"Palabra de Vida"

Biblioteca Bíblica en Línea

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"Cristo es el Camino, la Verdad
 y la Vida".

Estudios, Mensajes, Pensamientos y Reflexiones sobre la Palabra de Dios. 

"Hacia la Salvación de Toda la Humanidad". 

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Néstor Martínez

 

 Abril de 2006

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[01]

«Mientras Pedro y Juan le hablaban a la gente, se les presentaron los sacerdotes, el capitán de la guardia del templo y los saduceos.» (Hechos 4:1)

Esta es una constante que hoy todavía puedes ver reproducida en cualquier lugar del mundo. Ponte a hablar de lo que se te ocurra en el sitio en que mejor te plazca, y nadie te molestará. Puedes pregonar budismo, hinduismo, esoterismo o satanismo. Puedes vender libros de hechicería, brujería u ocultismo variado. Puedes vender cristales, pirámides o yuyos para el hechizo y nadie va a molestarte. Pero si colegas a hablar del evangelio genuino de Jesucristo, enseguida vendrá alguien a sugerirte que te vayas a otra parte porque le fastidias con tu presencia. Y si así no fuera, de algún sitio aparecerá algún sacerdote de cualquier credo acompañado por un hombre representante de la ley a pedirte (o sencillamente ordenarte) que abandones el lugar. Esto es guerra, aunque muchos aún no la vean.

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[02]

«Esta es la palabra del Señor, que vino a Jeremías: baja ahora mismo a la casa del alfarero, y allí te comunicaré mi mensaje.» (Jeremías 18:1-2)

Quiero que veas con claridad cómo es el modo en que Dios normalmente se ha movido en el pasado, se mueve en la actualidad y no tendría por qué dejar de hacerlo así. Llama a alguien por su nombre. En el caso de hoy, hasta podría ser con su nombre y su apellido, que no te extrañe. Le envía su palabra de modo claro, concreto y contundente. Y luego le da a entender que todo lo que haga será en Su tiempo y no en el del receptor. Te lo muestro porque en este terreno tuvimos y aún tenemos profundos errores, que en más de una oportunidad, ha hecho que desobedezcamos la voz de Dios o, lo que es mucho peor, seamos engañados y hagamos algo dictado por la voz del enemigo al cual hemos confundido con nuestro Señor.

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[03]

«Hermanos, voy a ponerles un ejemplo: aún en el caso de un pacto humano, nadie puede anularlo ni añadirle nada una vez que ha sido ratificado.» (Gálatas 3:15)

Me asombra tremendamente con la facilidad que en muchos lugares deciden “hacer un pacto con Dios” sobre alguna determinada cosa. ¿Sabrán estos hermanos la gravedad que tiene establecer un pacto con Dios y luego, así sea por un motivo atendible, no cumplirlo? Dios no te está pidiendo pacto alguno. Dios te está pidiendo solamente fidelidad, lealtad y obediencia, con eso le basta y le sobra para bendecirte. Pero si tú decides hacer un pacto con Él, Él no va a torcer tu voluntad. Pero atención con esto: va a tomarse muy en serio tu compromiso porque no es un Dios de palabras vanas y superficiales. Mucho mejor es no hacer ninguna clase de pacto que hacer alguno y luego no poder cumplirlo. Lo primero es debilidad humana que Él conoce muy bien; lo segundo una grave trasgresión a sus leyes que Él no puede disimilar.

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[04]

«Por encima de él había serafines, cada uno de los cuales tenía seis alas: con dos de ellas se cubrían el rostro, con dos se cubrían los pies, y con dos volaban.» (Isaías 6:2)

En cada visión sobrenatural del Señor, (también llamadas Teofanías cuando se dejan ver en la tierra), son infaltables los ángeles. Se han hecho muchas, distintas y hasta disímiles interpretaciones respecto a ellos, pero aún no hay una coincidencia que implique elaborar doctrina precisa. Algo es real: son servidores de Dios mismo que jamás se encuentran lejos de Él. Son mensajeros de todo aquello que Dios desee enviarle a su hombre creado en la tierra. Se desplazan a velocidades vertiginosas utilizando un par de sus alas, ya que las otras cuatro están cumpliendo una función que solamente el tiempo de Dios revelará cual era en realidad. Escribieron una parte de la historia del evangelio, pero ahora están supeditados a lo que el hombre pueda hacer, ya que será éste quien habrá de juzgarlos en el día final.

