"Palabra de Vida"

Biblioteca Bíblica en Línea

Ministerio "Palabra de Vida"

Barquisimeto, Estado Lara, Venezuela

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"Cristo es el Camino, la Verdad
 y la Vida".

Estudios, Mensajes, Pensamientos y Reflexiones sobre la Palabra de Dios. 

"Hacia la Salvación de Toda la Humanidad". 

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Palabra del Día

Néstor Martínez

 

Enero 2005

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[01]

Nos gozaremos y alegraremos en ti. (Cantares 1:4)

Nos gozaremos y alegraremos…No abriremos las puertas del año a las lúgubres notas del pesimismo vernáculo, sino a los suaves sonidos del arpa de gozo y a los retumbantes címbalos de alegría. ‘Venid, celebremos alegremente a Jehová, cantemos con júbilo a la Roca de nuestra salud’. Nosotros los llamados, los fieles y los elegidos, ahuyentaremos nuestros pesares y levantaremos nuestras banderas de confianza en el nombre de Dios. Dejemos que otros se lamenten de sus aflicciones, nosotros que tenemos (para echar en el amargo lago de Mara), el árbol que dulcifica, magnificaremos al Señor con gozo. ¡Oh!, Espíritu Eterno, nuestro eficiente Consolador, nosotros que somos los templos en los cuales tú habitas, no cesaremos nunca de adorar y bendecir el nombre de Jesús.

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[02]

Tomen los pueblos nuevas fuerzas. (Isaías 41:1)

Todas las cosas de la tierra necesitan ser renovadas. Ninguna cosa creada puede continuar existiendo por sus propios medios. ‘Tú renuevas la faz de la tierra’, dijo el salmista. Aún los árboles, que no se consumen con ansiedad ni acortan sus vidas con fatiga, tienen que beber la lluvia caída del cielo y absorber los ocultos tesoros del suelo. Los cedros del Líbano que Dios plantó, sólo viven porque días tras día se llenan de la fresca savia que extraen de la tierra. Tampoco la vida del hombre puede sostenerse sin ser renovada por Dios. Como es necesario reparar el desgaste del cuerpo con repetidas comidas, así es necesario reparar el desgaste del alma, alimentándola con la lectura de la Palabra de Dios, con la predicación del evangelio y con la participación de la Cena del Señor. ¡Cuán deprimidos se hallan nuestros dones cuando descuidamos los medios de gracia!

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[03]

Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, haced derechas sus veredas. (Lucas 3:4)

La voz del que clama en el desierto pide un camino para el Señor, un camino preparado, y un camino preparado en el desierto. Yo deseo atender la proclama del Maestro y darle un camino en mi corazón, camino hecho por obra de gracia a lo largo del desierto de mi carácter. Las cuatro direcciones señaladas en el texto merecen mi sincera atención. ‘Todo valle tiene que ser henchido’. Los pensamientos bajos y rastreros acerca de Dios deben ser abandonados; la duda y la desesperación deben ser removidas y los deleites carnales tienen que ser olvidados. De una a otra parte de estos profundos valles tiene que construirse una calzada de gracia. ‘Bajará todo monte y collado’. La altiva presunción y la arrogante justicia propia tiene que ser derribadas para hacer un camino real para el Rey de Reyes.

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[04]

José, pues, conoció a sus hermanos, pero ellos no le conocieron. (Génesis 42:8)

Hoy queremos que el conocimiento que tenemos del Señor Jesús experimente un crecimiento. Será bueno, entonces, considerar un tópico que tiene afinidad con este texto. Es decir: el conocimiento que nuestro celestial José tiene de nosotros. El conocimiento que Jesús tiene de nosotros, fue perfecto mucho antes que nosotros tuviésemos el más insignificante conocimiento de Él. Antes que estuviésemos en el mundo, ya estábamos en su corazón. Cuando éramos sus enemigos, Él nos conoció, y conoció también nuestra miseria, nuestra insensatez y nuestra maldad. Cuando llorábamos amargamente en desesperado arrepentimiento, y lo vimos sólo como un juez, Él nos miró como hermanos bien amados, y sus entrañas suspiraron por nosotros. Él nunca desconoció a sus escogidos, sino siempre los consideró como objetos de su infinito afecto. ‘El Señor conoce a los que son suyos...’

