Desarrollo Cristiano

Devocional de Hoy

DICIEMBRE 23, 2004
Un evento sin igual, Parte III
No hace falta que elaboremos proyectos para producir cambios en nuestras vidas, pues tenemos abundancia de instrucciones divinas para nuestro camino.
 
Reflexiones sobre el nacimiento del Cristo

Repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios y decían: «¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!» Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido y que el Señor nos ha manifestado.» Lc 2. 12-15 (contexto 2.12-20)

 

En las grandes celebraciones y eventos en la tierra la mayoría de las personas no son más que espectadoras. Aunque puedan disfrutar por un momento del festejo, el suceso rara vez afecta el curso de sus vidas. En el anuncio que Dios comparte con los pastores, sin embargo, vemos que esta celebración tiene un significado de peso para la vida de cada una de las personas que participa de ella. El coro celestial proclama, a viva voz, el deseo más profundo del corazón del Padre hacia la humanidad, que es la de restaurar el estado de paz en la creación.

Es esta intención la que permite a los ángeles declarar que existe, de parte del Altísimo, «buena voluntad» hacia todos los hombres. Esta frase denota que la esencia de todo acción divina tiene un solo objetivo: hacerle bien a los receptores de dicha acción. Esta convicción debe ser uno de los fundamentos que sostiene la vida espiritual de aquellos que caminamos con el Señor, aún cuando nos encontramos en medio de las más feroces tormentas. La certeza de que el corazón de nuestro Padre celestial es bondadoso y que busca solamente nuestro bien es la que permitirá que no caigamos en la más profunda desesperación cuando nos toca transitar por momentos de angustia personal.

Observe la disposición de los pastores. Decidieron actuar conforme a la Palabra que habían recibido de parte del Señor. Es esta la respuesta que el Señor espera de cada uno de sus hijos cuando él les habla. No se agrada de que escuchemos su palabra para continuar en la vida como si nada hubiera pasado. No nos hace partícipes de sus planes simplemente para que estemos informados de lo que está haciendo. La revelación de su verdad tiene como objetivo el producir en nosotros un cambio de rumbo. Por esta razón una de las frases más preciosas que adorna la vida de los grandes héroes de la fe es esta: «E hizo todo lo que se le había mandado, conforme a la Palabra que Jehová le había dado.»

En esta época de buenos deseos y nuevas resoluciones, que bueno que podamos recordar que no hace falta que elaboremos proyectos para producir cambios en nuestras vidas. Más bien tenemos abundancia de instrucciones divinas para nuestro camino, y es a ellas que debemos prestar atención. Si disponemos en nuestros corazones el alinear nuestras vidas con la verdad eterna de nuestro buen Padre celestial de seguro comenzaremos a disfrutar de su buena voluntad hacia nosotros. El nacimiento del Cristo nos recuerda que el Señor está de nuestro lado y busca, con pasión, la forma de participar de nuestra vida.

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