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[05]

«Estaban muy disgustados porque los apóstoles enseñaban a la gente y proclamaban la resurrección, que se había hecho evidente en el caso de Jesús.» (Hechos 4:2)

Observa este detalle con suma atención. ¿Los apóstoles estaban diciendo, proclamando o enseñando alguna mentira vil destinada a enriquecerse o a tomar alguna clase de poder sobre los demás? No. Enseñaban la verdad. Sin embargo, aquí dice que estaban muy disgustados. Y quiero que sepas y entiendas que, los que más disgustados se mostraban, eran los representantes legales de la única iglesia organizada que había en ese tiempo. Una iglesia que decía amar, servir y adorar al mismo Dios sobre el cual los apóstoles estaban enseñando. ¿No ves algo raro en todo esto? Incoherencia, ¿Verdad? No es incoherencia, es ceguera. La misma ceguera que en la mayor parte de los lugares que dicen ser cristianos puedes ver hoy mismo donde quiera que vivas.

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[06]

«Entonces bajé a la casa del alfarero, y lo encontré trabajando en el torno. Pero la vasija que estaba modelando se le deshizo en las manos, así que volvió a hacer otra vasija, hasta que le pareció que había quedado bien.» (Jeremías 18:3-4)

Quizás en alguna ocasión has hallado en la misma Biblia pruebas o señales suficientes como para determinar a nuestro Dios como el Gran Alfarero, y a nosotros mismos como vasijas de barro. Todo muy bonito, muy poético y muy romántico, pero hay otra enseñanza que está indeleble en este texto y que debemos ver si es que deseamos ser realmente instrumentos útiles en sus manos. El alfarero, cuando modela una vasija, se empeña con todos sus esfuerzos en conseguir que el resultado de su trabajo sea el mejor. Pero si por alguna causa ajena a su voluntad no lo lograra, dice que él es perseverante y paciente y no se impacientará ni se contrariará por esa contingencia, pero que comenzará lentamente a hacer otra vasija. Curiosamente, no dice que emparchará o compondrá la misma, sino que encarará la construcción de otra. Piénsalo por favor a la hora en que Dios, el gran alfarero, aún está trabajando contigo.

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[07]

«Ahora bien, las promesas se le hicieron a Abraham y a su descendencia. La Escritura no dice “y a los descendientes”, como refiriéndose a muchos, sino “y a tu descendencia”, dando a entender uno solo, que es Cristo.» (Gálatas 3:16)

¡Que tremendo error en la legendaria doctrina judaica! Al margen de estar todavía aguardando un Mesías que ya vino y redimió al planeta entero, también están confiados en esa promesa por el simple hecho de ser descendientes de Abraham, cuando esa promesa, (aquí está más que claro), no es para un pueblo o una nación en su conjunto y por sí misma, sino para Cristo y, a través de Él o mediante su sacrificio en la cruz, para todos los que crean en su nombre. ¿Cómo es posible que gente tan inteligente y estudiosa pueda estar tan violentamente equivocada durante años y años? Simple. Porque todo lo relacionado al evangelio no es de evaluación ni concepción intelectual, sino de posición espiritual. Si estás donde debes estar, tienes ojos para ver. Si no lo estás, eres ciego aunque veas.

