"Palabra de Vida"

Biblioteca Bíblica en Línea

Ministerio "Palabra de Vida"

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"Cristo es el Camino, la Verdad
 y la Vida".

Estudios, Mensajes, Pensamientos y Reflexiones sobre la Palabra de Dios. 

"Hacia la Salvación de Toda la Humanidad". 

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Néstor Martínez

 

 Enero de 2006

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[01]

¡Feliz Año Nuevo!

«Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel; para adquirir sabiduría y disciplina; para discernir palabras de inteligencia, para recibir la corrección que dan la prudencia, la rectitud, la justicia y la equidad; para infundir sagacidad en los inexpertos, conocimiento y discreción en los jóvenes. Escuche esto el sabio, y aumente su saber, reciba dirección el entendido, para discernir el proverbio y la parábola, los dichos de los sabios y sus enigmas. El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la disciplina» (Proverbios 1:1-7)

Dime, mi querido hermano, si en esta extensa nómina de condiciones que se dan al comienzo del proverbio, no está resumida casi la vida entera. Y fíjate, presta debida atención, a las conclusiones que Salomón extrae en el final del detalle. Dice que el principio del conocimiento es el temor al Señor. Es obvio que no habla de “inicio”, sino de principio como patrón, modelo, prototipo de pensamiento. Es mucho más obvio que no habla de conocimiento intelectual, sino de intimidad con el Señor. Y para que eso sea posible, el principal elemento es el temor a Dios. Porque, bien lo sabemos aunque a veces con nuestras propias enseñanzas confundimos, que no hay multitud de pecados en la gente: hay uno por excelencia que posibilita los demás: la incredulidad.

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[02]

«Jesús regresó a Galilea en el poder del Espíritu, y se extendió su fama por toda aquella región» (Lucas 4:14)

Quiero que entiendas algo con la más absoluta claridad, ya que en ello te va nada menos que una vida abundante. Dice que Jesús regresó a Galilea, “en el poder del Espíritu”. ¿Y por qué ocurría esto? ¿Por qué Él experimentaba, en este instante específico, esa clase de poder sobrenatural? Pues porque regresaba de haber batallado contra el diablo. Previamente, al ser bautizado, había sido lleno del Espíritu. Y así, lleno, era como el mismo Espíritu (No un demonio), lo había llevado a esa confrontación. Cuando Él resultó vencedor en su batalla personal, es cuando pudo dar inicio a su ministerio público. Hoy, nosotros, tenemos el mismo desafío. Todo aquel que desee ministrar al Señor en público, deberá vencer primeramente en su confrontación privada.

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[03]

«Tres hectáreas de viña sólo producirán un tonel, y diez medidas de semilla darán tan sólo una» (Isaías 5:10)

Está claro; no es el exceso lo que necesariamente produce mejor calidad. Es lo concreto y exacto lo que mejor y más produce. De cada cosa que Dios va a poner en marcha, hay siempre una semilla de un tipo de especie. No podríamos conseguir ciruelas de un árbol de durazno. No podríamos obtener paz y amor de alguien que no estuviera ungido por el Espíritu Santo de Dios. Por lo tanto, lo único que puede producir un creyente vital, genuino y fuerte, es la presencia de Jesucristo en su interior, en su vida. De otro modo, ni aún asistiendo a todos los cultos de todas las congregaciones habidas y por haber; siendo consecuente en la asistencia a todos los templos cristianos del planeta podría conseguirse un hombre auténtico de fe genuina.

