"Palabra de Vida"

Biblioteca Bíblica en Línea

Ministerio "Palabra de Vida"

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"Cristo es el Camino, la Verdad
 y la Vida".

Estudios, Mensajes, Pensamientos y Reflexiones sobre la Palabra de Dios. 

"Hacia la Salvación de Toda la Humanidad". 

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Néstor Martínez

 

 Enero de 2007

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[01]

¡Feliz Año Nuevo!

«En ese momento los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?» (Mateo 18:1)

Eran los discípulos de Jesús. No eran un grupúsculo de ignorantes religiosos más interesados en la figuración social y pública que en una vida espiritual sincera y recta, eran nada menos que ¡Los hombres más cercanos al Señor! Igualmente, la Biblia es sobradamente clara para hacernos ver que la mayoría de ellos, no había entendido absolutamente nada. Ni de lo espiritual ni de lo concerniente a la validez de la figura a la cual estaban siguiendo. Lo más probable es que por lo menos nueve de los doce haya visto a Jesús como un estupendo líder político capaz (con algunos sucesos sobrenaturales) de sacarlos de la esclavitud romana y llevarlos a disfrutar de un reino propio. Por eso es la pregunta. Porque ya especulaban con ese futuro.

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[02]

«Escucha mis súplicas, rey mío y Dios mío, porque a ti elevo mi plegaria.» (Salmo 5:2)

Este es David. El elegido, el ungido, el futuro rey, el pecador arrepentido, la línea generacional elegida para traer a Jesús, Dios encarnado. Creo que tiene todas las condiciones como para sentirse alguien con cierto “peso” específico dentro del Reino de Dios, ¿No crees? Sin embargo fíjate el calibre de su oración. Humilde de toda humildad. Brote de un corazón que gime arrepentido por sus luchas internas contra una naturaleza pecaminosa. Conciencia de pequeñez y de inutilidad delante del Dios Todopoderoso. David dice “escucha mis súplicas”, dando a entender que muy bien podría Dios, pese a todo, decidir no hacerlo. Y Él nada podría hacer ante esa decisión. Escucha: ¿No crees que muchos de nosotros, con muchísimo menos valor delante del Señor, osamos ser mucho más arrogantes a la hora de hablar con Él en lo que luego, pomposamente, llamamos “oración”?

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[03]

«Este es el mensaje que han oído desde el principio: que nos amemos los unos a los otros.» (1 Juan 3:11)

¿Quieres un mensaje más simple y sencillo que éste? ¡¡Es el mensaje del amor!! declama el religioso y también el mundo incrédulo. Y luego se conducen ambos casi al unísono de la misma manera: amando supuestamente a los que pueden darles algo e ignorando a quienes no tienen nada para dar. Amarnos los unos a los otros es la única salida victoriosa para la iglesia, pero si yo te amo y tú me amas, cumplimos ambos lo que Dios nos ha ordenado al respecto. Pero si tal como lo vemos mayoritariamente, yo te amo y tú me estafas o me engañas, entonces todo se va a cualquier parte y la iglesia sigue jugando a los ritos (tanto católico-romanos como evangélicos) y no logra terminar su cometido. ¿Es tan difícil amar al prójimo? No, no es difícil y es realmente hermoso. Pero ha habido tantos y tantos que se han aprovechado de ello que hoy es muy complicado predicar confianza y transparencia.

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[04]

«Yo, Juan, hermano de ustedes y compañero en el sufrimiento, en el reino y en la perseverancia que tenemos en unión con Jesús, estaba en la isla de Patmos por causa de la palabra de Dios y del testimonio de Jesús.» (Apocalipsis 1:9)

