"Palabra de Vida"

Biblioteca Bíblica en Línea

Ministerio "Palabra de Vida"

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"Cristo es el Camino, la Verdad
 y la Vida".

Estudios, Mensajes, Pensamientos y Reflexiones sobre la Palabra de Dios. 

"Hacia la Salvación de Toda la Humanidad". 

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Néstor Martínez

 

 Febrero de 2007

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[01]

«Y tomándolo por la mano derecha, lo levantó. Al instante los pies y los tobillos del hombre cobraron fuerza.» (Hechos 3:7)

¿Has estado en alguna ocasión en campañas de sanidad organizada por algunas de nuestras iglesias? Yo sí. He formado parte, incluso, de algunas, aunque no oficiando de ministro. No sé como habrán sido las que tú has visto o participado, pero en las que yo estuve, se hacía pasar al frente a todos los enfermos y, luego de orar, se les hacía hacer algo que fuera determinante para con su dolencia. Arrojar los anteojos a los que tenían problemas en la visión, arrojar sus bastones o muletas a los cojos o lisiados y hasta arrojar sillas de ruedas a los paralíticos. ¿Sanidades? Hubo algunas, es verdad, pero no en todos los casos. Muchos bastones debieron ser devueltos a sus dueños y muchas sillas de ruedas se llevaron a los que habían supuesto ser sanos. Ellos no hacían eso. Ellos tomaban de la mano a quien el Señor le había ordenado sanar (no a cualquiera) y lo ponían en pie hasta que el poder de Dios obraba. ¿La diferencia? En la Biblia, vemos a Dios sanando, en nuestras campañas, a los prestigiosos líderes. Y no es lo mismo, créemelo.

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[02]

«En sus palabras no hay sinceridad; en su interior sólo hay corrupción. Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños.» (Salmo 5:9)

El salmista viene hablando de sus enemigos, pero sus expresiones muy bien podrían adaptarse a muchos contemporáneos de este tiempo. Gente que está en el mundo secular, impío, incrédulo y pecador. Pero también gente que por alguna razón también se encuentra adentro de las congregaciones cristianas. Personas que no tienen palabras de sinceridad sino un alto grado de simulación e hipocresía. Individuos que muestran en su interior toda la degradación de la corrupción en todas sus secuelas. Voces que suenan a sepulcros abiertos por su aroma de fetidez verbal. Lenguas que no dudan ni vacilan en engañar a quienes quiera que se les cruce en sus caminos. ¿Y qué hacen en la iglesia? Aportar lo que puedan para debilitar sus estructuras genuinas.

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[03]

«Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz.» (Colosenses 1:19-20)

Habla de Jesús de Nazaret. Y dice que a Dios Padre le agradó habitar EN Él. ¿Qué significa esto? Que hoy mismo, a Dios también le agradará habitar en ti. ¡Pero hermano! ¡Yo no soy Jesús! ¿Ah, no, eh? ¿Y se puede saber cuál es la diferencia? - ¡Es que Él era el hijo de Dios! – No te confundas. Él era Jesús, un hombre de carne y hueso como tú, sólo que concebido por el Espíritu Santo en María, no por hombre. Pero sentía, sufría y disfrutaba igual que tú. - ¿Y entonces por qué a Dios le agradó habitar en Él y usted dice que también le agradaría habitar en mí? Por la obediencia. Dios se mueve por obediencia. Nada de lo que tú hagas, excepto ser obediente a su palabra, puede mover a Dios. Pero si eres obediente, sí que se mueve y se agrada de venir como vino en aquel entonces y habitar en ti como habitó en Jesús.

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[04]

«Por eso en un mismo día el Señor le cortará a Israel la cabeza y la cola, la palmera y el junco.» (Isaías 9:14)

¿Cuántos saben que la cabeza es el artífice de los pasos que dará alguien en cualquier dirección que sea, ya que es la que ha tenido el pensamiento previo que decidió a esa persona a caminar en una determinada dirección? ¿Cuántos saben que la cola suele ser, en muchos animales, una especie de timón que los acomoda en su andar direccional? ¿Qué es la cabeza en la iglesia? Cristo, ya lo sé. Pero lo que quiero decirte es qué significa la cabeza en un andar eclesiástico. Precisamente la dirección en la cual andas. Si una cabeza eclesiástica falla, todo un cuerpo irá hacia donde no debe. ¿Y qué es la cola? De alguna manera, el discipulado conforme a una visión. Por tanto, lo que Dios te está diciendo es que, si no atiendes a su voz y no obedeces sus mandatos, te va a dejar sin visión y sin gente a la cual transferirle esa visión. Que es, oh sorpresa, exactamente lo que está comenzando a ocurrir en este tiempo.