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[08]

«Y se decían el uno al otro: Santo, santo, santo es el Señor Todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria.» (Isaías 6:3)

Señor Dios Todopoderoso tres veces santo. Parecería esta una frase armada para la conducción de un tiempo de alabanza y adoración desde cualquier púlpito, pero es la verdad. Adoración permanente en espíritu y en verdad. Eso es lo que Dios pretende de cada uno de nosotros. Y no se trata de cantar hermosas canciones o palmotear con coritos pegadizos y rítmicos. No se los censura porque aportan alegría al pueblo, pero no implican en sí mismos la alabanza ni la adoración. Que estupendos hombres de Dios volcados a la música hayan encontrado una veta para la alabanza en ritmos alegres y para la adoración en melodías lentas, no significa que vayamos adoptarlo como doctrina bíblica. La adoración es esto que le oímos a estos serafines en este texto: una presencia de Dios permanente en nosotros, que es lo único que implica gloria en la tierra.

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[09]

«Pablo, prisionero de Cristo Jesús, y el hermano Timoteo, a ti, querido Filemón, compañero de trabajo, a la hermana Apia, a Arquito nuestro compañero de lucha, y a la iglesia que se reúne en tu casa: que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz.» (Filemón 1-3)

Este al cual le está escribiendo Pablo, evidentemente, era su equipo de trabajo en ese lugar. Fíjate el tratamiento lleno de amor que el apóstol les prodiga a los que conforman esa iglesia. ¿Iglesia? Sí, iglesia, asamblea, cuerpo de representantes de Dios en la tierra en ese lugar geográfico. ¡Pero dice que se reunían en la casa de Arquito! ¿Puede considerarse oficialmente como iglesia, eso? Aquí está nuestra equivocación histórica. La idea de los templos, los salones o cualquier otro sitio edilicio lleno de bancos, sillas o butacas, nació de ciertas necesidades lógicas en centros altamente poblados. Pero la iglesia tal cual se la vio en sus primeros tiempos, era así: en casas de familia o en espacios abiertos. Por lo tanto, todos los que han dejado de asistir a templos y procuran adorar al Señor en domicilios particulares, sean cuanto sean, son iglesia, sin duda.

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[10]

«Prendieron a Pedro y a Juan y, como ya anochecía, los metieron en la cárcel hasta el día siguiente.» (Hechos 4:3)

Quiero que entiendas lo que estás leyendo. Ni Pedro ni Juan andaban subvirtiendo a la gente con propuestas guerrilleras. Tampoco estaban robándole nada a nadie con promesas de salvación, sanidad o prosperidad como vemos en nuestros tiempos actuales. Pedro y Juan sólo decían lo mismo que tú y yo hemos sido enviados a decirle al mundo incrédulo. Hoy no existe la misma reacción de meternos presos, ¿No es así? Bien; debo decirte que no es porque el mundo haya cambiado y esté más abierto o predispuesto, es porque lo que mayoritariamente andamos diciendo, es propaganda eclesiástica, del credo o doctrinal, pero no la autenticidad del evangelio genuino, que es el evangelio de la cruz.

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[11]

«En ese momento la palabra del Señor vino a mí, y me dijo: Pueblo de Israel, ¿Acaso no puedo hacer yo con ustedes lo mismo que hace este alfarero con el barro? -afirma el Señor- Ustedes, pueblo de Israel, son en mis manos como el barro en manos del alfarero.» (Jeremías 18:5-6)

Observa un pequeño detalle inicial antes de entrar en el contenido de la palabra expresamente dicha. Dios le habla a un hombre que se llama Jeremías, al cual ha llamado para que sea vocero, mensajero y profeta de su voluntad para su pueblo. Pero no le habla a ese hombre, directamente le habla a su pueblo. ¡Cuánto deben aprender los modernos profetas que andan por allí intercambiando profecías personales y particulares por un pago por sus servicios que ellos se atreven a llamar “ofrenda”! Y luego les dice a ellos lo que ya hemos adelantado aquí: que somos nada más que barro (a veces maloliente) en sus manos y que Él puede modelarnos para su gloria, pero que nos empecinamos en crecer por nosotros mismos, tranquilamente nos deja a un costado y comienza a construir otra vasija que le dé honra y gloria.

