La ecología y la esperanza bíblica
""Las Sagradas Escrituras nos dejan un mensaje de esperanza. La naturaleza es la creación de Dios y El no permitirá su destrucción". Reflexión del Pastor Jorge A. León."
La ecología es una ciencia nueva, surge ante la
creciente necesidad de encontrar soluciones a los problemas que crea
al hombre el desarollo de sus técnicas. En pocas palabras podriamos
definir a la ecología como la ciencia que se ocupa del estudio de
los seres vivos en su relación con su ambiente natural.
Los
seres vivos, animales y plantas, funcionan juntos y en armonía con
las cosas inanimadas, sin vida, de las cuales se nutren. Los
ecólogos llaman ecosistema a esta relación armoniosa e
interdependiente entre la materia muerta y la viva. Se forman ciclos
cerrados de interdependencia que han sido denominados ciclos
ecológicos. El ciclo ecológico se establece dependiendo de los
ciclos naturales.
La naturaleza ha sido creada por un Ser
inteligente, de ahí el orden que en ella hay y la razón de ser de
cada uno de los elementos que la constituyen. Por eso, al ocuparnos
de La ecología y la esperanza bíblica voy a utilizar como materia
prima para la elaboración de este mensaje tres elementos
fundamentales: 1.- La inspiración divina, 2.- El libro que sirve de
fundamento a nuestras reflexiones ecológicas, 3.- El ser humano ante
la naturaleza.
El equilibrio ecológico depende, pues, de la
interacción entre: El Dios Creador, el hombre señor de la creación y
los elementos de la naturaleza.
La inspiración
divina:
Los cristianos consideramos a la Biblia como un
libro inspirado por Dios. Pero aclaramos que no debemos confundir
inspiración con infalibilidad verbal. No hay razón para suponer que
los autores bíblicos perdían su identidad al ser absorbidos -por lo
menos temporalmente- por Dios al recibir Su inspiración. Dicho de
otra manera, no estaban en estado de "trance" cuando recibían la
inspiración divina.
Veamos algunos ejemplos bíblicos. Lucas,
en el prólogo de su evangelio, nos dice que él escogió el método
para escribir la vida y obra de Jesús. La personalidad de San Pablo
tampoco fue anulada por la acción divina cuando dice a las gálatas:
"Con Cristo estoy juntamente crucificado y no vivo ya yo sino que
vive Cristo en mi" (2:24). Por el contrario, al decir esas palabras
se encuentra en el apogeo de su obra misionera.
La Biblia ha
sido divinamente inspirada, pero no es un libro de ciencia. Las
Sagradas Escrituras son la expresión concreta de la fe histórica. La
interpretación del mundo en que vivimos se logra en la Biblia
mediante un lenguaje simbólico. Si la Biblia no tuviera ciertos
elementos de misterio, perdería su función más importante, la de
alimentar la fe. Por lo tanto, no es correcto utilizarla como base
de sustentación de teorías científicas. Lo cual no implica que el
relato bíblico de la creación no sea verdadero. Se podría establecer
cierto paralelismo entre el relato del Génesis y algunas teorías
científicas sobre la formación de nuestro planeta y sistema solar,
pero esto significaría sacarle a la Biblia su función fundamental
que es alimentar la fe.
El libro que sirve de fundamento
a nuestras reflexiones ecológicas
En un lenguaje muy
particular, producto de una cultura muy diferente a la nuestra, el
autor del libro del Génesis presenta, en una forma dramática, la
experiencia religiosa del creyente, según la cual la naturaleza y el
hombre tienen su origen en Dios, quien ama su creación y por tanto
la sustenta.
En dicho libro encontramos dos relatos
complementarios entre si. En el primero se presta mayor atención a
la totalidad de la creación, apareciendo el ser humano al final.
(Capítulo I). El segundo se refiere fundamentalmente a la creación
del hombre, colocándolo en una relación especial con la naturaleza.
(Capítulo 2). En ambos relatos Dios es un ser espiritual,
todopoderoso y sabio que crea algo diferente y separado de si mismo;
y crea al hombre para que cumpla una función especial con el medio
ambiente.
El primer relato se refiere a seis períodos de
tiempo -definidos por la palabra dia- en los cuales Dios va
realizando progresivamente su obra. Según este relato Dios actúa
como si fuera un constructor, comienza por los cimientos y va
entrelazando unos elementos con otros hasta terminar el edificio.
Los días no son necesariamente períodos de veinticuatro horas. Cada
uno de estos períodos posiblemente duró millones de años. La Biblia
misma nos dice: "Mil años delante de tus ojos son como el dia de
ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche" (Salmo
90:4). Debemos aclarar que no es la intención del salmista
establecer una equivalencia entre el tiempo de Dios y el nuestro.
Sólo señala la existencia de una diferencia entre ambos.