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[04]

«Hermanos, les pedimos que sean considerados con los que trabajan arduamente entre ustedes, y los guían y amonestan en el Señor» (1 Tesalonicenses 5:12)

Quiero que prestes especial atención a este texto. Muy probablemente lo hayas visto utilizar para sustentar la tarea que el liderazgo de tu congregación lleva a cabo entre ustedes. Y está muy bien que así sea, con una sola condición, claro: que los estén guiando y amonestando, en el Señor. Porque es para esa clase de personas para las que se nos está pidiendo consideración, no para aquellos que, utilizando arreglos de política religiosa o amistades influyentes, se han encaramado en cargos y posiciones de mando, cuando en realidad no lo están haciendo por mandato ni dirección de Dios. Son guías ciegos y no respaldados por la unción del santo, lo cual los coloca en una posición indebida y no pasible a esta clase de consideraciones.

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[05]

«Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre. Adornarán tu cabeza como una diadema; adornarán tu cuello como un collar» (Proverbios 1:8-9)

El principio de la sabiduría bien vista parte desde la base de aceptar las correcciones y las enseñanzas. Quien se permite desoír todas estas cosas, está condenado a la necedad perpetua. Y fíjate que el modelo que se da como ejemplo, es mucho más preciso que lo que parece a primera vista. Dice que aceptar corrección y enseñanza, es diadema en la cabeza, esto es: un elemento solamente utilizado por los reyes, lo cual te brindará ese carácter en todo tu derrotero. Y también agrega que adornará tu cuello como un collar. Esto tiene que ver con el poder que mueve la cabeza, que es la función que cumple el cuello. Por tanto, si la cabeza de la Iglesia es Cristo, el cuello es Dios Padre mismo, y Él es quien adornará toda tu vida si dejas que te corrijan tus errores y te enseñen lo que ignoras.

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[06]

«Enseñaba en las sinagogas, y todos lo admiraban» (Lucas 4:15)

Esto deja en claro un aspecto concreto: a la iglesia no se le predica, tal como tenemos por costumbre decir. A la iglesia se le enseña. Predicar se le predica al mundo incrédulo, ya que la predicación es, principalmente, anunciarle a ese mundo inconverso que el diablo y sus huestes están vencidas y que Jesucristo es rey y Señor. En la iglesia, (aquí la sinagoga), se enseñan nuevas estrategias para ser más que vencedores, y eso es exactamente lo que Jesús hacía. Pero para que no te hagas demasiadas ilusiones con tu ministerio, tengo que puntualizarte algo: Aquí dice que ellos lo admiraban, ¿No es así? Bien; esos que lo admiraban, fueron los mismos que en la hora crucial, dijeron a coro: ¡Danos a Barrabás! ¿Entiendes?

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[07]

«¡Ay de los que madrugan para ir tras bebidas embriagantes, que quedan hasta muy tarde embriagándose con vino! En sus banquetes hay vino y arpas, liras, tambores y flautas; pero no se fijan en los hechos del Señor, ni tienen en cuenta las obras de sus manos» (Isaías 5:11-12)

Este texto, de tan obvio que resulta, parecería ser hasta innecesario, ¿Verdad? ¿Qué hijo de Dios podría ignorar un principio tan elemental como este de sobriedad e integridad? Sin embargo, nos cabe muy bien preguntarnos el por qué Dios lo puso en el libro. Y la respuesta no se hace esperar: lo puso para que tomen debida nota de él, aquellos que, simbólicamente se embriagan en sus cultos y sólo producen bullicio, ruido y movimiento externo sin consecuencias internas. Estos también muestran arpas, tambores, liras y flautas, pero tampoco tienen conocimiento alguno de los hechos de Dios. Esto es: resuelven adorar a un Dios que, en el fondo de sus corazones, todavía no alcanzan a ver ni a creer.

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[08]

«Ténganlos en alta estima y ámenlos por el trabajo que hacen. Vivan en paz unos con otros» (1 Tesalonicenses 5:13)

Aquí se nos está diciendo que a los que están trabajando dentro de nuestras congregaciones, independientemente de estar o no de acuerdo con ellos, debemos amarlos y tenerlos en alta estima. Esto debe ser así, porque es la única manera de conservar una paz que entre nosotros no sólo es necesaria, sino obligatoria como testimonio vivo del amor de Dios entre sus hijos. Claro que esto no implica una sujeción o un sometimiento incondicional si esta persona no está manejándose conforme a los propósitos y la voluntad de Dios. En ese caso, se deberá hablar claramente y, sin confrontaciones enojosas, puntualizar cuál es la posición que habremos de tomar. Esa asamblea decidirá luego, qué rol ocuparemos nosotros dentro de ella, suponiendo que nos mantengan allí.