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[12]

«Lo que quiero decir es esto: la ley, que vino cuatrocientos treinta años después, no anula el pacto que Dios había ratificado previamente; de haber sido así, quedaría sin efecto la promesa.» (Gálatas 3:17)

Esto te deja una enseñanza que habrá de ser válida para muchas cosas que tienen que ver con tu vida de fe. Una de ellas es el diezmo. Criticado, vapuleado, bastardeado y (honor a la verdad) ensuciado por muchos ministros corruptos, sin embargo, es tan real y vigente como no puedes imaginar. Porque los que no gustan de diezmar, aseguran que no lo hacen porque el diezmo pertenece a la ley y hoy vivimos bajo la Gracia. Pero resulta ser que el primer diezmo del cual la Biblia da detalles, es el que Abraham rindió a Melquisedec. Y eso fue, también, exactamente cuatrocientos treinta años antes de la ley. Y como sucede con lo que aquí se expresa, no anuló en absoluto esa ley el pacto que Dios había hecho al respecto.

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[13]

«Al sonido de sus voces se estremecieron los umbrales de las puertas y el templo se llenó de humo.» (Isaías 6:4)

Hay mucha gente que se dice creyente (y que quizás lo es desde su sinceridad y fidelidad) a la cual no le agradan en absoluto las expresiones rimbombantes que se programan desde las plataformas para acompañar los cultos modernos. Convengamos que en muchas ocasiones tienen razones sobradas para fastidiarse, ya que se trata solamente de una especie de grupos “porristas” cristianos intentando darle aliento de fiesta y alabanza a un grupo de gente que lo que menos desea es celebrar con júbilo. Pero una cosa no inhibe de la otra. El evangelio está lleno de expresiones sobrenaturales de cierta potencia. Porque Dios mismo es potencia pura y plena, de ninguna manera congoja, tristeza o represiones egoístas y pusilánimes. Cuando los hijos de Dios están, se hacen oír. Lo que no significa un grupo de místicos ignorantes a los gritos por las calles.

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[14]

«Siempre doy gracias a Dios al recordarte en mis oraciones, porque tengo noticias de tu amor y tu fidelidad hacia el Señor Jesús y hacia todos los creyentes.» (Filemón 4-5)

Primero: Pablo oraba por mucha gente, y entre esa gente, estaban sus colaboradores directos y cercanos en los distintos sitios en donde él estaba ministrando. Filemón, evidentemente, era uno de ellos. Pero no oraba porque se le ocurría o por cumplir con una supuesta “cobertura”; oraba por él porque, -dice-, tenía noticias de su amor y fidelidad para con el Señor y los hermanos. Quizás esto a ti no te dice gran cosa, pero si observas con precisión y cuidado, verás que queda en evidencia que si Filemón no hubiera tenido ese amor para con Cristo y los hermanos de la iglesia, Pablo hubiera tenido que alterar el tenor de sus oraciones o, sencillamente, no las hubiera hecho. Porque la oración no empieza en una idea nuestra, sino en una dirección de Dios. Y Dios va a dirigirte a que ores por los suyos, pero nunca por los que están en su casa usurpándola.

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[15]

«Pero muchos de los que oyeron el mensaje creyeron, y el número de estos llegaba a unos cinco mil.» (Hechos 4:4)

¡Qué campaña evangelística! ¡Qué éxito el del evangelista contratado! ¡Qué mensaje ocurrente, práctico y apto para la evangelización! Nada de eso. Si vuelves atrás en la lectura, a los primeros versos de este capítulo, verás que el mensaje no era evangelístico, tal como nosotros lo entendemos hoy, era un mensaje que hablaba una verdad que no podemos cambiar: a Jesús resucitado. Pero entonces, si no estaban dando un mensaje evangelístico, ¿Cómo consiguieron que se convirtieran cinco mil? Porque ellos sabían algo que nosotros pareceríamos haber olvidado: que el único capaz de poner en un corazón incrédulo convicción de pecado que lleva al arrepentimiento, perdón de pecados y conversión, es el Espíritu Santo de Dios. Y Él no necesita gente inteligente con mensajes captadores, Él necesita gente ungida y obediente enviada por Dios a hacer esa tarea.