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[05]

«De un salto se puso en pie y comenzó a caminar. Luego entró con ello en el templo con sus propios pies, saltando y alabando a Dios.» (Hechos 3:8)

¿Qué crees que haríamos tú o yo si sufriéramos un impedimento físico que nos imposibilitara de caminar y, de pronto, alguien orara por nosotros y fuésemos sanos? Indudablemente. No sé tú, pero yo sería capaz de saltar y alabar al Señor hasta el día siguiente. Muy bien; el descreimiento que en líneas generales existe por parte de la gente (algunos cristianos incluidos) con respecto a nuestras promocionadas “campañas de sanidad” o milagros, es que la televisión (que siempre está en el lugar preciso y exacto del milagro), toma a gente que ha sido sanada y se queda como si tal cosa, impávidos, sin evidenciar en sus rostros ni la menor alegría ni emoción por el suceso. ¿Esperas que el mundo crea eso? ¡¡Hermano!! ¿Usted está diciendo, entonces, que no es verdad que Dios sane? No estoy diciendo eso. ¡Claro que Dios sana! Pero con Soberanía, esto es: a quien quiere, cuando quiere y del modo que quiere. No cuando se lo “ordena” un vanaglorioso hombrecillo hambriento de gloria personal. Dios es un Dios sanador, pero no un showman.

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[06]

«¡Condénalos, oh Dios! ¡Que caigan por sus propias intrigas! ¡Recházalos por la multitud de sus crímenes, porque se han rebelado contra ti!» (Salmo 5:10)

Condénalos oh Dios. Pero condénalos tú. Yo no puedo hacerlo. No tengo elementos absolutos de razón para hacerlo. Tuyo es el juicio, la evaluación de pruebas y el análisis de la sentencia y la ejecución. Tienen que caer víctimas de sus propias intrigas. Eso es una muestra de la justicia de Dios que los traba en sus mismos elementos. Son rechazados porque en la divinidad del cielo no caben los homicidas espirituales. Y mucho menos los que han cometido pecado de rebelión. Que no significa desobedecer a un pastor emergente, sino al Dios de todo poder. ¿No es lo mismo? En algunos casos, gloria a Dios, sí lo es. Pero en su gran mayoría, lamentablemente, absolutamente nada que ver.

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[07]

«En otro tiempo ustedes, por su actitud y sus malas acciones, estaban alejados de Dios y eran sus enemigos.» (Colosenses 1:21)

¿Cuál podría ser una actitud que nos alejara de Dios? La incredulidad, la desobediencia y la rebelión. No creer que Él existe, no creerle a sus promesas ni mandatos y pensar que podemos vivir en contra de todos sus mandamientos. Esa actitud interna, habrá de llevarnos, inexorablemente, a manifestaciones externas denominadas “acciones”. Por tanto, una mala acción, no es el resultado de un estado de maldad congénito, sino de una serie de decisiones espirituales que ya han sido tomadas y puestas por obra. La suma de todo ello, nos convierte en enemigos de Dios. ¡Pero hermano! ¡Adentro de la iglesia también hay personas que cometen malas acciones! ¿Sí? No lo dudo. Adentro de las iglesias también hay incrédulos, desobedientes y rebeldes. Lo que, en suma, te dice a ti y me dice a mí que, adentro de los templos, Dios también tiene enemigos. ¡Ohhh!