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[05]

Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. (Génesis 1:4)

Aquí notamos la bondad de la luz y la división que el Señor hizo entre ella y las tinieblas. Observemos ahora cómo mira Dios la luz. ‘Vio Dios la luz’. La miró con satisfacción, la contempló con placer, ‘Vio que era buena’. Si el Señor te ha dado luz, querido lector, Él mira esa luz con particular interés, pues no sólo la quiere por ser obra de sus manos, sino porque es semejante a Él que es la luz. Para el creyente es un placer saber que Dios observa con tanto cariño la obra de gracia que Él empezó. Dios nunca pierde de vista el tesoro que colocó en nuestros vasos de barro. Algunas veces nosotros no podemos ver la luz, pero Dios siempre la ve; y es mucho mejor que sea así. Es mejor que el juez vea mi inocencia y no que yo piense que la veo. Es para mí muy agradable saber que soy un componente del pueblo de Dios; pero, aunque no lo supiera, con tal que lo sepa el Señor, estoy fuera de peligro.

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[06]

Y la mano de Jehová había sido sobre mí la tarde antes de llegar el fugitivo, y había abierto mi boca, hasta que vino a mí por la mañana; y abrió mi boca, y ya no más estuve callado. (Ezequiel 33:22)

Quizás se habla aquí de juicio, y, si es así, debo considerar el motivo de esta visita y prestar atención a la disciplina y al que la decreta. No soy el único que es castigado en la noche; debo, pues, someterme con alegría a la aflicción y esforzarme con toda solicitud para sacar provecho de ella. Pero la mano del Señor puede hacerse sentir en otro modo, fortaleciendo el alma y elevando el espíritu hacia las cosas eternas. ¡Oh! Que dicha experimentaría yo si pudiese sentir que el Señor contiende conmigo en ese sentido. El sentido de la divina presencia y de su permanencia en nosotros lleva el alma hacia el cielo como sobre alas de águila. En tales ocasiones nos sentimos llenos hasta el borde de gozo espiritual y olvidamos los cuidados y tristezas de la tierra; lo invisible está cerca y lo visible pierde el poder que tiene sobre nosotros.

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[07]

Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía. (Cantares 4:12)

Observa los delicados títulos con que el celestial Salomón, con intenso afecto, se dirige a su esposa, que es la iglesia. Mi hermana, una de mis allegadas por los vínculos naturales, partícipe de las mismas simpatías. Mi esposa, la más cercana y la más querida, unida a mí por los muy tiernos lazos del amor; mi dulce compañera, parte de mi mismo ser. Mi hermana, por mi encarnación, la cual hace carne de tu carne y hueso de tu hueso; mi esposa, por desposorio celestial, con el cual te he desposado conmigo en justicia. Mi hermana, a quien conozco desde la antigüedad y a quien vigilo desde su temprana infancia; mi esposa, tomada de entre las hijas, sostenida con brazos de amor y mi prometida para siempre. Mira cuan cierto es que nuestro real Pariente no se avergüenza de nosotros, pues él se detiene con manifiesto placer en esta doble relación.

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[08]

¡Oh, si él me besara con besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino. (Cantares 1:2)

Nada da al creyente tanto gozo como la comunión con Cristo. Él goza, como los demás, de las bendiciones comunes de la vida; puede sentir alegría tanto en los dones como en las obras de Dios; pero en ninguna de esas cosas separadamente, ni en todas ellas reunidas, halla un placer tan real como el que halla en la incomparable persona del Señor Jesús. Tiene en él un vino que ninguna viña del mundo podría producir, un pan que ni aún todos los trigales de Egipto podrían presentar. ¿Dónde podríamos hallar la dulzura que hemos gustado en nuestra comunión con el amado? En nuestra consideración, los goces de la tierra son sólo un poco mejores que las algarrobas de los cerdos, si los comparamos con Jesús, el celestial maná. Quisiéramos más bien tener un bocado del amor de Cristo y un sorbo de comunión que todo un mundo lleno de placer carnal.

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[09]

Servid a Jehová con alegría; venid ante su presencia con regocijo. (Salmo 100:2)

El placer en el servicio divino es señal de aceptación. Los que sirven a Dios con rostros tristes, porque hacen lo que les desagrada, no están en realidad sirviéndole, pues ofrecen la forma de la reverencia, pero la vida está ausente. Nuestro Dios no pide esclavos para adornar su trono; él es Señor del imperio del amor y desea que sus siervos se vistan con el uniforme del gozo. Los ángeles de Dios lo sirven con cánticos, no con gemidos; una murmuración o un suspiro serían como una sedición en sus filas. La obediencia que no es voluntaria es desobediencia, pues el Señor mira el corazón; y si ve que lo servimos por la fuerza y no por amor, rechaza nuestra ofrenda. El servicio acompañado de alegría, es servicio de corazón, y, por lo tanto, es verdadero. Quita del cristiano la alegre espontaneidad y habrás quitado la prueba de su sinceridad.