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[09]

«Yo, el Maestro, reiné en Jerusalén sobre Israel. Y me dediqué de lleno a explorar e investigar con sabiduría todo cuanto se hace bajo el cielo. ¡Penosa tarea ha impuesto Dios al género humano para abrumarlo con ella!» (Eclesiastés 1:12-13)

Escucha: ¿No tendríamos un planeta sumamente diferente si los hombres considerados sabios, pusieran su mayor empeño en investigar la cantidad, cualidad y calidad de las cosas que se están haciendo? Hoy, uno de los mayores impedimentos para que la Palabra de Dios llegue a los corazones de las gentes nucleadas en los principales centros urbanos del mundo, es la dedicación a pleno que esas personas muestran para con sus trabajos seculares. Es tanta la necesidad de no salirse fuera de los cánones dictados por el consumismo, que dejan hasta la salud bregando por ello. Pero hay algo mucho peor que esto: y es que una gran parte de la iglesia ha dejado de crecer precisamente por las mismas razones. El mundo puede equivocarse por ignorancia, pero la iglesia no lo ignora, y eso es lo triste.

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[10]

«Hijo mío, si los pecadores quieren engañarte, no vayas con ellos» (Proverbios 1:1)

Al leer este texto, un cristiano típico no puede menos que contener una sonrisa. ¿Cómo se supone que un cristiano puede ser engañado por pecadores? ¿Q quien se le podría ocurrir que alguien pudiera engañarnos con alguna mentira haciéndonos creer que algún tipo de pecado no es pecado? Nada menos que a Salomón. A él se le ocurrió y yo diría que no podemos ni menospreciar ni dejar de lado su consejo, ya que es notorio que sabiduría no le falta a este buen hombre, precisamente. Porque: ¿Nunca se te ocurrió pensar, por ejemplo, que hacerte vivir un régimen eclesiástico opuesto a la voluntad de Dios, por parte de alguna autoridad jerárquica de lo que llamamos “iglesia”, podría significar una suerte de pecado en el cual caeríamos engañados, precisamente, por gente en la cual hemos confiado?

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[11]

«Fue a Nazaret, donde se había criado, y un sábado entró en la sinagoga, como era su costumbre. Se levantó para hacer la lectura, y le entregaron el libro del profeta Isaías. Al desenrollarlo, encontró el lugar donde está escrito: El Espíritu del señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor» (Lucas 4:16-19)

Jesús tenía por “costumbre” concurrir a la sinagoga. Este es el Jesús necesariamente religioso, tal como todos nosotros hemos debido serlo alguna vez para poder acceder al conocimiento. Lee lo concerniente a la unción y no dice que alguien sea el encargado de suministrarla. Dice que Dios unge. Y cuando Dios unge, se le anuncia buenas nuevas a los pobres de espíritu, se le proclama libertad a los cautivos, tanto del diablo y sus demonios como de las estructuras de la religión, se le otorga vista a los ciegos, que más allá de los milagros literales al respecto, tiene que ver mucho más con descubrir la revelación fresca a aquellos que hasta allí sólo veían religiosidad hueca, vacía y sin contenido. Eso es conocer la verdad. La consecuencia lógica: la libertad.

