. Y el alma solamente es restaurada cuando nuestro espíritu humano es capaz de prevalecer sobre ella. Esto, sin la llenura y plenitud del Espíritu Santo de Dios morando en nuestro interior, es totalmente imposible. Por eso el mundo vive por sus almas y sus cuerpos. Por eso hay infinidad de pecados morales y físicos. Por eso un alma angustiada termina, inexorablemente, clamando ante Dios aunque hasta allí ni siquiera haya creído en su existencia. Le pasó a David, puede pasarle a cualquiera. David cayó hasta lo más bajo y oscuro, pero pudo levantarse, salir y vencer. Tú también puedes.

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[03]

«Pero en la segunda parte entra únicamente el sacerdote, y sólo una vez al año, provisto siempre de sangre que ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia cometidos por el pueblo.» (Hebreos 9:7)

Este era un sacerdote de la antigua ley. ¿Cuál era su función? Ser intermediario entre Dios y el pueblo, tanto en lo confesional como en lo expiatorio. Era el hombre encargado, de alguna manera, de “gestionar” delante de Dios todo aquello que tuviera que ver con el perdón, la justificación y la limpieza propia y de sus hermanos en la fe. Un día cambió el pacto, llegó el Sumo Sacerdote Jesucristo de Nazaret, hizo su tarea en la cruz pagando el precio por todos, liberándonos a todos y limpiándonos del pecado. Allí comenzó la era de la Gracia y también concluyó la tarea del antiguo sacerdote intermediario. Por tanto, sea en el credo que sea, si hoy se te muestra a un hombre que supuestamente está más cerca de Dios que tú y que puede con su oración o alguna clase de ritos conseguirte un perdón o limpiarte de pecado, sencillamente te están mintiendo.

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[04]

«Unos comerán lo que esté a su mano derecha, pero se quedarán con hambre; otros comerán lo que esté a su izquierda, pero no quedarán satisfechos. ¡Se comerán a sus propios hijos!» (Isaías 9:20)

Me gustaría ver (es una manera de decir, en verdad no me gustaría en absoluto), a todos los biblistas literalistas tratando de explicar este pasaje. La Biblia contiene una serie de relatos literales que ocurrieron o no tal cual se los relata, que encierran en cada caso principios espirituales que solamente pueden ser revelados por la ayuda y acción del Espíritu Santo. ¿Ah, sí? ¿Y me puede decir que significado tiene esto tan… aparentemente… canibalesco..? Las revelaciones son para un lugar y un tiempo de Dios. No existen revelaciones globales para tiempos amplios. Por eso, aquí, en su momento, se entendió con criterio muy singular que se trataba de los miles y miles de cristianos que procuran alimentarse, tanto en iglesias ortodoxas como progresistas y quedan hambrientos y desnutridos porque no hay alimento alguno en ellos sino hojarasca humanista. ¿Y el final? El final te dice que esas iglesias, destruyen espiritualmente a las mismas almas que un día evangelizaron.

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[05]

«En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, que no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu.» (Romanos 8:3-4)

Hay un par de puntos aquí que convierten a este pequeño texto, en una excelente síntesis de lo que es el evangelio de la cruz. Primero, dice que Jesús tenía nuestra misma condición de pecador. ¿Entiendes esto? ¿Te das cuenta que cuando dices que Jesús pudo hacer esto y lo otro, es porque mira qué gracia si era Dios mismo? Él no se presentó como Dios, sino como hombre, tal como somos tú y yo. Y si Él pudo, ¿Por qué no nosotros? Y luego concluye señalando a modo de declaración de principios y conductas, que nosotros hoy ya no vivimos conforme a nuestra naturaleza pecaminosa, sino conforme al Espíritu. La pregunta del millón para este día, es: ¿Cómo crees que estás viviendo tú? No hay excusa válida. Él pudo, nosotros podemos. Él dijo que se puede, entonces se puede. ¿Lo crees?