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[10]

Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios. (Job 19:26)

Observa el tema de la piadosa expectación de Job: ‘He de ver a Dios’. No dice: ‘Veré a los santos, aunque, sin duda, eso será inefable felicidad’, sino ‘He de ver a Dios’. No dice tampoco: ‘veré las puertas de perla, miraré los muros de jaspe, contemplaré las coronas de oro’, sino ‘He de ver a Dios’. Esto es la suma y la sustancia del cielo; es la gozosa esperanza de todos los creyentes, para quienes es un placer verle ahora por la fe. A los creyentes les gusta contemplar a Jesús en la comunión y en la oración, y así, viéndolo como él es, serán hechos en todo semejantes a Él. ¡¡Semejantes a Dios!! ¿Qué más podemos desear? ¡¡Una visión de Dios!! ¿Qué cosa superior a esta podemos ansiar? Algunos leen así el pasaje: ‘Sin embargo, he de ver a Dios en mi carne’. Y hallan aquí una alusión a Cristo como ‘el Verbo hecho carne’, y aquella gloriosa contemplación que constituirá el esplendor de los últimos días.

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[11]

Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. (Lucas 22:32)

Que tremendo aliento recibimos al pensar en la incesante intercesión del Redentor a favor nuestro, ¿No crees? Cuando oramos, Él aboga por nosotros; y cuando no oramos, Él defiende nuestra causa y, por sus súplicas, nos protege de los daños invisibles. Observa la palabra de aliento dirigida a Pedro: ‘Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo, pero…’ ¿Pero qué? ¿Acaso: pero ve y ora por ti? Ah, sí; este hubiera sido un muy buen consejo, pero no es lo que hallamos escrito porque el ministerio de Jesús no contaba con consejería tal cual la conocemos hoy. El ni siquiera le dijo: ‘Yo te mantendré alerta y así serás preservado’. Esto hubiera sido una grande bendición. Pero no; lo que le dijo, fue esto: ‘Yo he rogado por ti, para que tu fe no falte’. ¿Qué iglesia será la que enseñó luego que debemos depender de un hombre que es nuestra ‘cobertura’, cuando el mismísimo Jesús dice algo diametralmente opuesto?

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[12]

Espérame un poco, y te enseñaré; Porque todavía tengo razones en defensa de Dios. (Job 36:2)

No debemos buscar publicidad para nuestras virtudes ni para nuestro fervor, pero, al mismo tiempo, es un pecado estar siempre procurando esconder lo que Dios nos ha concedido para bien de otros. Un cristiano no tiene que ser una aldea colocada en un valle, sino ‘una ciudad asentada sobre un monte’. No tiene que ser una lámpara colocada debajo de un almud, sino sobre el candelero, que alumbra a todos. El retraimiento puede ser agradable en su tiempo, y el ocultarse a sí mismo es sin duda signo de modestia, pero el ocultar a Cristo en nosotros nunca puede ser justificado y el retraerse de la verdad que nos es preciosa, es un pecado contra nuestros semejantes y una ofensa contra Dios. Si tienes un temperamento nervioso y una disposición a ser retraído, ten cuidado de no tolerar demasiado esta propensión a temblar, para que no seas inútil en la iglesia.

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[13]

El varón de Dios preguntó: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y lo echó allí, e hizo flotar el hierro. (2 Reyes 6:6)

El hacha parecía estar irremediablemente perdida, y, como era prestada, el prestigio de los hijos de los profetas estaba probablemente en peligro, y, en consecuencia, el nombre de su Dios iba a estar comprometido. Contra lo que se esperaba, el hierro subió de las profundidades del río y nadó, pues lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Amado lector cotidiano de estas palabras de vida, proféticas o de bendición, te pregunto hoy: ¿Qué es lo que en este momento te desespera? ¿Qué asunto grave tienes que resolver hoy? Tráelo aquí. El Dios de los profetas vive, y vive para ayudar a sus santos. Él no permitirá que carezcas de algún bien. ¡Pon tu fe en el Señor de los ejércitos! Acércate a él invocando el nombre de Jesús y el hierro nadará. Verás dentro de poco el dedo de Dios obrando maravillas a favor de su pueblo. ‘Conforme a tu fe te sea hecho’, y aún otra vez el hierro nadará.