Juan había sido desterrado a esa isla por causa de andar con un mensaje contrario a lo que la clase religiosa de su tiempo predicaba. Es decir que, en principio, Juan era alguien que no se había sujetado en absoluto a sus pastores naturales. Había sido enviado allí por disposición gubernamental, lo que indica que ese sector de la iglesia tenía influencia en el gobierno secular. En calidad de rebelde, insujeto, conflictivo y hereje, más la lógica condición de blasfemo, había sido confinado allí no permitiéndosele reunirse con otros cristianos, por lo que podemos considerar que no se estaba congregando por esa causa. Ahora presta atención: en esas condiciones con las que cualquiera de nosotros hubiese desaparecido del mundillo “cristiano”, él recibe la visita del Señor en persona y todo el contexto de este tremendo libro. ¿Qué significa eso? Puedes hallar por ti mismo una serie de conclusiones. Yo me quedo con una: a Dios le preocupa mucho más quién eres en lo privado que lo que haces en público. Que conste.

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[05]

«Él llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Entonces dijo: les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos.» (Mateo 18:2-3)

Esta es la respuesta de Jesús a la pregunta de sus discípulos sobre quién sería el más importante en el Reino de los Cielos. ¿Y qué les dice? Simplemente que, si no cambiaban su forma de pensar y de ser, no entrarían al reino. ¿Eso quiere decir que ellos podían perderse? No se está hablando de salvación, se está hablando de entrar al reino. ¿Es que no es la misma cosa? No, no lo es. Se es salvo por gracia, por favor de Dios y sin mérito alguno de parte nuestra. Pero entrar al reino y servirle, implica pagar un precio. Esencialmente, el precio de la pérdida de nuestra reputación. No nos importa demasiado que el mundo nos tome por locos, pero sí nos importa y mucho que alguna fracción de la iglesia nos trate de herejes, blasfemos, rebeldes o conflictivos. Y servir de verdad al reino (No hablo de una congregación ni una denominación), nos coloca en ese plano. Exactamente igual que lo colocó allí a Jesús.

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[06]

«Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos, y quedo a la espera de tu respuesta.» (Salmo 5:3)

El hecho de orar por la mañana no tiene un valor simplemente formal, rutinario o de valor “devocional”, un término que hemos inventado los religiosos, ya que la Biblia jamás lo menciona. El hecho de orar por la mañana equivale a reconocer que, sin ese previo contacto con nuestro Padre celestial, no existe ni la menor posibilidad de salir airoso en el resto del día. Y no se trata de una mera “oracioncita”, se trata, como aquí David lo aclara muy bien, de Clamor. Y clamor no tiene nada que ver con “bendito Padre celestial, te damos gracia por este día”. Clamor es un alarido desgarrador donde, fundamentalmente, va implícito el reconocimiento a una naturaleza cargada de pecado que, sin el auxilio de esa formidable gracia misericordiosa, jamás podría resultar limpia delante de los ojos de la santidad única llamada Jesucristo.

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[07]

«No seamos como Caín que, por ser del maligno, asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo hizo? Porque sus propias obras eran malas y las de su hermano justas.» (1 Juan 3:12)

He enseñado que la Biblia es un compendio de relatos literales que encierran principios espirituales. Aquí nos encontramos con uno. ¿Mató realmente Caín a su hermano Abel? Lo mató, en efecto. ¿Y qué aplicación podría tener ese hecho para nosotros, hoy? Muy claro. Caín mató a su hermano Abel por envidia. Hoy pululan por nuestros templos cientos y cientos de “caínes” que buscan acercarse a los líderes, ganarse su confianza y acceder a cargos y posiciones de poder. Cuando lo logran, vemos las barbaridades que vemos. Cuando no lo logran porque con honestidad se le da espacio a los de mejores conductas, se llenan de envidia y no dudan en matar espiritualmente a quien sea con tal de descargar su enojo y resentimiento. ¿Por qué se comportan así? Tú inventa la causa que mejor te parezca. Yo me quedo con la que aquí está determinada: son del maligno.