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[06]

«Vuélvete, señor, y sálvame la vida; por tu gran amor, ¡Ponme a salvo!» (Salmo 6:4)

Aquellos hombres y mujeres de Dios que han tenido la posibilidad de enfrentarse, ya sea de modo directo o por contacto con gente en necesidad, con las vicisitudes humanas más clásicas, saben perfectamente que, en el momento de la peor y más dura de las crisis, el hombre inexorablemente levanta sus ojos hacia Dios, haya creído en Él hasta allí, o no. Algunos, (felizmente los menos), para hacerlo responsable de sus padecimientos e insultarlo inclusive. Otros, la mayoría, para recurrir a Él como última tabla de salvación. Miles y miles han logrado sobrevivir a tremendas angustias porque buscaron a Dios con sinceridad y pudieron hallarle. ¿Y a que no sabes qué fue lo que esgrimieron como argumento sólido a la hora de esa búsqueda, aún sin conocerle? Su infinito amor. Aquí lo hace David, pero hoy todavía lo están haciendo hasta los hombres más duros. Toda la creación tiene conciencia del amor de Dios aunque se pueda permitir el lujo de despreciarlo.

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[07]

«Con esto el Espíritu Santo da a entender que, mientras siga en pie el primer tabernáculo, aún no se habrá revelado el camino que conduce al Lugar Santísimo.» (Hebreos 9:8)

Fíjate que los cambios más profundos e históricos producidos en el ámbito del evangelio de Jesucristo, han llegado por la vía de la revelación. ¿Tú puedes responder por que razón o motivo, tantos y tantos hombres auténticos servidores de Dios se resisten tanto a aceptar que las cosas futuras solamente llegan por revelación? Es sencilla la respuesta: porque si aceptan eso, ellos se quedan fuera de toda posibilidad de controlar cualquier cambio. Han inventado la palabra “cobertura” para justificar el control. No le hace. El fracaso, la desobediencia o la ignorancia del hombre, no anulan el plan de Dios. Lo que venga de aquí en más (y va a venir algo grande, sin dudas) también será por revelación y en el tiempo en que el Espíritu Santo se lo de a entender a aquellos que se han mantenido fieles y obedientes, muy por encima de si son personas con títulos, currículum, credenciales o nombramientos oficiales.

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[08]

«Manasés se comerá a Efraín, y Efraín a Manasés, y los dos juntos atacarán a Judá. A pesar de todo esto, la ira de Dios no se ha aplacado; ¡Su mano aún sigue extendida!» (Isaías 9:21)

No le resulta sencillo en absoluto al pueblo de Dios entender que, en efecto, la ira de Dios sigue aún vigente y no se ha aplacado. Quiérase o no, el mensaje que por años cada uno ha recibido desde los púlpitos, nos ha hecho pensar que Dios está algo así como aletargado e imposibilitado de hacer juicio y justicia una vez más. Eso te demuestra, preponderantemente, que cuando la Biblia habla de que vendrán doctrinas de demonios, muchos de nosotros aún las están aguardando. ¿Qué esperan ver? ¿Acaso a un político incrédulo, impío y pecador, tratando de convencer al pueblo creyente con una nueva doctrina de justificación al pecado? ¿Quién va a creerles? ¿No se han dado cuenta, aún, que una doctrina, aunque sea de demonios, desde el único lugar en que puede ser creída por los santos y confundir al pueblo, es desde los mismos púlpitos de donde se predica el evangelio genuino?