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[12]

«Por eso mi pueblo será exiliado porque no me conoce; sus nobles perecerán de hambre y la multitud se morirá de sed» (Isaías 5:13)

Veamos: ¿Qué es el exilio? El exilio es la obligación por parte de alguien de vivir en un lugar extranjero, apartado de su propio pueblo y sin posibilidades de acceder a él. En el exilio se experimenta angustia, tristeza, desesperación y mucha melancolía. Me pregunto si no hay suficiente gente viviendo algo así adentro de los templos supuestamente cristianos del mundo. Gente que debería estar feliz en compañía de sus hermanos, pero que en lugar de ello se sienten como verdaderos exiliados apartados de todo lo que verdaderamente les edifica. ¿Nadie irá a decirles que eso les está sucediendo porque aún no conocen al Dios en el que dicen creer?

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[13]

«Hermanos, también les rogamos que amonesten a los holgazanes, estimulen a los desanimados, ayuden a los débiles y sean pacientes con todos» (1 Tesalonicenses 5:14)

Amonesten a los holgazanes…¿Y qué es un holgazán? Alguien a quien no le gusta el trabajo. Alguien quien prefiere pasarse todo el día tirado en el césped, mirando el cielo, que yendo a un lugar a ganarse el sustento. Alguien que en lugar de trabajar para el Reino de Dios, elige estar en el templo todos los domingos presto para recibir. Ese es un holgazán. Ahora examina tu vida y las de quienes te rodean: ¿Encuentras a uno por allí cerca? Amonéstale. Dile que cambie de manera de pensar o jamás podrá cambiar de manera de vivir. ¿Hay desanimados cerca de ti? Aliéntalos. Diles que hay victoria. Pero díselo de un modo convincente, mostrándole tus propias victorias. ¿No las tienes? Entonces procúralas. No se puede predicar lo que no es Rema en nuestras vidas. Y, finalmente, sé paciente con todos. Sí, con TODOS, incluso con esos que suelen buscar la mejor manera de echarte a perder el día…

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[14]

«Y he observado todo cuanto se hace en esta vida, y todo ello es absurdo, ¡Es correr tras el viento!» (Eclesiastés 1:14)

Si de algo hemos podido ufanarnos los predicadores cristianos, eso ha sido de ser los cultores e inventores de los mejores ejemplos gráficos e ilustrativos. No interesa si alguien predica flojo o no tiene demasiada palabra; si sabe aplicar bien los ejemplos mencionados, puede armar un mensaje altamente atractivo y entretenido y vivir con eso a expensas de las ofrendas de amor que las iglesias les prodiguen. De hecho, andan muchos por el planeta en esos menesteres. Dios es grande y sabe todo. Sin embargo, aquí se nos dice que pretender con eso conseguir logros espirituales, es lo mismo que correr detrás del viento. Es invisible, es imprevisible y es soberano en cuanto a sus direcciones. ¿Cómo lo alcanzaremos? Simple. Jamás lo alcanzaremos. El problema es que hay mucha gente que está convencida de lo contrario…

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[15]

«Estos te dirán: ¡Ven con nosotros! Acechemos a algún inocente y démonos el gusto de matar a algún incauto; traguémonos a alguien vivo, como se traga el sepulcro a la gente; devorémoslo entero, como devora la fosa a los muertos» (Proverbios 1:11-12)

¿Es que puede existir gente que se formule estos planteos al inicio de cada día? Los hay. Indudablemente que los hay. Es gente que ha sido formada por sus mayores para hacer su negocio, su conveniencia, su ventaja, sin pensar en absoluto en el daño que puedan estar causándole a otros. La carencia de consideración parecería ser, indiscutiblemente, la práctica más habitual de este tiempo. Yo hago mi negocio y el otro que reviente. La solidaridad es un bien casi imposible de encontrar. A nadie le interesa si su vecino come todos los días o pasa hambre. En esto ha quedado el hombre. En eso ha caído por su propio egoísmo y mezquindad. En eso anda el mundo y podemos comprenderlo. Lo que no podremos comprender ni justificar jamás, es que una parte de la iglesia ande en lo mismo.