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[08]

«El Señor ha enviado su palabra; la ha enviado contra Jacob, ¡Ya cae sobre Israel!» (Isaías 9:8)

La palabra de Dios tiene peso propio. Alcanza con que sea lanzada para que no regrese vacía. Porque tendrá repercusión, alcance y cimiento. Aquí se menciona una palabra que ha sido enviada a Jacob, y que por su contundencia y firmeza, alcanza a Israel, que como todos sabemos, es el seudónimo, el apodo, el sobrenombre que Dios le otorgó a Jacob. ¿Y qué significa que una palabra de Dios caiga sobre alguien o algo? Significa que, inmediatamente, produce juicio. La palabra de Dios cuando está desatada, produce juicio. Que no es destrucción ni hecatombe necesaria, sino separación de lo verdadero de lo falso. Eso es juicio. Eso es Dios. Su máxima tarea en este tiempo es elaborar el juicio a su propia casa, de donde borrará todo lo que no tenga que ver con Él y respaldará todo aquello que lo represente.

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[09]

«En el día del Señor vino sobre mí el Espíritu, y oí detrás de mí una voz fuerte, como de trompeta, que decía: Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete iglesias: a Efeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea.» (Apocalipsis 1:10-11)

Independientemente de todo lo que podamos hallar en este pequeño texto, y dado que el espacio que tenemos aquí no es el óptimo para definiciones de fondo, voy a quedarme, para ayudar a tu reflexión en este día, con un hecho muy singular: es en el único lugar en donde el Señor toma contacto con un siervo y le dice que escriba en un libro lo que vea. Nosotros hemos sido muy dados en buscar en textos de los Evangelios y otros, ciertos modelos que luego hemos pretendido plasmar en alguna clase de imágenes. No funciona. No hubo ni hay interés en Dios de que tú y yo sepamos qué clase de rostro, facciones o aspecto humano tenía Jesús de Nazaret, pero sí va a delinear, más tarde, el aspecto de Cristo tal como a Dios le interesa que lo veamos.

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[10]

«Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos.» (Mateo 18:4)

¿Qué se entiende por humillación en este texto? Fundamentalmente la que cualquier niño podría evidenciar: aceptación de sus limitaciones y sus ignorancias y sanos deseos de aprender todo lo que no se conoce. La técnica del “yo lo sé todo” no funciona en el pueblo de Dios. Lo más probable es que en algún momento alguien te pregunte algo que ignoras y no tendrás más solución que reconocer tu ignorancia y desconocimiento. La que sí funciona siempre, es la técnica del “yo no sé nada”, ya que siempre encontrarás a alguien dispuesto a enseñarte lo que no sabes y, de ese modo, será más lo que aprenderás que lo que creerás que sabes. Ningún hombre sabe todo, sólo Dios es capaz de esto. Todos nosotros somos su imagen y semejanza, pero ninguno su sustancia total por completo. Si alguien publicita esto, es falso.

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[11]

«Tú no eres un Dios que se complazca en lo malo; a tu lado no tienen cabida los malvados.» (Salmo 5:4)

¿Es que acaso podría existir, aunque mas no sea en la imaginación de algunos, una especie de dios que se complazca de hacer algo malo? Cualquier creyente medianamente avisado respondería contundentemente que no, ¿Verdad? Sin embargo no es tan así. Hay formas de la religión autodenominada “cristiana”, que ha enseñado sobre un Dios que, llegado el caso, va a disfrutar y mucho haciéndote añicos si es que no te portas bien. Es el llamado “Dios castigador”, al que la gente va a acercarse no por amor, no por fe, no por convicción, sino por miedo. Y si entras al reino de los cielos con miedo, y el dueño del imperio de la muerte y del miedo es Satanás, ¿Me puedes decir con quién ingresas al evangelio? Así es. Y así ha sido, lamentablemente, merced a muchos pseudos evangelistas que no han vacilado en predicar un evangelio de la destrucción, el castigo y las severas penalidades para los malos, y que encima de todo eso, se han dado el lujo de llamar a toda esa patraña diabólica, “buenas noticias”.