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[09]

«En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos, Su rostro era como el sol cuando brilla en todo su esplendor.» (Apocalipsis 1:16)

La mano derecha es la mano del poder, la mano ejecutiva. Siete estrellas, siete iglesias, todas, porque el siete es el número de lo completo. ¿Setenta veces siete? Todas las que sean necesarias. Una aguda espada en la boca. ¿Alguien ha visto a una persona de tales características? Literalistas, abstenerse, por favor. Esto es palabra genuina. No estoy hablando de mensaje de púlpito de domingo por la tarde, estoy hablando de palabra. ¿Pero es que no es la misma cosa? En algunas contadas ocasiones, gracias a Dios, sí. Pero en una gran mayoría, ni lo sueñes. ¿Una espada aguda? Sí. Cuando corta, lastima y lastima mucho. ¡Pero no, hermano! ¡Yo he predicado más de mil mensajes y jamás se me ofendió ningún hermano! ¿Ah, sí? Entonces has preparado magníficos discursos teológicos, pero palabra genuina, no. Porque el evangelio de la cruz es confrontativo, fastidioso, incómodo y, en algún punto, habrá de sacudirte y enojarte.

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[10]

«Los que viven conforme a la naturaleza pecaminosa fijan la mente en los deseos de la naturaleza; en cambio los que viven conforme al Espíritu fijan la mente en los deseos del Espíritu.» (Romanos 8:5)

Este es un ejercicio muy sencillo que deberíamos realizar cada día. Te levantas por la mañana, te cepillas los dientes, te sacas la barba si eres hombre, te maquillas si eres mujer y te dispones a salir para tu trabajo o estudio. Por favor y en el nombre de Jesucristo, antes de salir, reflexiona un momento y pregúntate: ¿Cómo voy a vivir este día? Si sólo tienes en mente ganar dinero, conquistar chicas o chicos, comer bien, beberte una copa o divertirte, le has dado prioridad a tu naturaleza pecaminosa. Si piensas en que el señor te pondrá delante, seguramente, a alguien necesitado de oír la palabra de salvación y le aseguras en oración que puede contar libremente contigo para ello, le has dado prioridad al Espíritu. Los resultados, los frutos y las consecuencias, ya las conoces.

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[11]

«En la muerte nadie te recuerda; en el sepulcro, ¿Quién te alabará?» (Salmo 6:5)

¿Le caben dudas a alguien que cuando escribe las letras de este salmo, David no sólo estaba desesperado, sino también sumamente deprimido? Esta expresión que tiene en este verso, solamente puede justificarse y entenderse, a partir de que en el inicio, le dice a Dios que su alma está angustiada. Y los que alguna vez hemos luchado la buena batalla, que es precisamente en contra de nuestra propia alma y sus demandas, sabemos cómo se siente una persona cuando pasa por esta situación. También sabemos que todo tiene que ver con las imposiciones del Ego, uno de los peores enemigos de la fe. Es ese que nos hace suponer que somos los más importantes y que, por poco, Dios debería agradecernos a nosotros y no nosotros a Él por estar en la iglesia. Ese es el ego. El que se preocupa de veras por los reconocimientos en vida y por las alabanzas humanas.

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[12]

«Esto nos ilustra hoy día que las ofrendas y los sacrificios que allí se ofrecen no tienen poder alguno para perfeccionar la conciencia de los que celebran ese culto.» (Hebreos 9:9)

Viene hablando del sacerdocio emparentado con la antigua ley. Pero hemos visto que mucho de ese sacerdocio parecería reiterarse en este tiempo. Hay hombres que por tradiciones que no pueden abandonar, por protagonismos personales que les seduce mantener y por incredulidades globales que no les permiten creer, actúan como si fueran sacerdotes. Pero no en la medida bíblica, sino como los antiguos: convenciendo a muchos que son intermediarios entre el poder de Dios y ellos, que tienen jerarquías habilitantes para perdonar pecados por sí mismos y poder religioso como para orar de un modo diferente a los demás. Son estos mismos los que, por imperio de sus propias corrupciones íntimas, llegan a intercambiar estos supuestos “servicios” por ofrendas que toman para sí mismos. Pero esta palabra es clara y contundente: esas ofrendas no tienen poder alguno para perfeccionar la conciencia de ninguno de los que celebran esa clase de cultos.