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[16]

«En un momento puedo hablar de arrancar, derribar y destruir a una nación o a un reino, pero si la nación de la cual hablé se arrepiente de su maldad, también yo me arrepentiré del castigo que había pensado inflingirles.» (Jeremías 18:7-8)

A la clase religiosa no le agrada en absoluto cuando se le dice que Dios habla de arrancar, destruir y derribar. A ellos les gusta más hablar permanentemente de que Dios arma, construye, apoya y respalda. Lo cual es indudable y debe decirse, pero en conjunto con lo demás. De otro modo, nos queda un Dios eminentemente romántico, producto de la mayoritaria presencia femenina en las iglesias, y de un Dios que es solamente amor, producto de que eminentemente pastores han ocupado los púlpitos de la predicación del evangelio. Sin embargo, y más allá de nuestros errores íntimos, lo que aquí queda en claro es que, cuando genuinamente hay arrepentimiento, hay perdón inmediato y olvido de la falta cometida. Si Dios perdona y olvida, su cuerpo que es la iglesia, jamás podrá hacer algo diferente. Se lo merezca quien se lo merezca o no.

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[17]

«Si la herencia se basa en la ley, ya no se basa en la promesa; pero Dios se la concedió gratuitamente a Abraham mediante una promesa.» (Gálatas 3:18)

Hay algo que en este día deberás saber (o recordar si es que ya lo sabías). Y ese algo es que hay una enorme distancia entre la ley y la promesa. En Malaquías 3 está inscrita la ley que manda llevar todos los diezmos al alfolí. Y si bien mucha es la gente que no lo cumple precisamente porque dice que pertenece a la ley y ahora vivimos bajo la Gracia, hay dos aspectos que cambian todo esto radicalmente. Uno, es que el primer diezmo ocurrió 430 años antes del primer levita. Y el segundo factor, es que si no quieres diezmar por causa de que crees que es sólo una orden correspondiente a la ley que ahora está sin efecto, deberé decirte que aunque así fuera, la promesa de derramar bendiciones hasta que sobreabunde, es una promesa que no caduca aunque la ley sí lo haya hecho.

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[18]

«Entonces grité: ¡Ay de mí, que estoy perdido! Soy un hombre de labios impuros y vivo en medio de un pueblo de labios blasfemos, ¡Y no obstante mis ojos han visto al Rey, al Señor Todopoderoso!» (Isaías 6:5)

Pregunto: ¿Qué mensaje, por emotivo y tocante que sea, puede determinar que un hombre tosco, rudo e impío pueda reaccionar como este? ¿No es la presencia de Dios la que dobla toda rodilla y otorga al hombre inmediata convicción de su estado pecador? ¿Qué es lo que está viendo este hombre que lo hace efectuar esta declaración de arrepentimiento genuino y sincero? ¿Es una figura real o es una presencia que ha inundado su vida y en especial su mente, llevándolo a hacer exactamente lo que le conviene, esto es: arrepentirse de todos sus pecados y su vida licenciosa para ganar, de esa manera inmediatamente, el perdón del cielo y la consiguiente redención y salvación para toda la eternidad?

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[19]

«Pido a Dios que el compañerismo que brota de tu fe sea eficaz para la causa de Cristo mediante el reconocimiento de todo lo bueno que compartimos.» (Filemón 6)

¿Cuántas veces has escuchado a abnegados y esforzados pastores, hombres sinceros y trabajadores, quejarse de la falta de compañerismo que existe en sus congregaciones? ¿Cuántas veces has visto con tus propios ojos, que hermanos serios, sobrios y fieles, llegan hasta sacarse los ojos entre sí, o bien por el favor de la cercanía amistosa pastoral o directamente por posiciones o cargos en la organización? ¿Te has detenido un momento, al menos, a evaluar como se llama eso? Concretamente y puntualmente: falta de compañerismo. ¡Pero es normal, hermano! Si, lamentablemente es normal. Pero si miramos con atención lo que Pablo le dice a Filemón aquí, llegaremos a la conclusión más que lógica que, la falta de compañerismo, es equivalente a falta de fe. Y también es altamente ineficaz para la causa de Cristo.