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[12]

«Hermanos, no se extrañen si el mundo los odia.» (1 Juan 3:13)

Este pequeño texto, créeme, ha pasado casi desapercibido para las miles y miles de predicaciones que en todos los púlpitos del mundo intentan alimentar espiritualmente al pueblo de Dios. Y no sólo que no se ha predicado demasiado el concepto, sino que incluso, la mayor parte de las congregaciones hace lo indecible para resultarles simpáticas a la sociedad que las rodea. Entonces programan festivales, teatros y cuanto entretenimiento sano encuentren con el fin de que ese mundo los acepte y, pasado cierto tiempo, se atrevan a venir un día al templo. Allí, se cree que con el simple hecho de predicar algo bien evangelístico, será suficiente para que alguien acepte a Cristo. Hermano: dice que no te extrañes si el mundo te odia por el simple hecho de ser creyente. ¡No es intelectual ni religioso, es espiritual!

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[13]

«De esto se entera todo el pueblo -Efraín y los habitantes de Samaria-, todos los que dicen con orgullo y con altivez de corazón: Si se caen los ladrillos, reconstruiremos con piedra tallada; si se caen las vigas de higuera, las repondremos con vigas de cedro.» (Isaías 9:9-10)

Esto que tú estás leyendo aquí, es la reacción del pueblo cuando se le dice que la palabra de Dios podrá caer sobre ellos. Es como si estuvieran respondiendo, (llevados por su orgullo) que no les importa demasiado lo que Dios pueda intentar hacerles, que siempre tendrán una salida y una solución sin necesidad que Él esté cerca. ¡Tremendo! ¿Cómo podrían ser tan ignorantes, fatuos y soberbios, no es así? Sin embargo, créeme que hoy, en este pleno siglo veintiuno, todavía queda gente así. Gente que un día oye, de labios de algún mensajero, que Dios les está demandando santidad, sinceridad, honestidad, rectitud e integridad por sus ministerios, y que de todos modos eligen seguir adelante por sus propios métodos, sin contar a Dios en el asunto, creyendo verdaderamente que sus prestigios lo hará posible.

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[14]

«Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba y, al volverme, vi siete candelabros de oro.» (Apocalipsis 1:12)

Quiero que entiendas el factor básico del principio aquí revelado. Lo primero que Juan ve cuando gira su rostro hacia tras, es a la iglesia. Pero no a esto que tú y yo conocemos como tal, sino a la que Dios plantó para que fuera sin mancha, sin arruga, victoriosa y más que vencedora. Esa es la única iglesia posible y es la que es representada por el candelabro, tal como lo hemos enseñado en un estudio titulado “La Iglesia que Dios Quiere” que se encuentra en nuestra Web. Esta visión de Juan implica que, todo lo que va a decirse de allí en más, la tiene como destinataria a la iglesia real, genuina y apartada de todo convencionalismo religioso, todo credo humano y toda teología de hombres. Eso no cambió. Si tú eres iglesia genuina y estás apartado o apartada de toda estructura babilónica, ese libro está destinado a ti.

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[15]

«Y el que recibe en mi nombre a un niño como éste, me recibe a mí. Pero si alguien hace pecar a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que se colgara al cuello una gran piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar.» (Mateo 18:5-6)

Fíjate que tanto el mundo secular e incrédulo, como alguna fracción demasiado intelectual de la iglesia, suele menospreciar a los menos instruidos o capacitados en sus formaciones. Siempre se prefiere o elige para los mejores sitios a los de mayor formación. No es lo mismo un pastor profesional universitario que uno con instrucción primaria. Pero Jesús, aquí, declara muy claramente que lo más importante para Él es que esas personas crean. Si creen y nosotros los recibimos, es como recibirle a Él mismo. Pero si hacemos algo que los lleve a pecar, entonces nos enfrentamos al mismo Dios. ¿Y como podríamos, consciente o inconscientemente, hacer pecar a uno de esos pequeñitos? Simple: enseñándoles una doctrina falsa, por ejemplo.