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[08]

«La cabeza son los ancianos y la gente de alto rango; la cola son los profetas, maestros de mentiras.» (Isaías 9:15)

Esta es la interpretación que el mismo Isaías le da a sus propias palabras en el tiempo preciso en que fueron escritas. Que de ninguna manera desacreditan la otra idea que te esbocé hace algunos días, sino que le otorga otro ángulo desde dónde observarlo. Una iglesia sin pastores ni personas acomodadas que la sostienen económicamente comienza tambalearse, pero sólo va a caerse si se les saca también a sus profetas, verdaderos estrategas de las formas de combate espiritual que se debe librar. El motivo es muy sencillo: hay corrupción en la cabeza y deseos o ambiciones personales, y hay mentiras prestas para los mismos resultados en la cola. Esto es: está todo el cuerpo resentido por causa de la corrupción interna. Dios toma participación y destruye lo que no le pertenece, se lo lleva: tal como lo haría…un ladrón en la noche…

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[09]

«El hermano de condición humilde debe sentirse orgulloso de su alta dignidad, y el rico, de su humilde condición. El rico pasará como la flor del campo.» (Santiago 1:9-10)

Esto es bastante complicado de conseguir. Tú estás al frente de una congregación y tienes, entre tus miembros, a alguien con tremendo poder económico y hasta político y social. Está sentado en un lugar del templo al que no puedes evitar mirar por lo menos tres veces durante cada culto. También tienes tres o cuatro familias que nadie sabe si mañana tendrán algo para llevarse a la boca. Ellos no tienen un lugar prefijado en el templo porque no vienen con continuidad sino cuando tienen dinero para el viaje en bus y porque con la cantidad de niños que tienen, les resulta imposible llegar a horario y deben sentarse donde pueden. De todos modos, pasan meses sin que sepas si siguen viniendo o han dejado de hacerlo. Pregunto: a la hora de otorgar un cargo importante en la iglesia, ¿A quienes tendrás en mente en primer término? Esto que dije, forma parte del decálogo elemental de cualquier pastor con deseos de progresar.

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[10]

«Cuando todo el pueblo lo vio caminar y alabar a Dios, lo reconocieron como el mismo hombre que acostumbraba a pedir limosna sentado junto a la puerta llamada Hermosa, y se llenaron de admiración y asombro por lo que le había ocurrido.» (Hechos 3:9-10)

Fíjate un sencillo detalle: ¿Qué es lo que despierta la admiración y el asombro del pueblo? Verlo saltando y alabando a Dios. Y, además, comprobar que se trata de un mendigo, de un vagabundo al que ellos conocían muy bien por verlo todos los días allí, en el piso de la entrada del templo. Quizás pasaban a su lado y no le prestaban ni la menor atención. Quizás, incluso, hasta lo humillaban o se burlaban de él. Tal como en muchos sitios se hace con estas personas. ¿Entiendes cual es el significado de esa sanidad divina? ¿Será simplemente hacer caminar a un hombre cualquiera que acuda a un reconocido ministro? No. Dios jamás dará sanidad mediante su poder a alguien que no vaya a alabar su nombre o a cumplir luego su soberana voluntad. ¿Para qué sanaría Dios a alguien que luego irá a matar, robar o violar? El día que la iglesia entienda la sanidad divina, ese día el pueblo de Dios comenzará a sanar de verdad.

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[11]

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[12]

«Pero ahora Dios, a fin de presentarlos santos, intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte, con tal de que se mantengan firmes en la fe, bien cimentados y estables, sin abandonar la esperanza que ofrece el evangelio. Este es el evangelio que ustedes oyeron y que ha sido proclamado en toda la creación debajo del cielo y del que yo, Pablo, he llegado a ser servidor.» (Colosenses 1:22-23)

¿Cuál es el evangelio al que Pablo ha servido, y al que también nosotros deberemos servir? El de la reconciliación en el cuerpo mortal de Cristo y en mantenernos firmes en nuestra fe por esa causa. ¿No es lo que tú has oído como evangelio? No me extraña. Ha sido escrito que si alguien, (y dice que incluidos los ángeles del cielo, que es como decir “mensajeros reconocidos”), nos predicara otro evangelio que no es el que hayamos oído (que es éste), sea anatema. ¿Anatema un prestigioso predicador de la televisión o de la iglesia más grande de la ciudad? No le hace. Si no está predicando el evangelio de la cruz, está predicando un evangelio falso. Y si está predicando un evangelio falso, su libreto, su bosquejo, no ha sido escrito por el Espíritu Santo sino por el espíritu del anticristo. Así de simple, se llame como se llame y represente lo que represente.