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[16]

«Luego enrolló el libro, se lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga lo miraban detenidamente, y él comenzó a hablarles: Hoy se cumple esta Escritura en presencia de ustedes» (Lucas 4:20-21)

Tú conoces el resto de la historia aunque la repitamos en días venideros. Y has pensado, al leerla, ¡Qué ilusos e ignorantes eran los que se permitieron enojarse! ¿Ah, sí, eh? ¡Eso lo dices desde este tiempo y con toda la información en tu conocimiento! ¡Quisiera haberte visto yo allí, en ese momento y en ese tiempo! Es como si hoy, al leer un texto bíblico desde el púlpito y antes de darle lugar al pastor para que dé su sermón, tú le dices a los hermanos: “Este pasaje que he terminado de leer, ha tenido cumplimiento hoy, delante de sus ojos, en mi persona”. Prueba decir algo así en cualquiera de nuestras congregaciones y verás adonde vas a parar. Entiende: la revelación que tuvo Jesús, hoy todavía es vigente, pero la reacción feroz de los religiosos de aquella época, no tiene nada que envidiarle a la que otros religiosos tendrían hoy.

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[17]

«Por eso el sepulcro ensancha su garganta y desmesuradamente abre sus fauces. Allí bajan nobles y plebeyos, con sus juergas y diversiones» (Isaías 5:14)

Cuando la Biblia habla de Sepulcro, generalmente no está haciendo alusión al que se encuentra bajo tierra conteniendo un cadáver de carne y hueso. Para Dios la muerte física casi no existe. A Él lo tiene sin cuidado esa clase de muerte porque según su óptica se trata apenas de un traspaso de una dimensión a otra. Cuando Dios habla de muerte, alude a la espiritual. Por tanto, cuando Dios habla de sepulcro, tiene que ver con sitio terrible donde los espíritus perdidos van a dar por no haber aceptado el plan de salvación previsto. Y aquí se nos dice que, a ese lugar, van todos los que no cubren los requisitos mínimos, sin importar si son pobres, ricos, nobles o plebeyos. Esto también tiene que ver con que en el Reino de Dios, no hay acepción de personas.

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[18]

«Asegúrense de que nadie pague mal por mal, mas bien, esfuércense siempre por hacer el bien, no sólo entre ustedes sino a todos» (1 Tesalonicenses 5:15)

¡Cuánto cuesta hacer el bien! ¡Cuánto cuesta no tomarnos venganza y no devolver mal a quien nos ha hecho mal! ¡Qué importante es llegar a Cristo y ver cambiadas nuestras vidas en lo concerniente a estas carnalidades! Claro… eso cuando verdaderamente hay un cambio y estas cosas son posibles. ¿Y cuándo no existe ese cambio y nuestros comportamientos no difieren demasiado de los incrédulos? ¿Cuándo elaboramos una estrategia de venganza para hacerle pagar duro a aquel que nos ha herido u ofendido? Allí es donde tomaremos conciencia que aún estamos demasiado vivos a la carne, que todavía no tenemos la presencia viviente del Señor en nuestro ser y que la estatura del varón perfecto todavía está demasiado lejos…

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[19]

«Ni se puede enderezar lo torcido, ni se puede contar lo que falta» (Eclesiastés 1:15)

Un hierro torcido se puede enderezar con un buen martillo, golpeando en los sitios específicos y precisos. Una vida torcida, no hay hombre que pueda enderezarla. O lo hace el Señor, o no lo hará nadie jamás. Es indudable que es de esto de lo que se está hablando aquí. Si te falta dinero para hacer alguna compra, cuentas tus moneditas y sabes cuánto te falta. Si lo que no tienes es paz, a eso no puedes contabilizarlo de ninguna manera. Es de eso que se está hablando aquí. Comprende: lo material tiene su valor, tiene su importancia y es necesario para vivir dignamente lo cotidiano. Pero hay asuntos que están mucho más y muy por encima de lo material que componen, lo creas o no, la auténtica base de tu vida. Si lo tienes, estás vivo. Si no lo tienes, aunque nades en la abundancia de cosas materiales, estás muerto.