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[16]

«No hay lugar en tu presencia para los altivos, pues aborreces a los malhechores.» (Salmo 5:5)

El salmista nos asegura que no hay lugar junto a Dios para los altivos. ¿Qué es la altivez? Cualquier diccionario será muy simple, escueto, concreto y contundente, y te dirá que altivez es sinónimo pleno de orgullo y soberbia. Esto es coherente y coincidente, entonces, con aquella otra palabra que nos asegura que Dios resiste a los soberbios. Ahora bien; ¿Adonde te crees tú que Él va a encontrar a la mayor parte de los altivos, soberbios y orgullosos? ¿En un mundo secular cargado de gente angustiada, con temores y dudas sobre su futuro inmediato o quizás en alguna organización llamada a sí misma “iglesia”, donde la gente que la compone se siente segura de su futuro y entonces cree haber llegado al cenit total? No te olvides que malhechor, no es necesariamente asesino, sino alguien que hace malos hechos.

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[17]

«Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte.» (1 Juan 3:14)

Por favor: para que no caigas en confusión, olvida ya mismo esa clase de amor que has leído en los libros rosados o visto en las telenovelas de la televisión. Aquí no se habla de amor romántico, ni tampoco de ese que es fruto de emociones o sentimientos, por mejor intencionados que estos sean. El amor de Dios que sus hijos (los hermanos) deben prodigarse unos a otros, es aquel que tiene la conciencia clara y contundentemente de formar parte de un mismo reino, donde todos aportan lo suyo para un objetivo común y donde nadie se proyecta planes particulares fruto de, también, ambiciones personales (dinero, poder, posición) y para eso usa a veces a los demás. Amar a tu hermano es como decirle: Aquí estoy contigo hasta las últimas consecuencias porque tú y yo hemos sido destinados a la misma victoria.

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[18]

«Pero el Señor ha fortalecido a los adversarios de Rezan; ha incitado a sus enemigos.» (Isaías 9:11)

Vamos a ver; trata de extraerle a este texto antiguo un principio actual. ¿Crees que lo tiene? Sí, lo tiene. Hay dos palabras muy distintas en este verso, atribuidas ambas a Dios. Una parecería ser un patrimonio natural y lógico de Él, pero la otra quizás no tanto. Dios puede fortalecer a quien se le ocurra en el momento en que se le ocurra, ¿Verdad? Pero lo que nadie ha pensado es que puede hacerlo con un enemigo, si es que eso es favorable a su propósito. Lo que no es tan frecuente de imaginar, es que Dios ande incitando gente. Cuidado; no es incitación al pecado, sino a ejercer un acto o un hecho que luego, en lo global, siempre va a bendecir a hijos. No te olvides que, a la hora de bendecirte, Dios no se fijará demasiado si usa a otro creyente o a un incrédulo, porque el tema de fondo es bendecirte.

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[19]

«En medio de los candelabro estaba alguien semejante al Hijo del hombre, vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido con una banda de oro a la altura del pecho.» (Apocalipsis 1:13)

Uno semejante al Hijo del Hombre. ¿Quién es al que Juan está viendo? Cristo. ¿Jesús? No, Cristo. ¿Pero no es lo mismo? No; Jesús es el niño nacido del vientre de María al que luego encarnará Dios mismo. Cristo es el Hijo que nos es dado por Dios. Jesucristo, la unidad de ambas esencias. Juan ha recibido el mandato de escribir lo que está viendo. A Dios le interesa que tú conozcas la fisonomía del Hijo. ¿Pero y ese rostro de Jesús que tanto hemos visto en cuadros, pinturas y estampas? A ese en ningún momento se lo describió físicamente porque a Dios no le interesaba que supiéramos cómo era su rostro. Lo que mayoritariamente hemos visto, ese Jesús sanguinolento, sufriente y deprimido, es la pintura que a los demonios le encanta venderle a los cristianos. ¿Y sabes qué? Ni te imaginas cuántos la han comprado.