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[13]

«Los guías de este pueblo lo han extraviado; los que se dejan guiar son confundidos.» (Isaías 9:16)

El pueblo de Dios hoy está viviendo en lo que llamamos “babilonia”. Babilonia, recuerda, proviene de Babel y Babel significa “confusión”. Por tanto, el pueblo de Dios anda confundido y por eso no ve la manifestación ni la presencia de su Dios en sus cultos o reuniones. ¿Qué es lo que está produciendo eso? Guías falsos, no hay que pensarlo demasiado. -¡Pero hermano! ¡Ya nos hemos dado cuenta de eso! ¿Qué podemos hacer? ¡Debemos sujetarnos a nuestros pastores!– Ya te he explicado que la sujeción siempre es a autoridad que, a su vez, está sujeta a autoridad. De otro modo, es esclavitud de hombre. Y dice aquí por si te cabe alguna duda, que todo aquel que acepta ser guiado por un falso guía, termina confundido. Ahora vuelve al principio: ¿Cómo es que anda el pueblo de Dios, mayoritariamente, en este tiempo?

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[14]

«El sol, cuando sale, seca la planta con su calor abrasador. A esta se le cae la flor y pierde su belleza. Así se marchitará también el rico en todas sus empresas.» (Santiago 1:11)

Antes que alguien entienda mal y aporte su grano de arena para la terminación de la construcción de la falsa Teología de la Pobreza, te digo: aquí no se está hablando de cualquier rico, sino de aquel que ha puesto en sus riquezas toda su fe y toda su confianza. Esto es: del rico que vive alejado y apartado de Dios. ¡Pero hermano! ¿Usted quiere decirme que adentro de la iglesia podemos encontrar a gente rica? - ¡Por supuesto! ¿Quién te ha enseñado lo contrario? Porque si te han enseñado que dentro del pueblo de Dios no hallarás a gente con dinero, te han enseñado la Teología de la Pobreza, donde ser miserable es un honor y te coloca más cerca de Dios. Mentira total. Dios va a prosperarte todo lo que pueda prosperarte sin que corras el riesgo de caer en cualquier exceso o pecado por causa de tus posesiones.

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[15]

«Mientras el hombre seguía aferrado a Pedro y a Juan, toda la gente, que no salía de su asombro, corrió hacia ellos al lugar conocido como Pórtico de Salomón.» (Hechos 3:11)

Cuántas veces en este tiempo, has visto correr a la gente casi desenfrenadamente para ver algo que está ocurriendo, se supone, de parte de Dios? Yo, lamentablemente, ninguna. He visto, debo reconocerlo, movilizarse a enormes cantidades de personas para ir a ver o a escuchar a determinado ministro, pero correr así como aquí se lo está describiendo, a nadie. Claro; hay una diferencia. Y no es menor, créeme. Hoy, la gente se moviliza en mayor o menor medida por causa de la promoción de un determinado ministerio y sus éxitos más o menos visibles. En aquel momento, había una sola carpeta publicitaria a la vista: la indiscutible sanidad de alguien que hasta hacía unos momentos estaba casi postrado y ahora andaba, saltaba y alababa al Dios que lo había sanado. Es cierto, el hombre es más proclive a mirar las manos de Dios que su boca. Pero hoy sus manos parecen estar inactivas y su boca no siempre habla lo mismo que Dios ha hablado por siglos. ¿Cuál crees que sea la razón?

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[16]

«Porque tú, Señor, bendices a los justos; cual escudo los rodeas con tu buena voluntad.» (Salmo 5:12)

Está terminando el culto. Ya ha sido predicada la palabra y los últimos acordes musicales de un ritmo de alabanza resuenan dentro del templo. La gente comienza a ponerse de pie y, desde la plataforma, el ministro reitera una y otra vez como para que nadie se quede sin sus palabras: ¡Que Dios los bendiga, hermanos! Es lo que generalmente oímos en cualquier congregación, cualquier domingo, en cualquier punto del planeta cristiano. ¿Está mal? No, no está mal. Sin embargo, ese deseo de bendición no será suficiente para que Dios lo ejecute. Porque ésta y otras palabras similares que inundan la Biblia, nos dice que Dios sólo bendice a los justos. Y los justos son aquellos que creen y viven conforme a la voluntad de Dios. Para ellos es esa bendición y, no sólo eso, sino también un escudo que los protege de todo ataque externo o interno. ¿Explicas ahora algunas inesperadas crisis en tu vida o la de otros hermanos?