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[13]

«¡Ay de los que emiten decretos inicuos y publican edictos opresivos!» (Isaías 10:1)

Sabiendo que iniquidad significa una maldad o una injusticia muy grande y que opresión es el acto de someter a una persona, a una nación, a un pueblo, etc., vejándolos, humillándolos o tiranizándolos, es indudable que este texto tiene que ver con personas que ostentan alguna clase de poder. ¿Gobernantes? Sí. ¿Políticos en general? Sí. ¿Funcionarios públicos? ¿Jueces? Si. ¿Eso es todo? No. Porque al señor le interesa de sobremanera todo esto, pero no es su prioridad. Suponer que lo fuera, es llevar a Cristo al terreno del revolucionario social con que lo disfraza la extrema izquierda con el fin de sumarlo a su discurso humanista. A Dios le interesa su pueblo y su pueblo es la iglesia. Por tanto, todo esto que se escribe aquí, tanto para la iniquidad como para la opresión, tiene que ver con el gobierno y el poder en su iglesia. Claro, eso siempre y cuando haya iniquidad y opresión en alguna parte del planeta cristiano… ¿No crees?

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[14]

«Escribe, pues, lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá después.» (Apocalipsis 1:19)

¡Qué fácil se lee esto! ¡Qué sencillo resulta pasar por este texto y seguir con lo que viene luego! ¿Pero alguien se ha preguntado, en algún momento, cómo hizo Juan para aceptar esto tan… fantasioso que se le proponía? Porque mira lo que le dice. Primero, que escriba lo que ha visto, luego que haga lo mismo con lo que ve. (Es la primera vez que el Señor le ordena a uno de sus discípulos que escriba algo que vio o ve. Los otros lo hicieron por inspiración indirecta). Pero luego, directamente entra dentro de lo que para el hombre natural es no sólo ilógico, sino también muy problemático, porque le ordena escribir lo que sucederá. ¿Juan sabría lo que iba a suceder? Obvio que en ese momento no, pero basto que dijera “amén-aquí voy” y la revelación le fue dada al instante. Así es como funciona. Nada que ver con enviar una ofrenda por correo y esperar en el retorno una palabra profética. Eso es mercadería en la iglesia, ¿Comprendido?

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[15]

«La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz.» (Romanos 8:6)

¿Está hablando de muerte física? Quizás la incluye, sin dudas, pero cuando la Biblia habla de muerte, habla de muerte espiritual. Porque esta es la muerte que a Dios le preocupa y le duele en nosotros. La muerte física para Dios no existe. Sólo se trata de un hombrecillo cambiando de una habitación a otra según su visión global. Pero la muerte espiritual sí le duele porque saca al hombre de su presencia y lo traslada a otro ámbito. Un ámbito donde reinan Satanás y sus demonios. Allí es donde se va al morir espiritualmente cuando se vive con mentalidad pecaminosa. Esto es para aquéllos que todavía dudan si existe o no existe un infierno. Este texto es claro. Tan claro como que, vivir en el Espíritu, no sólo te llevará la presencia permanente del Señor, sino también accedes a la vida y la paz aquí y ahora, que no es poco.

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[16]

«Cansado estoy de sollozar; toda la noche inundo de lágrimas mi cama, ¡mi lecho empapo con mi llanto!» (Salmo 6:6)

No debe haber ser humano que, en alguna ocasión, no haya pasado por una tremenda crisis como la que David tiene en este tiempo. No debe haber nadie que, ante la visión clara de la gravedad espiritual de su pecado, no haya sentido que el suelo se abre debajo de sus pies y que todo lo poco o lo mucho que ha construido, comienza a desmoronarse y caerse estrepitosamente. Cualquiera de esas persona, ¿No ha inundado su cama con lágrimas durante toda una (o varias) larga noche de insomnio y oscuridad por no saber qué hacer ni para dónde salir? Ese es el momento en que el hombre se suele encontrar con su Señor dispuesto a perdonarle, sanarle y liberarle. ¿Todos lo han visto de una? No, muchos han dado vueltas y vueltas en círculos, haciendo de todo lo que se les ocurra sin hallar la salida, pero al mismo tiempo evadiendo la única salida que ya les ha sido revelada en sus corazones. ¿Por qué? Porque no es un problema del alma, ni del intelecto. Simplemente es Guerra Espiritual y como tal debe pelearse.