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[20]

«¡Ay del mundo por las cosas que hacen pecar a la gente! Inevitable es que sucedan, pero ay del que hace pecar a los demás!» (Mateo 18:7)

Es decir que lo tienes bien claro. El pecado es inevitable como parte débil y vulnerable de la naturaleza humana, pero no es un elemento que se deba implementar en los demás. Una cosa es que el hombre peque, ya que su naturaleza puede llevarlo a ello por debilidad o falta de respaldo espiritual, pero otra cosa muy diferente es que alguien lo obligue a pecar. Lo primero, tras arrepentimiento y perdón, tiene restauración inmediata, pero lo segundo es mucho más complejo. Tiene una clase de castigo el pecado cometido de forma directa, pero tiene otro castigo mucho más grave cuando ese pecado es cometido por otros por causa de nuestros errores.

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[21]

«Tú destruyes a los mentirosos y aborreces a los tramposos y asesinos.» (Salmo 5:6)

¿En que has pensado al leer este verso? ¿En los políticos, luego devenidos en gobernantes, que no han vacilado en mentir para captar nuestros votos y luego no cumplen con ninguna de sus promesas preelectorales? Correcto. ¿En los cientos y cientos de jugadores que en las distintas mesas de juego no vacilan en utilizar cualquiera de las trampas conocidas o por conocerse con el fin de quedarse con el dinero ajeno? Correcto. ¿En aquellos que por dinero, poder u otros incentivos, no vacilan en quitarle la vida a alguien? Correcto. Sólo un pequeño problema: este es un texto que está en la Biblia, libro que Dios le ha dejado a la iglesia, no al mundo. ¿Entonces? Entonces será tiempo de pensar que adentro de su propio pueblo hay mentirosos y tramposos, y si lo observamos desde el plano de lo espiritual, también homicidas que quitan la vida abundante de muchos, por alguna clase de conveniencia.

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[22]

«Todo el que odia a su hermano es un asesino, y ustedes saben que en ningún asesino permanece la vida eterna.» (1 Juan 3:15)

Simplemente el odio. ¿Nunca has sentido que podías odiar a alguien con sólo dejarte llevar por tus sentimientos o tus emociones? Por eso es que decimos que las emociones son peligrosas. Fíjate que aquí te lo está diciendo con total claridad. Es Juan, pero Juan era un joven sin la menor posibilidad de escribir algo así. Es Dios quien escribe por mano de Juan, no hay duda. ¿Entonces? Entonces, que no puedes odiar. Si tu alma ha sido herida por hermanos o supuestos hermanos, deberás perdonar no siete, setenta veces siete si es necesario. ¿Por qué? Porque, a pesar de todas las tesis, ponencias y teologías denominacionales con respecto a si la salvación se pierde o no se pierde, en una polémica estéril e inútil, aquí se te dice que no permaneces en la vida eterna si odias a tu hermano. Y si no permaneces en un lugar, es porque antes quizás estabas, ¿No te parece?

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[23]

«Los sirios en el este y los filisteos en el oeste se comieron a Israel de un solo bocado. A pesar de todo esto, la ira de Dios no se ha aplacado; ¡Su mano aún sigue extendida!» (Isaías 9:12)

Fíjate bien en los conceptos básicos de este texto. Dios ha extendido su mano de poder y juicio en contra del que todos decimos es su pueblo elegido: Israel. Y los resultados desde el punto de vista bélico, han sido tremendos y calamitosos para ellos. Entre los sirios y los filisteos los han aniquilado. Sin embargo, se nos dice que ni aún con todo esto la ira de Dios se ha aplacado. Pregunto: ¿Tenemos alguna vaga idea de lo que significa realmente despertar la ira de Dios? Segunda pregunta: ¿No lo han hecho, (en ignorancia o a sabiendas) muchos pueblos del planeta? Tercera pregunta: ¿Es descabellado suponer que esto tenga que ver con tanta calamidad azotando a tanta gente? Son dudas que en algún momento podrán develarse, porque el Espíritu Santo de Dios ha sido enviado a guiaros a toda verdad, y una de esas enormes verdades, es la de cumplir con el propósito y la voluntad de Dios cuando sabemos cuál es.