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[14]

Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! (Mateo 14:30)

Los siervos del Señor, cuando se están hundiendo, recurren a la oración. Pedro olvidó la oración al emprender su atrevido viaje, pero cuando empezó a hundirse, el peligro lo hizo clamar, y su clamor, aunque se produjo tarde, no se produjo demasiado tarde. En las horas de dolores corporales y de angustia mental, nos sentimos naturalmente llevados a la oración como el náufrago es llevado a la costa por las olas. La zorra corre a su cueva para protegerse; el pájaro vuela al bosque para refugiarse y, de la misma forma, el creyente probado va presuroso al trono de la gracia para hallar seguridad. La oración es el gran puerto de refugio celestial, miles de naves sacudidas por las tormentas hallaron allí un refugio; así que, cuando se acerque alguna tormenta, será prudente que nos dirijamos a ese puerto a toda vela.

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[15]

En pago de mi amor me han sido adversarios; más yo oraba. (Salmo 109:4)

Las lenguas mentirosas estaban ocupadas en manchar la reputación de David, pero él no se defendió, sino remitió su causa a la suprema corte y suplicó delante del gran Rey. La oración es el medio más seguro para responder a las palabras de odio. El salmista no oró fríamente, sino fervientemente; puso en ello toda su alma y todo su corazón, como lo hizo Jacob cuando luchó con el ángel. Así y sólo así tendremos buen éxito ante el trono de la gracia. Así como una sombra no tiene ninguna virtud, porque no hay en ella sustancia alguna, así también la súplica en la que no está presente el corazón agonizando ardientemente y mostrando vehemente deseo, es enteramente ineficaz, pues le falta aquello que le da poder. La oración ferviente, - dice un antiguo teólogo -, es igual a un cañón emplazado frente a las puertas del cielo, a las que hace abrir enseguida.

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[16]

Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, más no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. (Daniel 9:26)

Bendito sea su nombre porque no hay causa de muerte en él. Ni pecado original ni pecado presente lo ha manchado, y, por lo tanto, la muerte no tiene ningún derecho sobre él. Ningún hombre podría haberle quitado la vida con justicia, pues él no injurió a ningún hombre; y ningún hombre podía haberlo matado por la fuerza, si él no hubiese deseado entregarse para morir. Pero, he aquí, uno peca y otro sufre. La justicia fue ultrajada por nosotros, pero halló en él su satisfacción. Ni río de lágrimas, ni montañas de sacrificios, ni mares de sangre de bueyes, ni cerros de incienso hubiesen servido para la remisión de los pecados, pero Jesús fue muerto por nosotros, y la causa de la ira desapareció enseguida, porque el pecado había sido quitado para siempre.

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[17]

Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. (2 Samuel 11:2)

En aquella hora David vio a Betsabé. Nunca estamos decididamente fuera del alcance de la tentación. Tanto en el hogar como fuera de él estamos expuestos a encontrarnos con lo que nos incita a hacer el mal. Empezamos la mañana con peligro y las sombras de la tarde nos hallan aún en él. Los que son guardados por Dios están bien guardados, pero ¡Ay de aquellos que salen al mundo o se atreven a andar por sus propias casas desarmados! Los que piensan estar más seguros son los que están más expuestos al peligro. El escudero del pecado es la confianza en sí mismo. David tenía que haber estado ocupado en llevar a cabo las batallas del Señor, pero, en cambio, se quedó en Jerusalén y se entregó al descanso lujurioso, pues dice el texto que ‘se levantó de la cama a la hora de la tarde’. La ociosidad y la molicie son los chacales del diablo que le consiguen abundante presa.