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[20]

«Obtendremos toda clase de riquezas, con el botín llenaremos nuestras casas» (Proverbios 1:13)

¡Que rara seducción ejerce el apropiarse de lo ajeno! De todos los delitos, el más abundante y al que el hombre parecería ser más proclive, es al del robo. Existe en todas las clases y condiciones sociales. No se lee con certeza la realidad cuando se dice que un mejor Standard económico terminaría con el delito. Quizás con cierta clase de delitos, pero no con el robo. Porque el ladrón tiene una condición interna que va mucho más allá de sus posibilidades. Hay, es cierto, mucha gente que ha salido a robar por necesidad y por hambre, pero créeme que es mucho más la cantidad de personas que diariamente roban por el simple gusto de hacerlo.

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[21]

«Todos dieron su aprobación, impresionados por las hermosas palabras que salían de su boca. ¿No es este el hijo de José? Se preguntaban» (Lucas 4:22)

¿Cómo va a ser un genio si vive a la vuelta de mi casa? ¿Cómo va a ser un hijo de Dios si yo conozco a sus padres y a su familia? Los cristianos estamos mucho más proclives a aceptar cosas divinas y sobrenaturales de los desconocidos que de los que conocemos de años. Sucede con los llamados “predicadores itinerantes”. Es normal que un pastor de un país, predicando en otro, ponga a su iglesia como un modelo perfecto a imitar y copiar. Luego, cuando el pastor anfitrión le devuelva la visita, descubrirá que esa perfección estaba muy lejos de ser cierta. Pero no tendrá mucho tiempo para censurarlo, ya que a su vez, en su mensaje él pondrá, a su vez, a su iglesia como modelo a imitar. Sin embargo, todavía, hoy, la membresía está mucho más dispuesta a aceptar lo que diga un visitante que lo que pueda decir su pastor habitual.

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[22]

«El hombre será humillado, la humanidad doblegada, y abatidos los ojos altivos. Pero el Señor Todopoderoso será exaltado en justicia, el Dios santo se mostrará santo en rectitud» (Isaías 5:15-16)

¿Podría un hombre de carne y hueso suponer que algo que haga, pueda estar por encima de lo que Dios mismo pueda realizar? ¡Sería inconcebible pensar así! ¿No crees? Sin embargo, el diablo ha logrado de tal manera introducir sus engaños maléficos que sí, existen hombres supuestamente encumbrados ministerialmente, que han llegado a convencerse a sí mismos, llevados por la adulación de cristianos inmaduros, que si Dios no está presente en sus reuniones o campañas, mucho no interesa, ya que consideran manejar un grado de poder que les permitirá hacer cualquier cosa aún sin la participación del Señor. Esa es la clase de humanidad que será doblegada y esa es la clase de hombre que será humillado. Naturalmente, siempre será el Dios de todo poder quien será exaltado y se mostrará santo en rectitud.

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[23]

«Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para con ustedes en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:16-18)

Esta es una palabra que no parecería tener demasiados defensores. Muy por el contrario, es una palabra que ha adquirido supuestos teólogos ocasionales que alteran sus contenidos conforme a como les van sus cosas. Estar siempre alegres, es exactamente eso: siempre. No siempre que todo ande bien, siempre. Dar gracias a Dios en toda situación, también es exactamente eso: en toda situación, no en toda buena situación. ¿Te imaginas las cosas por las cuales deberíamos dar gracias sin el menor deseo de hacerlo? Eso sería parte de nuestro sacrificio de alabanza. Orar sin cesar, no es orar de a ratos ni al estilo-flecha. Es orar sin cesar. ¿Y cómo hacerlo si hemos de dormir, comer, descansar? Él no habla de personas individuales, Él habla de su Iglesia como cuerpo aceitado y complementado. Y el cuerpo, si se lo propone, puede orar sin detenerse.