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[24]

«Su cabellera lucía blanca como la lana, como la nieve; y sus ojos resplandecían como llama de fuego.» (Apocalipsis 1:14)

Juan está describiendo, tal como se lo han ordenado, la fisonomía del Hijo de Dios visible para él en ese momento. Cabellera inmaculadamente blanca y ojos resplandecientes como llama de fuego. ¿Alguna vez has tenido esta visión de Cristo? No, Muy probablemente has sido uno de los tantos que adoptó la que a los demonios les interesaba que consumiéramos: el Jesús colgado de una cruz, vencido, sufriente y sangriento. El Jesús derrotado. Nada que ver. No podemos confundirnos, pueblo santo. El Hijo de Dios es este que aquí describe Juan. El otro, un hombre judío que sirvió de vehículo para la redención. La importancia de cada uno, está muy clara en la Biblia; sólo tienes que leerla.

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[25]

«Si tu mano o tu pie te hace pecar, córtatelo y arrójalo. Más te vale entrar en la vida manco o cojo que ser arrojado al fuego eterno con tus dos manos y tus dos pies.» (Mateo 18:8)

Obviamente, esto es absolutamente simbólico. No lo han entendido así algunas culturas extremistas y han elaborado leyes que más que producto de un Dios de amor parecerían haber sido dictadas en el mismísimo infierno. Esto habla necesariamente de tus formas de ejecución y autoridad. Las manos significan eso, autoridad y ejecutividad, mientras que los pies implican la autoridad de plantarse en un sitio y ejercer dominio. Si en ambos casos eso es ejercido con contaminaciones pecaminosas o corruptas, mucho mejor será dejar todo de lado, tanto esa supuesta autoridad como el poder en sí mismo y comenzar todo nuevamente desde cero. Entiende esto: si lo que vayas a hacer para el reino de Dios no es conforme al propósito, la voluntad y los modos de Dios, mejor no hacerlo.

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[26]

«Pero yo, por tu gran amor puedo entrar en tu casa; puedo postrarme reverente hacia tu santo templo.» (Salmo 5:7)

No es ninguna novedad que, a la hora de encontrar hermanos con gran caudal de capacidades puestas al servicio de la adoración, no vacilamos en honrarlos, reconocerlos por ello y hasta rendirle cálidos y emotivos homenajes por lo que consideramos como “un enorme servicio al Reino de Dios”. ¿Es malo eso? No, no es malo. Sólo que no es bíblico, tal como puedes comprobarlo con lo que terminas de leer. Cualquier cosa, entiende bien esto por favor: cualquier cosa que tú hagas en beneficio del Reino de los Cielos, no es por causa de tu capacidad, tus méritos o tus talentos, sino porque Dios ha manifestado un grande amor que ha posibilitado que eso sea posible. ¿Llegará el tiempo en que un ungido no sea mirado como una estrella sino como un favorecido?

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[27]

«En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar a vida por nuestros hermanos.» (1 Juan 3:16)

Presta atención porque la Biblia, (independientemente de sus diferentes versiones), nunca trae palabras o conceptos porque sí. Los trae por contenido y significado. Y aquí dice que al amor no tenemos que vivirlo o sentirlo, sino conocerlo. Y que llegamos a hacerlo cuando entendemos que Jesucristo no fue crucificado porque el Sanedrín y los romanos eran demasiado fuertes para Él solo, sino porque decidió entregarse. Y lo hizo no en nuestro lugar, sino por nosotros, que no es lo mismo. Como un pago obligatorio por nuestro pecado Él mismo se hizo pecado y murió en una cruz pagando el precio y luego, resucitando, llevándonos a todos a una vida eterna que, por nosotros mismos, jamás hubiéramos accedido ni merecido.