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[18]

Y comenzando desde Moisés, y siguiendo todos los profetas, les declaraba en todas las escrituras lo que de él decían. (Lucas 24:27)

Los discípulos que iban a Meaux tuvieron un viaje provechoso. El compañero y maestro de ellos era el mejor de los preceptores, el mejor intérprete entre mil, en quien están escondidos todos los tesoros de sabiduría y conocimiento. El Señor Jesús se dignó hacerse un predicador del Evangelio y no se avergonzó de ejercer su vocación ante un auditorio de dos personas, ni rehúsa ahora ser el maestro aún de uno solo. Busquemos la compañía de tan excelente instructor, pues hasta que él no sea hecho para nosotros sabiduría, nunca seremos sabios para la salvación. Este maestro sin rival usó como libro de texto el mejor de los libros. Aunque capacitado para revelarnos nuevas verdades, prefirió exponer la antigua. Él conocía por su omnisciencia cual era la norma de enseñanza más instructiva, y, al dirigirse enseguida a Moisés y a los profetas, nos mostró que el camino más seguro a la sabiduría no es la especulación, el razonamiento o la lectura de libros humanos, sino la meditación de la Palabra de Dios.

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[19]

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las escrituras. (Lucas 24:45)

Jesús, a quien ayer veíamos abriendo las escrituras, lo vemos hoy abriendo el sentido. En la primera obra tiene muchos colaboradores, pero en la segunda permanece solo; muchos pueden llevar a la mente las Escrituras, pero sólo Dios puede preparar la mente para recibirlas. Nuestro Señor Jesús difiere de todos los otros maestros; estos llegan al oído, pero Él instruye el corazón. Ellos tratan con la letra exterior, pero él imparte un gusto interior por la verdad, por el que percibimos su sabor y su espíritu. El más ignorante de los hombres llega a ser un perfecto erudito en la escuela de la gracia, cuando el Señor Jesús, por su Santo Espíritu, le revela los misterios del reino y le concede la divina unción, por la cual lo capacita para contemplar lo invisible.

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[20]

Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino. (Salmo 119:37)

Hay diversas clases de vanidad: el bonete y los cascabeles del payaso, la alegría del mundo, el baile, la lira y la copa del libertino. Los hombres saben que todas estas cosas son vanidades. Ellas ostentan en sus frontispicios sus nombres y sus títulos. Mucho más traicioneras son estas cosas, igualmente vanas: Los cuidados del mundo y el engaño de las riquezas. El hombre puede ir en pos de la vanidad tanto en la oficina como en el teatro. Si emplea su vida en acumular riquezas, entonces está pasando su vida en una vana función. A menos que sigamos a Cristo y hagamos de nuestro Dios el gran objeto de nuestra vida, sólo en apariencia nos distinguimos de los más frívolos. Esto nos muestra que tenemos mucha necesidad de la primera oración de nuestro texto: ‘aparta mis ojos que no vean la vanidad’.

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[21]

Y teniendo gran sed, clamó luego a Jehová, y dijo: Tú has dado esta grande salvación por mano de tu siervo; ¿Y moriré yo ahora de sed, y caeré en mano de los incircuncisos? (Jueces 15:18)

Sansón estaba sediento y a punto de morir. La dificultad era diferente de todas las que el héroe había afrontado antes. Procurar meramente que la sed sea mitigada no es nada en comparación con la enorme empresa de librarse de mil filisteos; pero, cuando la sed lo acometió, Sansón sintió que aquella leve dificultad era más gravosa que las grandes dificultades anteriores, de las cuales había sido tan singularmente librado. Cuando el pueblo de Dios ha logrado una grande victoria es muy común que halle después muy penosa cualquier insignificante aflicción. Sansón mató a mil filisteos y los apiló en montones, y, después desfallecía por un poco de agua. Jacob luchó con Dios en Peniel y venció a la misma Omnipotencia, y, después, ‘cojeaba de su anca’. Querido hijo de Dios: si después de gozar de una gran bendición te sientes muy abatido, no creas que tu caso es inusitado.

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[22]

Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? (Job 1:9)

Esta es la perversa pregunta de Satanás tocante a este hombre recto de la antigüedad, pero hay muchos hoy en cuanto a quienes se puede con justicia formular esta pregunta, pues aman a Dios por costumbre, porque Él los prospera; pero si las cosas les fueran mal, abandonarían toda la fe en Dios de la que hacen alarde. Si pueden ver claramente que, desde el momento de su supuesta conversión, el mundo los ha prosperado, entonces seguirán amando al Dios en una pobre forma carnal, pero si tienen que hacer frente a la adversidad, entonces se rebelan contra el Señor, El amor de los tales es el amor a la comida, no al que les da alojamiento; un amor a la despensa, no al dueño de casa. El verdadero cristiano espera recibir su galardón en la vida venidera, y, en este mundo, espera lo que venga conforme a la voluntad de Dios, así sean durezas. La promesa del antiguo pacto, era prosperidad, pero la promesa del nuevo pacto, es adversidad.