El
relato comienza con una afirmación de fe: "En el principio creó Dios
los cielos y la tierra". Nótese que lo que se designa como "cielo",
es decir, lo que no es nuestro mundo, fue creado antes que la
tierra. Dice el relato bíblico: "Y la tierra estaba desordenada y
vacía". El simbolismo del versículo segundo parecería indicar que
los océanos estaban fuera de nuestro mundo: "en el cielo". Esto
parecería indicar que había nubes tan gruesas que impedían la
penetración de los rayos del sol. Luego, "las tinieblas estaban
sobre la faz del abismo". En este período de la creación se produce
la separación de la luz y las tinieblas, para que cada una pueda
cumplir su función en el proceso ecológico que va a ser montado;
teniendo como base la separación de la noche y el dia con todas sus
consecuencias: Calor o frío, trabajo o descanso, vida o muerte, para
todos los vegetales y animales que aparecerían después.
¿Es
posible explicar este relato? No es fácil, pero lo intentaremos. Si
suponemos que el "cielo", es decir, lo no tierra, fue primero,
podemos suponer que al principio nuestro planeta formó parte de ese
cielo. Si la tierra originalmente formó parte del sol debió estar
muy caliente. Sabemos que en la superficie del sol hay una
temperatura de alrededor de cinco mil grados centígrados. Al
separarse del sol la tierra debió enfriarse, pero todavía no existía
el agua. Sabemos que este líquido precioso está formado por dos
gases hidrógeno y oxígeno. Pero éstos no pueden combinarse a
temperaturas mayores a quinientos grados centígrados. Luego la
tierra debió enfriarse mucho para que pudieran formarse las aguas
-en los cielos como sugiere el Génesis- y caer sobre la tierra.
En el segundo período de tiempo se logra que el firmamento
mantenga separadas las aguas y se produce la distinción entre la
tierra y el cielo como su contrapartida, que como sabemos influye
sobre lo que ocurre en nuestro planeta.
En el tercer período
se produce la separación de la tierra y los mares. En la tierra seca
aparece la vegetación y ésta a su vez produce el alimento para todos
los seres vivientes que han de poblarla después.
a) Es
posible que durante mucho tiempo el oxígeno existió sólo en el agua
y en la corteza terrestre, pero no en la atmósfera, ya que se
precipitó todo, al mezclarse con el hidrógeno para formar el agua.
Esto explica por qué fue necesario que primero surgiera la vida
vegetal. El oxígeno existe en la tierra en un gas llamado bióxido de
carbono. También en el agua. Las plantas se alimentan del carbono y
liberan el oxígeno que necesitan las plantas. Por la maravilla de la
creación de Dios el carbono y el hidrógeno, que está en el agua,
hacen posible que las plantas puedan alimentarse de si mismas
-aprovechando los rayos del sol- y producir suficiente alimento para
los animales.
b) Se produce una maravillosa interacción
ecológica: Los animales producen bióxido de carbono que las plantas
necesitan y éstas liberan el oxígeno que necesitan los animales.
En el cuarto período aparecen el sol y la luna. El relato no
explica cómo es posible la luz y el calor, en el primer período,
antes de la existencia del sol. Quizás una buena explicación sería
que en éste último período la atmósfera se hizo más transparente
debido al completamiento de la caída de las aguas sobre la tierra,
haciendo entonces visible lo que en el simbolismo bíblico se designa
como "la lumbrera mayor para que señorease en el dia y la lumbrera
menor para que señorease en la noche...también las estrellas" (Gen.
1:16).
En el quinto período, o quinto dia, se produce la
vida animal que tiene su origen en el agua. Las tres cuartas partes
de nuestro planeta están cubiertas por las aguas y es allí
precisamente donde se aparece la vida animal.
En el sexto
período la tierra es poblada por animales; primero los reptiles,
otros animales después, y por fin es creado el ser humano, a imagen
y semejanza de Dios, para ser el señor de la creación como
representante del Creador.
El relato del capítulo segundo
del Génesis es un complemento de las ideas presentadas en el
primero. Amplía la información sobre el ser humano y su relación con
el medio ambiente. Este capítulo es mucho mas importante desde el
punto de vista ecológico. El huerto del Edén ocupa un lugar central.
No se enfatiza la labor dominadora del hombre sobre su medio
ambiente. Su tarea consiste, mas bien, en conservar y cuidar la
creación que Dios ha puesto a su disposición.
El ser
humano ante la naturaleza
El hombre y la naturaleza han
sido creados como partes de un mismo proceso. El hombre es la corona
de la creación y el culpable de su necesidad de redención. El tercer
capítulo del Génesis nos presenta el relato de la caída del hombre.