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[17]

«No se trata más que de reglas externas relacionadas con alimentos, bebidas y diversas ceremonias de purificación, válidas sólo hasta el tiempo señalado para reformarlo todo.» (Hebreos 9:10)

¿Sabes algo? Estamos transitando el tiempo aquí descrito como el adecuado “para reformarlo todo”. De cada diez genuinos hombres (o mujeres) de Dios, por lo menos ocho tienen la palabra reforma como palabra de Dios para este tiempo. ¿Y qué es lo que va a reformarse? Muchos creyeron que se trataba del orden o las formas del culto. Entonces incorporaron nuevos instrumentos inéditos a la música de adoración y alabanza, otros implementaron danzarinas o estandartes, otros cambiaron la madera antigua y tradicional del púlpito por uno más moderno de acrílico o fórmica. Está bien, bienvenido, pero… ¿Sabes qué? Nada que ver con reforma real todo eso. La reforma tiene que ver con sepultar definitivamente todo lo que sea mera expresión externa y consolidar definitivamente todo lo que sea expresión interna. Saca tus propias conclusiones y te encontrarás con muchas sorpresas.

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[18]

«Privan de sus derechos a los pobres, y no les hacen justicia a los oprimidos de mi pueblo; hacen de las viudas su presa y saquean a los huérfanos.» (Isaías 10:2)

Aquí lo expuesto, si lo sacamos de una literalidad meramente histórica, tiene que ver con la iglesia de este tiempo. ¿Cuál es el mínimo derecho de los pobres? Mantener un grado de dignidad. ¿Cuál es la justicia de los oprimidos? Ser liberados. Por tanto, una iglesia que no le proporciona dignidad a sus miembros, sino apenas dependencia de sus líderes y respeto meticuloso a sus reglamentos y estatutos internos, y que es incapaz de liberarlos de sus opresiones individuales y grupales, es una iglesia que ingresa en lo que se dice en el final. El enemigo las hace víctimas de sus maldades porque ellas son viudas, han dejado de amar y seguir a su esposo natural que es Cristo. Y también se aprovechan económica y espiritualmente de sus miembros, que al perder a su Padre verdadero han quedado huérfanos y vulnerables.

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[19]

«Esta es la explicación del misterio de las siete estrellas que viste en mi mano derecha, y de los siete candelabros de oro: las siete estrellas son los siete ángeles de las siete iglesias, y los siete candelabros son las siete iglesias.» (Apocalipsis 1:20)

¿Quiénes crees tú, o te han enseñado, que son estos siete ángeles de las siete iglesias? Sí, ya lo sé; la enseñanza clásica y tradicional, dice que son los pastores. ¿Por qué han enseñado eso? Porque se supone que en cualquier iglesia local más o menos bien organizada, el mensajero, el que trae la palabra genuina y verdadera, es el aquel que la predica de manera permanente. Y en nuestras organizaciones evangélicas tradicionales y actuales, esa figura es indiscutible e irreemplazablemente, el pastor. Por tanto, bajo esa perspectiva, es lógico que se enseñe que el ángel de la iglesia es el pastor. No le hace, igualmente es falso. El ángel de la iglesia es aquel que tiene la palabra de Dios genuina y sin adulteraciones ni contaminaciones, se llame como se llame y ocupe el cargo que ocupe o así no ocupe ninguno.