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[17]

«Ahora me alegro en medio de mis sufrimientos por ustedes, y voy completando en mi mismo lo que falta de las aflicciones de Cristo, a favor de su cuerpo, que es la iglesia.» (Colosenses 1:24)

Más allá del global de las palabras de Pablo, hay todo un principio inscripto en ellas aquí. No se trata de mero discurso convincente para quedar bien con una iglesia, (en este caso la de Corinto), sino de una verdadera declaración que no sólo será cumplida por el propio apóstol, sino puesta en evidencia para el cumplimiento de toda la iglesia. El principio en cuestión, es el de alegrarse en medio de un sufrimiento. Y esto no tiene nada que ver, -naturalmente-, con el masoquismo ni la autoflagelación. Es un principio que está ligado a las tribulaciones naturales y lógicas que podamos llegar a padecer en este tránsito por la vida. Lo que Pablo nos está mostrando es que no podemos vivir una vida de fe guiados por un egocentrismo que no nos permita aceptar que en algún momento podemos tener que llegar a sufrir algo. Muy por el contrario, debemos estar prestos para dar gracias a Dios por todas las cosas. Y si en esas todas las cosas se encuentra algo que nos lleve a sufrir, también por ello deberemos dar gracias aunque no lo entendamos.

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[18]

«Por eso no se complacerá el Señor en los jóvenes, ni se apiadará de huérfanos y viudas, porque todos ellos son impíos y malvados; sus labios profieren necedades. A pesar de todo esto, la ira de Dios no se ha aplacado; ¡Su mano aún sigue extendida!» (Isaías 9:17)

¿De quienes está hablando aquí? Simple; si acudes al contexto del texto, verás que viene hablando de los guías falsos que confunden al pueblo. Es decir: está hablando de algo que HOY mismo está sucediendo en una enorme y llamativa cantidad de sitios supuestamente cristianos. ¿Y qué está diciendo? Está diciendo lo que, de alguna manera, es respuesta para muchos que lo preguntan porque están desesperados por la aparente falta de respuesta por parte de Dios para sus problemas: que si tú insistes en entregarte para que te siga guiando un falso apóstol, pastor, maestro, evangelista o profeta, nada podrá hacer Él en beneficio de tus jóvenes, tus viudas y tus huérfanos.

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[19]

«Que nadie al ser tentado, diga: Es Dios quien me tienta. Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie.» (Santiago 1:13)

En muchas ocasiones recibo correos de personas (hombres y mujeres, por igual), que están pasando por graves problemas en sus matrimonios por causa de sus adulterios. Lo primero que tienen es un aparente arrepentimiento. Lo segundo es una muy buena excusa que deja bien colocado a su decisión de adulterar y, lo final, siempre es una pregunta en forma de duda espiritual: pastor… -me dicen-, ¿Usted cree que Dios ha permitido que yo me enamorara de…? (y aquí me dan el nombre de sus amantes). Es triste, muy triste. No sólo el adulterio en sí mismo, que es un terrible pecado que los degrada cada día más, sino la interpretación casi blasfema que le dan a ese pecado. Un pastor que estaba en adulterio, recuerdo, estaba convencido que Dios los iba a usar (a él y a su amante) en sus respectivos ministerios, pastor y directora de alabanza. Dios no fabrica pecado.

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[20]

«Al ver esto, Pedro les dijo: Pueblo de Israel, ¿Por qué les sorprende lo que ha pasado? ¿Por qué nos miran como si, por nuestro propio poder o virtud, hubiéramos hecho caminar a este hombre?» (Hechos 3:12)

Yo he oído a muchos ministros, desde sus plataformas, pronunciar palabras más o menos similares a estas luego de algo importante. Sin embargo, algo dentro de mí que no es mi carne, por supuesto, me ha dicho de inmediato que esa persona no es sincera. Que dice lo que dice pero que, en realidad, está obrando y esperando que la gente crea exactamente lo contrario a lo que dice. Y a favor de ser sincero, creo que lo han conseguido. Es bastante habitual en estos tiempos invitar a alguien a una determinada campaña de sanidad porque, -aseguramos- viene el siervo Tal o Cual que tiene un ministerio de sanidad muy reconocido e importante. ¿Existen de verdad los ministerios de sanidad o simplemente el poder de Dios se manifiesta sanando en algunos lugares sí y en otros no? El día en que el pueblo de Dios encuentre claridad en este punto, la iglesia habrá dado un enorme paso a terminar el trabajo que Dios le ha encomendado. Mientras tanto, seguimos en pleno marketing.