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[23]

Atráeme; en pos de ti correremos. El rey me ha metido en sus cámaras; nos gozaremos y alegraremos en ti; nos acordaremos de tus amores más que del vino; con razón te aman. (Cantares 1:4)

Jesús no permitirá que su pueblo olvide su amor. Si todo el amor que su pueblo ha gozado fuese olvidado, Él lo visitaría con nuevo amor. ‘¿Olvidas mi cruz?’ – dice Él – ‘Yo te la haré recordar; pues en mi mesa me manifestaré a ti otra vez. ¿Olvidas lo que hice por ti en el consejo secreto de la eternidad? Yo te lo recordaré, porque tú necesitarás un consejero, y me hallarás pronto a tu llamado.’ Las madres no dejan que sus hijos las olviden. Si el hijo se ha ido a otro país y no le escribe ni siquiera una carta, su made sí lo hace y le pregunta: ¿has olvidado a tu madre? Entonces llegará una amable respuesta que demostrará que la suave advertencia no ha sido en vano. Así es con Jesús, Él nos dice: ‘Recuérdame’; y nuestra respuesta es: ‘Nos acordaremos de tus amores.’

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[24]

Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿No te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. (Lucas 10:40)

Su falta no consistió en que ella servía: la condición de siervo le sienta bien a todo cristiano. Pese a que existe bíblicamente una escala donde el siervo ocupa el primer escalón, previo al amigo y al hijo, el ‘Yo sirvo’ debiera ser una especie de lema para todos los príncipes de la real familia del cielo. Su falta tampoco consistió en que ella desempeñase muchos servicios. Nunca podemos hacer demasiado. Hagamos todo lo que nos es posible; que la mente, el corazón y las manos estén ocupadas en el servicio del Maestro. Tampoco consistió su falta en que estuviera ocupada en la preparación de una fiesta para el Maestro. ¡Dichosa Marta, que tuvo oportunidad de agasajar a tan bendito huésped; y dichosa, también, porque tuvo el valor de poner toda su alma, tan sinceramente, en tal ocupación!

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[25]

¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley. (Romanos 3:31)

Cuando el creyente es adoptado en la familia de Dios, su relación con el viejo adán y con la ley cesan enseguida, pero entonces está bajo una nueva autoridad y un nuevo pacto. Creyente, tú eres un hijo de Dios; tu primer deber es obedecer a tu Padre celestial. No tienes nada que ver con un espíritu servil, no eres un esclavo sino un hijo, y ahora, puesto que eres un amado hijo, estás obligado a obedecer el más insignificante deseo de tu padre, la más leve insinuación de su voluntad. ¿Te manda a cumplir un sagrado mandato? Es peligroso que lo desatiendas, pues desobedecerías a tu Padre. ¿Te ordena que procures parecerte a Jesús? ¿No te gozas en hacer esto? ¿Te dice Jesús: ‘Sed perfecto como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto?’ Entonces no porque la ley lo ordene sino porque tu Salvador te lo manda, debes esforzarte por ser perfecto en santidad.

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[26]

Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. (Lucas 2:18)

No debemos cesar de admirarnos de las grandes maravillas de Dios. Sería muy difícil trazar una línea divisoria entre una admiración santa y una adoración real; porque cuando el alma está anonadada con la majestad de la gloria de Dios, aún cuando no pueda expresar esa majestad con canto, ni aún hacerlo con la cabeza inclinada, en humilde oración, sin embargo, esa alma adora silenciosamente. Nuestro Dios encarnado debe ser adorado como el Admirable. Que Dios tenga consideración de sus caídas criaturas, y, en lugar de barrerlas con la escoba de la destrucción, se encargue de ser su Redentor y pague el precio de su rescate, es, en verdad, maravilloso para el creyente.