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[20]

«La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo.» (Romanos 8:7)

En este verso tienes la respuesta a esa clásica pregunta que muchos supuestos convertidos te hacen: “¿Por qué no puedo someterme a la voluntad de Dios y sí, en cambio, por debilidad caigo permanentemente en pecado? Esta es la respuesta. Porque aún conservas una mentalidad emparentada con la que debería ser tu antigua naturaleza y, por tanto, esa mentalidad pecaminosa, al ser enemiga de Dios, no puede tener comunión con Él. De allí que, por más esfuerzos que hagas por someterte, lo único que ganarás será el aplauso humano a tu esfuerzo humano, pero no el ingreso al ámbito divino que te resultará imposible hasta que no entregues tu vieja naturaleza y la pases por la cruz.

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[21]

«Desfallecen mis ojos por causa del dolor; desfallecen por culpa de mis enemigos.» (Salmo 6:7)

¿Qué es lo que hace que David piense así? Exactamente lo mismo que ha hecho, durante toda la historia de vida que tenemos, que los hombres piensen así en situaciones similares. Hay toda una cultura en el ser humano que no le permite aceptar sus responsabilidades, reconocer sus errores y aceptar el perdón que Dios le ofrece gratuitamente si se arrepiente. Es corriente que elegirá discutir, oponerse y debatir sobre temas diversos para concluir en que esas culpas no son propias sino de los que considera sus enemigos. Eso es exactamente lo que muchos de nosotros hemos hecho, cargándole las culpas al diablo por asuntos que nosotros mismos hemos cometido sencillamente a partir de los mandatos pecaminosos de nuestra vieja naturaleza.

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[22]

«Cristo, por el contrario, al presentarse como sumo sacerdote de los bienes definitivos en el tabernáculo más excelente y perfecto, no hecho por manos humanas (es decir, que no es de esta creación), entró una sola vez y para siempre en el Lugar Santísimo. No lo hizo con sangre de machos cabríos y becerros, sino con su propia sangre, logrando así un rescate eterno.» (Hebreos 9:11-12)

No me da este pequeño espacio diario para desarrollar un estudio profundo de lo mucho y sumamente valioso e importante que resume este texto, así que voy a quedarme con algo que, todavía, y aunque te cueste creerlo, no ha sido entendido cabalmente por la mayor parte de la iglesia. Dios no habita en casa hecha por mano de hombre. ¿Cuántas veces has oído este texto? ¿Cuántas veces te han predicado y enseñado sobre él? ¿Cuántas veces lo has repetido tú mismo o tú misma? Sin embargo, todavía hay supuestos siervos de Dios que reciben “la visión” y el mandato del Padre de levantar una ofrenda especial o destinar todos los diezmos de la iglesia a la construcción de un nuevo y monumental temlpo. Las excusas más frecuentes, son las de darle comodidad a la gente, pero al realidad, (todos lo sabemos) es otra. Tiene que ver con sus prestigios personales, medidos por la vara de la cantidad de personas que logran convocar en un templo. Dios no tiene absolutamente nada que ver con eso.

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[23]

«¿Qué van a hacer cuando deban rendir cuentas, cuando llegue desde lejos la tormenta? ¿A quién acudirán en busca de ayuda?» (Isaías 10:3)

¿Acaso gente a la cual nadie le habló de Dios? En parte, pero Dios con esta gente tendrá un trato distinto simplemente porque es un Dios justo y jamás ejecutará a alguien sin darle al menos una oportunidad. La oportunidad sería que alguien, al menos UNA vez, les hable del evangelio de amor y salvación. ¿Y si no oyen? No tendrán a quién acudir en busca de ayuda. ¿Y si estaban asistiendo a una iglesia aunque todavía no creyeran en lo que allí se enseñaba y predicaba. Lo siento. No tendrán a quién acudir en busca de ayuda.