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[28]

«Pero el pueblo no ha querido reconocer al que lo ha castigado; no ha buscado al Señor Todopoderoso.» (Isaías 9:13)

Seguramente, tu primera reacción al leer esta historia, habrá sido la misma que he tenido yo y, supongo, tantos hermanos más: ¿Pero como pueden ser esos ignorantes tan cabezones, tercos y duros de corazón y no entender que Dios permitió sus crisis por amor? ¡Ah, sí! Somos todos muy buenos evaluando y hasta juzgando a los errores ajenos. Pero dime algo: ¿Cuántas hecatombes terribles has visto en los últimos… digamos… diez años, en el mundo entero? Muchas. ¿Y has sabido que en algunos de esos sitios, la gente se haya vuelto masivamente a Dios considerando siquiera la posibilidad de que lo que les sucedió haya tenido que ver con un juicio divino por desobediencia? Si conoces algún caso, (no individual, masivo) por favor, me escribes y me lo cuentas. Yo no sé de ninguno.

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[29]

«Sus pies parecían bronce al rojo vivo en un horno, y su voz era tan fuerte como el estruendo de una catarata.» (Apocalipsis 1:15)

¿Has estado visitando en alguna ocasión, en mi país, las cataratas del Iguazú? ¿Has visitado, en algún momento, las cataratas del Niágara en Canadá? Si has estado en algunas de estas dos maravillas de la naturaleza, no tengo que explicarte nada: ya sabes cómo es la voz del Hijo de Dios. Si no las conoces, pero sí has visto alguna vez el mar, déjame decirte que es como el sonido de las olas del mar en un día de mar embravecido, pero multiplicado por cien. ¿Quién supondría que la voz de Dios es algo que apenas se oye? ¡Es que lo dice la Biblia! No. La Biblia habla de la voz suave…del Espíritu Santo. Como silbo apacible, lo describe. Pero cada miembro de la familia tiene su propia forma de comunicarse, y el Hijo de Dios es como cataratas de agua y Dios Padre, como trueno de tormenta.

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[30]

«Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo y arrójalo. Mas te vale entrar tuerto en la vida que con dos ojos ser arrojado al fuego del infierno.» (Mateo 18:9)

¿Te imaginas si tomamos literalmente este pasaje? Nuestras iglesias parecerían barcos piratas, la mayor parte de sus miembros con parches negros en los ojos a la manera de los antiguos corsarios. Aquí se está hablando de nuestra visión. Y no de la normal, corriente y cotidiana, sino de la espiritual. Si no tienes una visión clara transmitida a tu vida por el Espíritu Santo, mejor deja de lado tu ministerio hasta que la tengas. No podemos trabajar para un Dios sobrenatural, majestuoso y poderoso, con rudimentos y metodologías propias de una organización humana, natural, mínima y sin más poder que el político o económico terrenal. ¿Cómo dices? ¿Qué eso es lo que se ve mayoritariamente? De acuerdo, ¿Y por qué supones que ocurre eso?

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[31]

«Señor, por causa de mis enemigos, dirígeme en tu justicia; empareja delante de mí tu senda.» (Salmo 5:8)

Hermano que tienes problemas sin resolver. ¿Te has atrevido alguna vez a orar al Señor de esta manera? ¿Le has entregado los inconvenientes que padeces con gente que no te ama o que sencillamente te aborrece y desea destruirte? Entrégaselo ya mismo. Dios no se molesta por ello, muy por el contrario, se place de asumir tu defensa, tal como tú mismo o tú misma, harías por tus propios hijos. Pero, esencialmente, procura con tu oración en confianza y fe, no incurrir en errores que perjudiquen a gente inocente. Dile al señor que te dirija en justicia, tal como lo hace David aquí, y que de paso también limpie todo obstáculo que hay en tu camino y que puede determinar que tropieces y caigas causándote daño.

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Dic-06 < ir al índice arriba > Feb-07

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