En una imagen dramática nos presenta al ser humano optando por la
desobediencia a Dios. Por este medio pretende ganar su libertad
frente a Dios y se convierte en esclavo de sí mismo. El relato de la
caída del hombre no es fácilmente comprensible, me limitaré a
compartir un par de ideas al respecto.
a) La verdad que nos
viene revelada en este relato está expresada en formas de
comunicación que corresponden a una época muy primitiva. La
revelación no puede expresarse sino en los términos de la cultura de
un momento histórico determinado.
b) La verdad del relato
bíblico se ve comprobada por la realidad de que el hombre, a pesar
de ser la corona de la creación, tiene conciencia de ser incompleto,
de que le falta algo. Cuando el hombre honesto se da cuenta de la
distancia que existe entre lo que es y lo que debería ser, suele
sentir una profunda angustia existencial que le conduce a buscar en
Dios el perdón y el completamiento de su condición humana segun el
modelo que Dios nos ha dado en la persona de Jesucristo.
La
mayoría de los problemas ecológicos que encaramos hoy son el
resultado del egoismo y de la avaricia de los hombres. Se procura
sacar el máximo de provecho en el presente, sin tener en cuenta el
daño que se ocasiona al medio ambiente para las generaciones
futuras. El hombre es golpeado por su propia agresión a la
naturaleza. Tenemos muy cerca, sobre la Antártida Argentina, un
agujero en la capa de ozono, que es el escudo protector que Dios ha
colocado contra los rayos ultravioletas. Un agujero que se agranda
cada vez más creando incalculables peligros para todos los seres
vivientes.
Muchas buenas intenciones humanas han resultado
sumamente dañinas. En su afán por obtener mayor cantidad de
alimentos para la creciente población de nuestro planeta, el hombre
ha producido la ruptura del equilibrio ecológico. Ayer, muchas
chimeneas echando humo era un signo de prosperidad. Hoy, las mismas
chimeneas crean inquietud y preocupación. Si bien es necesario el
desarrollo industrial, la contaminación del aire afecta a todos. De
igual manera han sido contaminadas las aguas de los ríos, lagos y
mares por los desechos de las plantas industriales.
Cuando
se piensa en la situación del hombre actual toman mayor importancia
las palabras bíblicas con relación a las consecuencias para la
naturaleza de la caída del hombre: "Y al hombre dijo: ....maldita
será la tierra por tu causa" (Génesis 3:17). Esto quiere decir que
el pecado afecta todas las relaciones del hombre: Con Dios, consigo
mismo, con el prójimo y con la naturaleza.
El pecado no
anula totalmente la imagen de Dios en el hombre. Esta realidad le ha
permitido actuar como señor de la creación, siendo al mismo tiempo
un ser caído.
Igualmente la naturaleza no ha quedado
completamente deteriorada. Sigue gobernada por las mismas leyes que
Dios estableció en la creación:
a) "Mientras la tierra
permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frio y el calor,
el verano y el invierno, el dia y la noche" (Génesis 8:22).
b) A pesar del pecado del hombre que la afecta, la
naturaleza sigue dando testimonio de Dios: "Si bien no se dejó a sí
mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y
tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros
corazones" (Hechos 14:17).
c) Además, la naturaleza da
testimonio de su creador invisible, por esa razón el incrédulo no
tiene excusa:
"Porque las cosas invisibles de él, su eterno
poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del
mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que
no tienen excusa" (Romanos 1:20).
La Biblia no explica por
qué Dios impone una penalidad que parecería corresponder sólo al ser
humano. Sencillamente presenta la realidad de que es imposible
dividir el orden de la creación en sectores independientes entre sí.
Hay unidad en el universo, por lo tanto las tensiones surgidas en un
sector afecta al resto de la creación, inevitablemente.
Pero
existe un rayo de esperanza, tanto para el hombre como para el resto
de la creación, todo será redimido en Jesucristo:
a)
"Nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra
nueva, en los cuales mora la justicia" (II Pedro 3:13).
b)
"Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la
manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada
a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la
sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada
de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos
de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una
está con dolores de parto hasta ahora; y no solo ella, sino que
también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu,
nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la
adopción, la redención de nuestro cuerpo" (Romanos 8:19-23).
Conclusiones
Las Sagradas Escrituras nos
dejan un mensaje de esperanza. La naturaleza es la creación de Dios
y El no permitirá su destrucción.
No obstante hay tres
preguntas que son válidas: ¿Cuándo se producirá esa redención
divina? ¿Cuál es la relación que debe existir entre la redención de
la naturaleza, como obra divina, y nuestros esfuerzos por mejorar el
medio ambiente? ¿Qué puede hacer la Iglesia para crear conciencia en
el pueblo sobre los peligros, para toda la humanidad, de las
consecuencias del pecado del hombre? Estas preguntas, y otras que
podrían añadirse, son buenas para estimular el diálogo en el ámbito
de la Iglesia y fuera de ella.
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2002
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