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[24]

«Escribe al ángel de la iglesia de Efeso: esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha y se pasea en medio de los siete candelabros de oro.» (Apocalipsis 2:1)

¿Qué se supone que debería hacer con esta palabra el ángel de la iglesia de Éfeso? Lo que hoy mismo cualquiera de nosotros tiene la obligación divina de realizar: escudriñarla, investigarla, buscar lo oculto de lo oculto y el misterio no visto. Esto es escudriñar, no concurrir cinco años a un seminario en búsqueda de la aprobación sistemática de materias teológicas sistemáticas, aprobarlas de manera sistemática y luego enseñarlas de la misma manera sistemática que se la han aprendido. Esto es capacitación intelectual, que es buena, aconsejable y positiva para nuestro crecimiento informativo y cultural. Pero la palabra de Dios es otra cosa muy diferente y, en casos específicos, diametralmente opuesta a todo lo que te he mencionado.

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[25]

«Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios.» (Romanos 8:8)

Vivir “según la naturaleza pecaminosa”, es lo que comúnmente llamamos: “vivir en la carne”. Que no es lo mismo que “estar en la carne”, ya que todos los mortales, creyentes o no creyentes, estamos en la carne porque así hemos sido creados. Lo que sucede (o, al menos, debería suceder), es que los hijos de Dios por la fe, conjuntamente con esa decisión por Cristo, hemos tomado la otra, la más crucial, la que luego se verá nítidamente, y es la de vivir conforme al Espíritu y no a la carne o a nuestra antigua naturaleza pecaminosa. ¿Lo conseguimos? ¡Gloria a Dios! Somos cartas suyas. ¿No lo conseguimos? Tendremos que crucificar nuestras almas con sus deseos pecaminosos. De otro modo, por más esfuerzos que hagamos, por más actividades que aceptemos en la iglesia y hasta que prediquemos elocuentemente, no podremos agradar a Dios.

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[26]

«¡Apártense de mí todos los malhechores, que el Señor ha escuchado mi llanto!» (Salmo 6:8)

David no sabe lo que le sucede, pero lo que está haciendo es lo más parecido a lo que nosotros hemos dado en llamar Guerra Espiritual. Se siente oprimido, se siente perseguido, se siente acosado y batallado por enemigos visibles o invisibles, y para defenderse pone por escudo al Dios en el cual cree. Él no ha terminado de entender que mucho de lo que le ocurre tiene que ver con su propia vida interior y no con enemigo exteriores. Esos enemigos quizás existan en tu vida, porque no hay hombre o mujer que no los tenga, pero sería muy bueno y atinado echar un vistazo, primero, si tu propia forma de vida no te ha llevado hasta el padecimiento de la crisis que hoy afrontas. De ser así, busca al Señor y le hallarás, confiesa tus pecados y serán perdonados, dile que te libere de ese peso y serás libre.

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[27]

«La sangre de machos cabríos y de toros, y las cenizas de una novilla rociadas sobre personas “impuras”, las santifican de modo que quedan “limpias por fuera”.» (Hebreos 9:13)

¿A quien se le podría ocurrir, hoy, en pleno siglo veintiuno, siglo de la informática, la biotécnica y cientos de tremendas ciencias más, apelar a estos antiguos rudimentos como método para conseguir santidad? A nadie, es obvio. Más allá de aquellos lugares donde se siguen las tradiciones aún a sabiendas que no van a producir nada efectivo, es más que lógico que nadie apele a estas prácticas porque saben de su inutilidad práctica. Sin embargo, aunque todavía no podamos entenderlo, hay muchos cristianos (demasiados) que siguen eligiendo limpiar sus impurezas internas con metodologías externas. ¿O no hay gente que cree que el bautismo en agua limpiará y santificará a una persona? ¿O que lo mismo le sucederá por dentro al ingerir el pan y el vino de una Santa Cena? Cuidado: ambas cosas son bíblicas y buenas, pero tienen un significado y acción muy distintos a las que se suelen vender promocionalmente desde muchos púlpitos.