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[20]

«Al día siguiente se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los maestros de la ley.» (Hechos 4:5)

Siempre se ha dicho que desde un versículo suelto no se puede fabricar una enseñanza y es verdad. Sin embargo, si lees la continuación de este texto, verás que esta reunión no tenía como motivación fundamental el engrandecimiento de la iglesia de Dios ni la extensión de su reino. Lo que iba a tratarse era el comportamiento de dos desconocidos que, con sus palabras certeras, precisas y despojadas de la religiosidad ambiente, estaban alterando el orden establecido dictado por gobernantes, ancianos y maestros de la ley. Hoy también hay un orden establecido por los gobernantes seculares, secundados por ministros de los distintos credos y doctores en teología que interpretan las escrituras conforme a los dictados de ese orden. Ve tú a predicar el evangelio verdadero y verás adonde puedes terminar. Luego me contarás si esto que lees aquí es solamente historia antigua...

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[21]

«En otro momento puedo hablar de construir y plantar a una nación o a un reino. Pero si esa nación hace lo malo ante mis ojos y no me obedece, me arrepentiré del bien que había pensado hacerles.» (Jeremías 18:9-10)

Si los cristianos practicantes en las diversas doctrinas humanoides nacidas de sendas denominaciones regentes de los diferentes grupos, hubieran prestado debida atención a este y a tantos otros textos como este, se hubieran evitado polémicas castrantes y divisorias, debates inconsistentes y estériles y divisiones armadas a la medida del diablo que es el único que puede aplaudirlas y hasta orar por ellas. Porque aquí Dios nos muestra que Él se conduce acorde a los tiempos y las señales que le llegan de los hombres. ¿Obedeces su voz? Tu nombre se inscribe en el libro de la vida, el respaldo de su majestad te permite construir, plantar y armar lo que quieras. ¿Desobedeces su voz? Todo lo contrario. Entonces, ya es hora de terminar con aquello de si la salvación se puede perder o no se puede perder. ¿Por qué no se lo preguntan al propio Dios, se arrodillan a oír su voz y se dejan de hacerse los teólogos soberbios incapaces de retroceder en sus admoniciones humanas?

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[22]

«Entonces, ¿Cuál era el propósito de la ley? Fue añadida por causa de las transgresiones hasta que viniera la descendencia a la cual se hizo la promesa. La ley se promulgó por medio de ángeles, por conducto de un mediador.» (Gálatas 3:19)

¡Que bueno sería que tantos y tantos legalistas ácidos, crueles e ignorantes que andan dando vueltas por allí adentro de los templos, haciendo sufrir a miles de hermanos que llegaron a Cristo para otra cosa, pudieran no solamente leer, (que seguramente cientos de veces lo habrían hecho), sino entender este texto! Así sabrían que la ley no fue creada para ejecutar cristianos en cada amanecer con una “bondadosa” sonrisa en los labios, sino para esperar la Gracia que vendría a través de Jesucristo. Una gracia que la iglesia parecería haber olvidado por causa de que muchos de sus líderes no la conocen por una sencilla razón: jamás la han experimentado en sus propias vidas. ¡Pero hermano! ¡Si no experimentamos la gracia no podemos ser salvos! Ah, no lo sé; ¿Por qué no vas y tratas de decírselo tú?