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[24]

«Me puse a reflexionar: aquí me tienen, engrandecido y con más sabiduría que todos mis antecesores en Jerusalén, y habiendo experimentado abundante sabiduría y conocimiento» (Eclesiastés 1:16)

Está bien y muy clara la acotación que sobre este asunto hace Salomón. Porque una cosa es que alguien sea bendecido por sabiduría, pero otra muy distinta es que a esa sabiduría pueda experimentarla en las cuestiones prácticas. La iglesia, hoy día, está llena de teóricos. Cada líder, cada predicador, cada hombre o mujer bien intencionados son, teóricamente, intachables, irreprochables. El problema mayor llega cuando cada una de esas cuestiones teóricas debe ser llevada al terreno de la experiencia práctica, lo que la Biblia llamaría: poner por obra. Y hete aquí que al mundo jamás lo convenceremos con discursos. El mundo tiene ya suficiente discurso. El mundo quiere soluciones prácticas. Y si Salomón las pudo tener, no veo el motivo por el cual tú y yo no lo podamos hacer.

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[25]

«Comparte tu suerte con nosotros, y compartiremos contigo lo que obtengamos» (Proverbios 1:14)

Esto que leemos aquí es, normalmente, lo que conocemos como “códigos del hampa”. La delincuencia mal llamada “profesional”, los tiene. Y entre esos códigos, se encuentra este: el de compartir la suerte con el cómplice, para que luego éste comparta con el individuo lo que obtenga en sus fechorías. Esto también sucede dentro de las organizaciones. Hasta en las más puras en apariencia. Si yo oculto tus errores, tú compartes conmigo tus ganancias. ¿Lo has visto más o menos cerca de tu vida? ¿Lo has visto más o menos cerca de los lugares en que jamás habías soñado verlo? Bien; no has visto nada especial. Has visto, apenas, la prueba de la corrupción del hombre, que de ninguna manera puede ser solucionada por decretos.

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[26]

«Jesús continuó: Seguramente ustedes me van a citar el proverbio: “¡Médico, cúrate a ti mismo! Haz aquí en tu tierra lo que hemos oído que hiciste en Capernaum. Pues bien, les aseguro que a ningún profeta lo aceptan en su propia tierra» (Lucas 4:23-24)

Es notable la forma en que el Señor maneja las cosas y los tiempos. Conozco por lo menos un par de figuras muy prestigiosas, que han brillado por su tremendo don de sanidad, que han causado verdadero impacto y asombro con las curaciones de tremendas dolencias en sus campañas, que no han podido vencer cuestiones mucho más domésticas. A uno de ellos se le murió la madre de cáncer y nada pudo hacer para impedirlo. Había sido factor de sanidad de miles, pero debió enterrar a su amada madre. Otro contrajo una dura enfermedad él mismo y no hubo manera de eludir la muerte. Había sanado a miles y miles de las más duras y tremendas dolencias, pero no pudo sanarse a sí mismo. Porque siempre, suceda como sucedan las cosas, es Dios quien tiene la última palabra. Y no siempre esa palabra es bien codificada por nosotros.

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[27]

«Los corderos pastarán como en praderas propias, y las cabras comerán entre las ruinas de los ricos» (Isaías 5:17)

Esto habla de una palabra profética que tiene que ver con la caída final de los soberbios que se han creído dueños de la religión cristiana. No interesa bajo qué rótulo o credo actúan. No interesa el apellido que agregan a continuación del rótulo de cristianos. Nadie es dueño de Dios. Nadie puede creer que Dios le pertenece estructural y organizativamente. Sigue siendo vigente que Dios es soberano y a eso nadie lo puede evadir. Él seguirá haciendo lo que quiera, como quiera, en el lugar y sitio que quiera y del modo que se le ocurra. Y jamás tendrá que pedir autorización a jerarquía humana alguna para establecer principios o mecanizar doctrinas.