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[28]

«No les quedará más remedio que humillarse entre los cautivos o morir entre los masacrados. A pesar de todo esto, la ira de Dios aún no se ha aplacado; ¡Su mano aún sigue extendida!» (Isaías 10:4)

El mundo secular observa las tremendas tormentas de granizo, las inundaciones y demás desastres naturales y los carga a la cuenta del calentamiento gradual del planeta. Lo creen así y está bien, es coherente con su incredulidad. Lo que de ninguna manera es coherente es que también lo crea la iglesia. Porque la iglesia sabe muy bien que decir granizo, es decir ira de Dios. Sin embargo no lo escucha, no lo cree, no lo enseña, no lo predica y, lo peor, no lo ora. La mano de Dios que sigue extendida sobre la tierra de los incrédulos globales, tanto los que jamás pisaron a un templo como los que viven todos sus días dentro de ellos en plena actividad religiosa. Y esa mano tiene cinco dedos. Pulgar, (Apóstol) Índice (Profeta), Mayor (Evangelista), Anular (Pastor), Meñique (Maestro). Otro día te explico por qué se dividen así. Lo importante, es que la mano de Dios tiene y usa los cinco, no sólo uno…

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[29]

«El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que salga vencedor le daré derecho a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios.» (Apocalipsis 2:7)

El que tenga oídos… ¿Me están queriendo decir que en aquellos tiempos había gente que no los tenía? No. Porque no habla de lo natural o de lo físico. No habla de gente sin orejas porque la gente, (salvo accidente), tenía orejas. No habla de enfermos de hipoacusia o totalmente sordos, que más allá de casos puntuales, no los había masivamente. ¿Entonces? Me queda solamente la sordera espiritual. ¿Existe? Existe y es decididamente actual. Gente que oye, entiende y sabe que lo que oye y entiende es la mayor de las verdades, pero como el creerla algo les hará perder, eligen y deciden no oírla. Por tanto, te digo esta verdad en el nombre del Señor Jesucristo, y todo aquel que tenga oídos espirituales para oír, aceptar, creer y poner por obra, que lo haga ya mismo.

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[30]

«Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo.» (Romanos 8:9)

“Es que… hermano… ¿Sabe? Nosotros los bautistas no hacemos tanto énfasis en el Espíritu Santo como los hermanos Pentecostales… nosotros nos dedicamos más al estudio de la Palabra.” ¿Has oído, al igual que yo, expresiones como éstas en algún momento? Más allá de la sinceridad y la fidelidad de miles de hermanos que se congregan en esas denominaciones más conservadoras, de los cuales no se puede dudar ni su fe ni su conversión genuina, debo decirte que el discurso este sobre el Espíritu Santo, es falso. Este texto, (y no es el único), te dice claramente que si no tienes al Espíritu Santo morando en tu interior (con bautismo, sin bautismo, con plenitud y experiencias o sin experiencias), no eres de Cristo. Y teniendo en cuenta que el que conmigo no recoge, desparrama: si no soy de Cristo, ¿De quien soy? No rebajemos al Espíritu Santo a una simple diferencia doctrinal o teológica interdenominacional porque, evidentemente, es mucho más.

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[31]

«El Señor ha escuchado mis ruegos; el Señor ha tomado en cuenta mi oración.» (Salmo 6:9)

Parece sorprenderse David por lo que él mismo está diciendo. Ha estado orando, desesperado, en la mayor de sus crisis. Ha clamado al Señor por ayuda, por liberación y por sanidad. Ha rogado con la máxima humildad al Dios de amor para que lo saque de su postración. Y cuando ese Dios le responde y comienza a enviarle su ayuda divina, el salmista se sorprende y casi no puede creerlo. Muchos de nosotros somos iguales. Estamos en angustia, opresión y crisis. Luego de probar mil soluciones, finalmente cedemos y levantamos nuestros ojos a ese Dios que teníamos olvidado y abandonado. ¿Lo hacemos esperando que nos oiga y ayude? Creo que en el fondo de nuestro ser, no. De otro modo, cuando nuestras oraciones son respondidas y la ayuda comienza a llegar, no tendríamos que sorprendernos sino apresurarnos a dar gracias por ello.

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