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[21]

«No me reprendas, Señor, en tu ira; no me castigues en tu furor.» (Salmo 6:1)

¿Cuánta gente conoces a la que Dios no parece inspirarles el menor temor? Está bien; se nos ha enseñado y muy mal a un Dios meramente castigador. A una especie de ogro gigante armado con una paleta cazamoscas que parecería estar aguardando que tú te equivoques en algo para descerrajarte un paletazo y borrarte del planeta de los vivos. Obviamente, ese no es nuestro Dios. Pero mucho cuidado. No te abuses. Dios tampoco es ese anciano medio tonto que no parecería darse cuenta de nada de todo lo malo que tú haces y que siempre está dispuesto a mirar para otro lado cuando te comportas indebidamente. Ese tampoco es nuestro Dios. Dios es justo, ¿Sabes? Y la justicia de Dios no puede eliminar absolutamente ninguna de tus triquiñuelas o estratagemas pecaminosas, pero tampoco dejará pasar como si nada todo lo bueno que emane de ti.

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[22]

«De esta llegué a ser servidor según el plan que Dios me encomendó para ustedes: el dar cumplimiento a la palabra de Dios, anunciando el misterio que se ha mantenido oculto por siglos y generaciones, pero que ahora se ha manifestado a sus santos.» (Colosenses 1:25-26)

Pablo está hablando de su servicio a una iglesia. Y dice que en este caso de esta iglesia en particular, él lo ha hecho conforme al plan que Dios le encomendara. Así es como deberemos servir a una iglesia local. Hacerlo de otro modo, será hacerlo por nuestras propias fuerzas y con nuestra propia sabiduría humana y personal. Convengamos en que, mayoritariamente, es así como se hace. Y convengamos también que, también en su gran mayoría, esa clase de servicio de tono humanista podrá arrojar algún que otro beneficio práctico, pero globalmente está condenado al fracaso. ¿Por qué razón? Porque lo único que está destinado y hasta predestinado a vencer en la iglesia, es el plan de Dios ejecutado obedientemente por algunos de sus hijos. Otra cosa, es fracaso simplemente porque no está Dios directamente detrás del asunto.

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[23]

«La maldad arde como un fuego que consume zarzas y espinos, que incendia la espesura del bosque y sube luego, como torbellino, en una columna de humo.» (Isaías 9:18)

¿De que clase de maldad está hablando el profeta aquí? Indudablemente que no se trata de la que existe en el mundo secular. Si así fuera, lo que aquí se expresa sería una especie de redundancia, ya que nadie se le descubriría nada si se le señala que en un mundo impío hay impiedad. Ahora bien; si lo que se está diciendo es que también hay un grado de maldad que como si fuera un voraz incendio está consumiendo a una parte de lo que nosotros llamamos iglesia, eso es otra cosa. Porque si hablamos de impiedad, hablamos de falta de espiritualidad. Y si en lo que dice llamarse iglesia hay falta de espiritualidad, entonces el tema es lo suficientemente importante como para que lo tengamos muy en cuenta.

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[24]

«Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen.» (Santiago 1:14)

¡¡Diablo!! ¡¡Te reprendo y te prohíbo enviar a ninguno de tus demonios a tentarme más!! - ¿Nunca has oído a alguien batallar o reprender con estas palabras? Yo sí. Y no he podido decir lo que pensaba porque generalmente me ocurrió en iglesias que estaban a cargo de determinados pastores que no veían con buenos ojos que un visitante les quisiera enseñar su trabajo. Pero lo cierto es que tanto a mí como seguramente a ti también, en este momento, nos quedó muy en claro que por más que se nos ponga la boca azul morado reprendiendo demonios, la tentación va a seguir perturbando nuestras vidas en tanto y en cuanto no logremos dominar nuestros propios malos deseos. Porque es de allí de donde proviene. No pongo en duda que luego puede ser desarrollada y explotada por uno o mil demonios, pero el daño se produce porque nosotros, con nuestros malos pensamientos o deseos, le hemos abierto las puertas de par en par.