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[23]

«En ese momento voló hacia mí uno de los serafines. Traía en la mano una brasa que, con unas tenazas, había tomado del altar. Con ella me tocó los labios y me dijo: mira, esto ha tocado tus labios; tu maldad ha sido borrada, y tu pecado perdonado.» (Isaías 6:6-7)

La brasa de la cual se está hablando aquí no puede ser sino la Palabra de Dios revelada. Porque en ella se manifiesta toda la gloria y todo el poder de Dios sobre su creación. Y porque es lo único que, puesto en nuestros labios, es capaz de borrar de inmediato todo lo antiguo, todo lo sucio, todo lo impuro que hasta allí pudiera haber existido. Además, la Palabra redime, salva, lava, limpia y libera. No es necesaria para tu vida una imposición de manos si deseas ser libre, salvo, limpio y perdonado. Es necesario tomar esa brasa, aceptar que toque tus labios, creer firmemente todo lo que ella te revele y luego lo más complejo pero definitivo; ponerlo por obra.

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[24]

«Hermano, tu amor me ha alegrado y animado mucho porque has reconfortado el corazón de los santos.» (Filemón 7)

Este amor del cual Pablo está hablando aquí, es el amor que emana de Dios mismo, el Ágape. Y de un estudio más profundo hemos descubierto que ese amor, traducido de esa palabra, no tiene absolutamente nada que ver con el amor romántico y sentimental con el que normalmente lo confundimos. Porque ese no es Ágape sino Phileo. De él viene nuestro término Filial y si quieres hasta Familia. Amor emocional, sentimental y del alma. Pero el Ágape, es la condición interna de los miembros del reino de Dios, y ese tipo de amor es el que echa fuera todo temor o cubre multitud de pecados, el otro jamás podría. Y ese tipo de amor, también, es el que aquí reconforta el corazón de los santos.

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[25]

«Allí estaban el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan, Alejandro y los otros miembros de la familia del sumo sacerdote.» (Hechos 4:6)

¿Quiénes son esos dos inconscientes que se atreven a enseñarle a la gente conceptos de la religión que no tienen nada que ver con lo que nosotros como organización oficial autorizada por la ley de cultos gubernamental estamos enseñando? Tráiganlos para que comparezcan ante el máximo consejo de sabiduría cristiana formado a tal efecto. ¿Quiénes lo formarán? Obvio, el pastor principal y toda su familia. ¡Pero hermano! ¡El pastor puede haber sido llamado y tener unción y autoridad! ¿Pero necesariamente toda su familia también son ungidos? Ah, no lo sé, pregúntaselo a tantas congregaciones que operan hoy bajo el orden de Aarón. Allí son pastores los abuelos, los padres, los tíos, los primos y todas sus esposas y esposos. No hay otro ungido que tenga espacio ni lugar. Ley de Dios. Sanedrín.

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[26]

«Y ahora habla con los habitantes de Judá y de Jerusalén, y adviérteles que así dice el Señor: estoy preparando una calamidad contra ustedes, y elaborando un plan en su contra. ¡Vuélvanse ya de su mal camino, enmienden su conducta y sus acciones! Ellos objetarán: Es inútil, vamos a seguir nuestros propios planes, y cada uno cometerá la maldad que le dice su obstinado corazón.» (Jeremías 18:11-12)

Tampoco este texto es de demasiado agrado para los religiosos y al mismo tiempo románticos de la iglesia figurativa. ¡Aquí debe haber un error de interpretación o de traducción, hermano! ¿Cómo va a decir que Dios es quien prepara una calamidad? ¿Cómo va a decir que Dios prepara un plan en contra de algunos hombres? Lo lamento profundamente. Lo dice. Agárratelas con el Espíritu Santo y no con el mensajero ocasional que lo repite. Dios no tiene la culpa de que ante cada calamidad, el hombre comience a reprender a Satanás y todos sus demonios activos o inactivos. Dios no tiene la culpa que ese hombre haya preferido asistir a seminarios de guerra espiritual y aún no se haya permitido leer versículos como éste, que le sobreavisan de cómo actúa Dios en cada caso.