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[28]

«No apaguen el Espíritu, no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno, eviten toda clase de mal» (1 Tesalonicenses 5:19-22)

¿Cómo se apaga el Espíritu? Haciendo cosas que no agradan a Dios y no haciendo las que Dios desea que hagamos. Tomando de la Palabra solamente lo que nos interesa y dejando de lado todo aquello que no nos resulta conveniente. Interpretando según líneas humanas de hermenéutica y desoyendo las auténticas revelaciones que de Él emanan. ¿Cómo se pueden despreciar las profecías? De muchas maneras, pero la más corriente, es menospreciando al profeta porque no figura en los listados de nuestra denominación. ¿Y como someteremos todo a prueba? Con la palabra y con el testimonio. Lo que se vaya fuera de ello, de mal procede.

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[29]

«Me he dedicado de lleno a la comprensión de la sabiduría, y hasta conozco la necedad y la insensatez. ¡Pero aún esto es querer alcanzar el viento!» (Eclesiastés 1:17)

No hay nada que hacerle. Hay ciertos valores esenciales que de ninguna manera han sido puestos para entenderlos o comprenderlos. Han sido puestos allí para vivirlos. Procura entender el amor, procura explicarlo o hablar de él. Sólo si te enamoras, podrás comprender la inmensidad de lo que se siente, aunque al mismo tiempo, sólo te sirva para ti, ya que seguirás sin poder explicárselo a nadie. Con la sabiduría divina sucede lo mismo. Está allí y, en la experiencia práctica, tiene un indiscutible valor. Pero si pretendes que otros conozcan ese valor explicándoselos, pierdes tu tiempo y, como dice Salomón, es como querer alcanzar el invisible, imprevisible y soberano viento.

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[30]

«¡Pero no te dejes llevar por ellos, hijo mío! ¡Apártate de sus senderos! Pues corren presurosos a hacer lo malo; ¡tienen prisa por derramar sangre!» (Proverbios 1:15-16)

Este es un principio válido no sólo para lo literal que marca este texto. Este es un principio válido para todas las actividades de tu vida. ¿Estás en un lugar que supuestamente debería ser santo y no lo es? ¿Haces denodados esfuerzos por cambiar esa situación y no lo consigues? Pues estás equivocándote en el concepto. Estás tratando de conseguir cambios donde hay ceguera, y es evidente que no has terminado de entender como son las cosas. Acá se nos dice que nos apartemos de sus senderos. No se nos dice que procuremos hacerles cambiar de idea; se nos dice que nos apartemos, que nos vayamos. Y eso, una vez más lo reitero, es válido para los actos de la delincuencia que es a lo que se está refiriendo aquí, como para cualquiera de las otras actividades de la vida. Hasta de las espirituales.

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[31]

«No cabe duda de que en tiempo de Elías, cuando el cielo se cerró por tres años y medio, de manera que hubo una gran hambre en toda la tierra, muchas viudas vivían en Israel. Sin embargo, Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una viuda de Sarepta, en los alrededores de Sidón» (Lucas 4:25-26)

Esto te demuestra que un verdadero y genuino hombre de Dios, no maneja personalmente por propia decisión adónde hará centellear ese poder de Dios que fluye a través de su vida. Siempre dependerá de lo que Dios mismo ordene. Porque si fueran los hombres los que deciden, sólo serían sanados o liberados los importantes, los que tienen poder o posibilidades de pagar con creces eso. Pero como es Dios quien lo dispone, si a Él le place que quien reciba su favor y su poder manifestado sea un anónimo que nadie conoce y que la mayoría desprecia, pues así será. El hombre no es dueño del poder, el hombre apenas es portador. Y puede hacerlo real y visible cuando Dios así se lo confirma. De otro modo, el hombre es nadie para que se tenga de él memoria…

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