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[25]

«El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros antepasados, ha glorificado a su siervo Jesús. Ustedes lo entregaron y lo rechazaron ante Pilato, aunque éste había decidido soltarlo.» (Hechos 3:13)

En primer término, la mención de los tres: Abraham, Isaac y Jacob, no es casual ni antojadiza. Dios es Dios de tres generaciones y las necesita para terminar su cometido. En segundo lugar, se manifiesta el señorío de Cristo en un lugar donde casi resultaba peligroso hacerlo. Sería como si hoy se lo hiciera en una sinagoga judía pero en pleno Israel. Casi una ofensa religiosa. Pero ellos no sólo hacen eso sino que, incluso, le reprochan a la gente algo que todavía hoy, cuando lo expresamos, a muchos no les cae nada simpático. Porque le decimos a todos esos “mini-astros” hambrientos del aplauso y el reconocimiento de sus hermanitos que, la gente a la que Jesús sanó, liberó y predicó el evangelio del Reino, fue la que en el momento de decidir sobre su vida y su muerte, clamó a gran voz pidiendo a Pilato que liberara a Barrabás, un ladrón, asesino y delincuente. ¿Lo entiendes?

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[26]

«Tenme compasión, Señor, porque desfallezco; sáname, Señor, que un frío de muerte recorre mis huesos.» (Salmo 6:2)

¿Nunca has experimentado esa horrible sensación de un frío glacial recorriendo tus huesos y haciéndote estremecer aún en el tórrido verano que estés viviendo donde quiera que habites? Espíritu de muerte. Eso es lo que nos han enseñado a reprender, rechazar y combatir en nuestro ser interior cuando nos toca vivir eso. Un ataque de fuerzas satánicas que, por algún motivo solamente reservado a nosotros mismos, ha podido ingresar y llegar a perturbarnos. David era consciente de ello. Por eso es que no sólo combate sus sensaciones corporales, sino que además le pide a Dios que se compadezca de él y le ayude en su batalla personal. Por eso le pide que lo sane, siendo que no estaba enfermo físicamente. Dios pelea tus batallas, pero tú eres quien arma las estrategias, no lo olvides.

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[27]

«A estos Dios se propuso dar conocer cuál es la gloriosa riqueza de este misterio entre las naciones, que es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria.» (Colosenses 1:27)

¡¡Hermano!! ¿Puede usted explicarme cómo es que funciona esto? ¡No lo entiendo! - Centenas de correos y consultas personales he recibido en este tenor y sobre este mismo tema. ¿Sabes cuál ha sido siempre mi única respuesta? ¡Tú no tienes que entender nada, sólo tienes que creerlo! Allí es donde las respuestas se aúna en una: - ¡Es que yo lo quiero creer, pero no puedo! - ¿No puedes? En realidad no quieres. ¿Sabes por qué? Porque no dejas que Cristo obre EN ti, sino que deseas ver la realidad con tus propios ojos y desde tu entendimiento intelectual. No funciona así. Cada cosa que la Biblia llama “misterio”, inmediatamente va acompañada de otra palabra que es “revelación”. En esta última está centralizado todo. Si no hay revelación, no hay conocimiento, apenas información. Y esa información no alcanza ni alcanzará nunca para saber quién es Cristo esperanza de gloria.

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[28]

«Por la ira del Señor Todopoderoso arderá en fuego la tierra, y el pueblo será el combustible: ¡Nadie se compadecerá de su hermano!» (Isaías 9:19)

¿Dice que SU pueblo será combustible del fuego en el que arderá la tierra? Eso es lo que dice. ¿Pero no era que solamente el mundo incrédulo ardería en el infierno? Es que no está hablando del infierno, sino de un fuego de maldad que azotará la tierra por causa de la incredulidad y la desobediencia. Y a ese fuego lo desatarán todos los incrédulos y desobedientes por igual, tanto los que están fuera de los templos, jamás entraron en uno y nunca oyeron hablar de Dios, como también de los que cada domingo ocupan sus bancos, cantan sus coros, recitan sus oraciones y hasta predican sus sermones, pero que en el fondo son tan incrédulos y desobedientes como los que nunca oyeron nada de Jesucristo.

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