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[27]

«Ahora bien, no hace falta mediador si hay una sola parte, y sin embargo Dios es uno solo.» (Gálatas 3:20)

Aquí hay una enseñanza básica. La existencia de un medidor se da entre Dios y los hombres, no porque Dios lo necesite o los hombres la necesiten. Se da porque hay una tercera parte que interviene en esto y tiene, pese a ser nada más que creación, legítimos derechos legales si las cosas no están convenientemente aclaradas. Lo que sucede es que el hombre es tan absolutista y autoritario en su naturaleza, que supone que Dios, por ser Dios, puede hacer lo que se le antoje pasando por encima de todo y de todos. Y nuestro Dios no es así. Es muy respetuoso de los códigos humanos que Él mismo implantó en el corazón del hombre y los respetará hasta el fin, así ese fin sea la perdición de ese hombre.

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[28]

«Entonces oí la voz del señor que decía: ¿A quien enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: Aquí estoy. ¡Envíame a mí!» (Isaías 6:8)

Más allá del uso casi grosero que se ha hecho de este versículo para fundamentar trabajos misioneros, hay una realidad que salta a la vista y casi nunca se nos ha enseñado. Dios necesita del hombre para extender su reino en la tierra. Es Dios y -verdaderamente-, puede hacer lo que quiera porque es Soberano, pero no lo puede hacer por sí mismo porque eso sería hacer trampas. Dios es Espíritu y todo espíritu necesita un cuerpo para manifestarse. A eso lo sabemos muy bien por causa de las manifestaciones satánicas, pero nos cuesta horrores incluirlo en las cosas de Dios. Dios te necesita a ti, específicamente, en un sitio determinado, en un tiempo determinado y para una acción determinada. Para eso te salvó. ¿Qué responderás? Tal como Isaías: ¡Envíame a mí! O argumentarás otra cosa para evadir la responsabilidad?

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[29]

«Por eso, aunque en Cristo tengo la franqueza suficiente para ordenarte lo que debes hacer, prefiero rogártelo en nombre del amor. Yo, Pablo, ya anciano y ahora, además, prisionero de Cristo Jesús, te suplico por mi hijo Onésimo, quien llegó a ser hijo mío mientras yo estaba preso.» (Filemón 8-10)

Escucha: jerárquicamente, -si deseas llamarlo así-, Pablo era “superior” de Filemón, por lo que si llegaba a emitir una orden, a nadie le hubiera causado mala impresión ni tampoco Filemón hubiera tenido motivos para ofenderse o molestarse. Pero Pablo reconoce en su discípulo esa clase de amor Ágape que caracteriza a los miembros del reino de Dios, entonces elige tratarlo como a un igual con otras responsabilidades. Y apela al “ruego”, que es una resultante de una actitud llena de humildad y sumisión mutua, y luego a la súplica, que es un equivalente similar. Ahora piensa: ¿A cuántos pastores, apóstoles o líderes de grupos has visto, últimamente, proceder con esa misma condición? ¡Es que este es otro tiempo, hermano! ¿Ah, sí? ¿Es otro tiempo o es otra iglesia? ¿Es iglesia o es Babilonia? ¿Son siervos de Dios o pretenden darle órdenes a Dios?

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[30]

«Hicieron que Pedro y Juan comparecieran ante ellos y comenzaron a interrogarlos: ¿Con qué poder, o en nombre de quien, hicieron ustedes esto?» (Hechos 4:7)

Lo primero que se demuestra en esta barbaridad espiritual llevada a cabo por los supuestos ministros creyentes de la época aquella, es la carencia total de discernimiento. Si así hubiera sido, ellos hubieran sabido en qué nombre y bajo qué poder habían venido Juan y Pedro. Pero ellos, lo único que podían ver, era una amenaza para sus status sacerdotales. Ellos estaban viendo que había un poder que no podían explicar detrás de estos desconocidos. De otro modo, nunca les hubieran preguntado con qué poder o en el nombre de quién (con poder) estaban haciendo todas esas señales. La Religión no es una filosofía, es un espíritu. Y con el transcurso de los años, no altera sus modos operativos. Hoy, salvando las distancias de comunicación y técnica, las preguntas serían las mismas, ¿Te das cuenta?

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Creada 01/04/06 - Actualizada 01/08/2007

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