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[27]

Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. (Lucas 2:19)

Aquí tenemos en actividad tres facultades de esta bendita mujer: su memoria: ella guardaba todas estas cosas: afectos: las guardaba en su corazón; su intelecto: las confería. De modo que la memoria, los afectos y el entendimiento, todo estaba ocupado en las cosas que ella había oído. Amado: recuerda lo que has oído de tu Señor Jesús, lo que ha hecho Él por ti; después haz de tu corazón el vaso de oro del maná para preservar el memorial del pan del cielo del cual te has alimentado en los días pasados. Deja que tu memoria atesore todas las cosas acerca de Cristo que tú hayas sentido, conocido o creído, y entonces deja que tus apasionados afectos lo retengan para siempre. ¡Ama a la persona de tu Señor! Trae el vaso de alabastro de tu corazón, aunque esté quebrado, y deja que todo el precioso ungüento de tu afecto corra sobre sus taladrados pies.

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[28]

Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho. (Lucas 2:20)

¿Cuál era el motivo de su alabanza? Alababan a Dios por lo que habían oído: por las buenas nuevas de gran gozo de que un Salvador les había nacido. Imitémoslos; levantemos nosotros también un canto de acción de gracias por haber oído de Jesús y de su salvación. También alababan a Dios por lo que habían visto. Hay una música más melodiosa: lo que hemos experimentado, lo que hemos sentido en nosotros, lo que nos hemos apropiado; ‘las cosas que hemos hecho tocante al Rey’. No es suficiente oír acerca de Jesús. El mero acto de oír puede afinar el arpa, pero son los dedos de la fe viva los que producen la música. Si has visto a Jesús con la visión de la fe que da Dios, no consientas que las telarañas estén entre las cuerdas del arpa, sino, en alta voz, para alabanza de la soberana gracia, despierta tu salterio y tu arpa.

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[29]

Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde; y he aquí que traía una hoja de olivo en el pico; y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra. (Génesis 8:11)

Bendito sea el Señor por este otro día de gracia, aunque esté yo ahora fatigado con sus afanes. Al preservador de los hombres elevó mi canto de gratitud. La paloma no halló descanso fuera del arca y, por lo mismo, volvió a ella; y mi alma conoció hoy más plenamente que nunca que no hay satisfacción en las cosas terrenales. Sólo Dios puede dar descanso a mi espíritu. Mis negocios, mis posesiones, mi familia, mis conocimientos, todo está bien en su lugar, pero esas cosas no pueden satisfacer los deseos de mi naturaleza inmortal. ‘Vuelve a tu reposo, ¡Oh! Alma mía, pues el Señor te ha tratado generosamente’. Fue en la hora de reposo, cuando las puertas del día se cerraban, que, con las alas fatigadas, la paloma volvió a su dueño. ¡Oh! Señor, capacítame hoy mismo, ahora mismo, para volver a Jesús.

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[30]

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad. (Efesios 1:11)

Cuando Jesús se dio a sí mismo por nosotros, nos otorgó sus derechos y privilegios, de modo que aunque, como eterno Dios, tiene derechos esenciales que ninguna criatura puede aventurarse a pretender, sin embargo, como Jesús, el Mediador, la Cabeza representativa del pacto de gracia, tiene una gerencia común con nosotros. Todos los gloriosos resultados de su obediencia hasta la muerte son posesiones comunes de todos los que están en él, en cuyo beneficio él cumplió la divina voluntad. Mira, Jesús entra en la gloria, pero no sólo por sí mismo, pues está escrito: ‘Donde entró por nosotros como precursor’ ¿Está en la presencia de Dios? Sí, lo está, ‘para presentarse por nosotros’. Considera esto, creyente. En ti mismo, no tienes derecho para ir al cielo; tu derecho está en Cristo.

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Más él respondió: sea como fuere, yo correré. Entonces le dijo: corre. Corrió, pues, Ahimas por el camino de la llanura, y pasó delante del etíope. (2 Samuel 18:23)

Correr no es todo; hay otras cosas en el camino que hemos elegido. El que corre velozmente por los valles y montañas no avanzará más que el viaje lentamente por un camino llano. ¿Cómo va mi viaje espiritual? ¿Estoy subiendo fatigosamente el collado de mis propias obras y descendiendo por las barrancas de mis humillaciones y resoluciones o corro por el camino llano de ‘Cree y vive’? ¡Cuan bienaventurado es esperar en el Señor por fe! El alma corre sin cansancio y marcha sin fatiga por el camino de la fe. Jesucristo es el camino de la vida, un camino llano, placentero, apropiado para los pies vacilantes y para las rodillas débiles de los temblorosos pecadores. ¿Me hallo yo en este camino o estoy ansiosamente buscando otra senda como la que me promete la superchería o la metafísica?

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Dic-04 < ir al calendario > Feb-05

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